Cristóbal Cobo reflexiona sobre los desafíos que la IA presenta para los docentes. Señala que la incorporación de la IA no debería ser vista como una solución tecnológica inmediata, sino como un proceso que debe ser supervisado y evaluado críticamente. En este contexto, advierte que un cambio educativo impulsado únicamente por la IA podría ser riesgoso, ya que «cuando el sistema educativo se actualice, la IA habrá evolucionado hacia algo distinto».
En cuanto a las políticas educativas, Cobo es escéptico de que el modelo educativo deba cambiar exclusivamente por la aparición de la IA. Considera que los cambios deben responder a necesidades más profundas, como el acompañamiento de procesos cognitivos transformadores y el desarrollo de habilidades para enfrentar un mundo en el que las máquinas toman decisiones con nosotros. La reflexión final es que, si bien la IA tiene un gran potencial, su integración en la educación debe ser cuidadosamente pensada y acompañada de una reflexión crítica sobre sus implicaciones éticas y sociales.
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Nos preocupa que la IA se use en Educación sin suficiente cautela. Vemos potencial, sí, pero la evidencia todavía es imperfecta y parcial. También nos inquieta qué significa “crear” cuando una parte (o la totalidad) del trabajo la hace una máquina. Nos preocupa que la evaluación se tercerice/delegue y pierda rigor, o que la tecnología acabe sustituyendo el criterio docente en lugar de apoyarlo. Nos genera dudas introducir estas herramientas demasiado pronto, sin que el alumnado tenga una mirada crítica y ética bien formada. Y, en un contexto donde la IA puede simular voz e imagen, nos preocupan los sesgos, la desinformación, el plagio y la sobreconfianza tecnológica (Cristóbal Cobo, 2026).