La explosión de la cultura snack (con todos los barbarismos que ella implica y que analizo en el libro: brevedad, miniaturización, fugacidad, fractalidad, fragmentación, remixabilidad, infoxicación, movilidad, velocidad) podría considerarse el caldo de cultivo de una forma cultural “original” que emerge de la nueva ecología mediática. La fragmentación y velocidad del videoclip, que tanto sorprendía a los analistas e intelectuales en las últimas décadas del siglo XX, era solo la antesala de una textualidad que está llevando el culto de la brevedad hasta sus últimas consecuencias. La cultura snack, desde esta mirada, se presenta como un espacio aún más enloquecido, recombinatorio y acelerado que deja atrás la época dorada de la neotelevisión y anuncia una nueva configuración cultural. La cultura snack como algo que viene después (after) del postmodernismo (afterpost). La metáfora líquida, con todo el respeto que me merece el planteo de Bauman, ya no basta: los nanocontenidos (y nosotros con ellos) salen disparados como moléculas en estado gaseoso y chocan entre sí formando una interminable carambola textual.
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