Lo inquietante no es que exista una tecnología capaz de colaborar con el pensamiento. Lo inquietante es que la cultura escolar contemporánea parezca haber encontrado en ella el socio perfecto para radicalizar una lógica que ya venía incubándose desde hace décadas: la del rendimiento sin espesor, la de la evidencia sin experiencia, la del producto sin travesía. La IA no inventó la obsesión por la eficiencia ni la ansiedad por entregar. No creó la pedagogía del cumplimiento ni la tiranía del output. Pero las volvió impecables. Allí donde el sistema educativo ya había comenzado a privilegiar el resultado visible sobre la formación invisible, la inteligencia artificial introdujo una forma casi sin fricción de tercerización cognitiva.
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Los invito a leer este interesante artículo de José A. Hidalgo. En él se justifican varios de los planteamientos expuestos en mi libro: Soberanía Cognitiva: Más allá de la ilusión de aprendizaje con IA (2026). Lo más interesante es cómo Anthropic experimentó con la Taxonomía de Bloom para detectar qué niveles pueden ser igualados o superado por su modelo Claude. En los comentarios, les comparto el estudio que hice con Gemini para detectar lo que su modelo puede realizar en cada uno de los niveles de la Taxonomía de Bloom...