El concepto de descarga cognitiva (cognitive offloading) tiene una trayectoria larga en la investigación psicológica. Risko y Gilbert (2016) lo definieron como el uso de ayudas externas para realizar tareas cognitivas. No es nuevo: usamos agendas para no memorizar citas, calculadoras para no operar mentalmente, correctores ortográficos para no revisar cada palabra. Hasta aquí, nada preocupante.
¿Qué cambia con la IA generativa? La escala y la profundidad de lo que puede delegarse. Ya no descargamos operaciones mecánicas, sino procesos que implican juicio, interpretación y síntesis. Un modelo de lenguaje puede generar retroalimentación personalizada, diseñar rúbricas, redactar objetivos de aprendizaje o evaluar la coherencia argumentativa de un ensayo. Todas estas son tareas que, cuando el docente las realiza, activan un conocimiento pedagógico situado que no existe en ningún otro momento de la práctica profesional.
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Fernando Santamaría presenta el concepto de Delegación Cognitiva: Cuando un docente utiliza la automatización de la IA para dejar de pensar. El uso de la tecnología para adjuntar los entregables, aceptar los resultados y enviar las calificaciones. El resultado: Falsa ilusión de competencia docente. El profesor utiliza la IA para evaluar el trabajo entregado por parte del estudiante con la ayuda de la IA. Esto representa un malpractice docente por automatizar el proceso de evaluación sin leer el trabajo entregado, sin detectar errores conceptuales, sin visualizar las conecxiones mentales y sin saber quiénes se quedaron atascados en su proceso de aprendizaje.