"Es lo que pudimos construir. El anhelo es tener un espacio para hacer talleres de lectura, pero ante la incertidumbre de la tierra no volvimos a impulsar el proyecto para obtener recursos", contó a LA NACION Lelia García, docente de la Escuela Primaria Nº 71 y presidenta de la biblioteca.
El contenedor tiene una prolija distribución de estanterías rebosantes de libros con el máximo aprovechamiento del reducido espacio, una mesa para recibir a tres chicos por vez y la computadora de la administración. No hay espacio para hacer talleres ni otra actividad grupal.
La ubicación no es casual. Ubicar la biblioteca en la plaza con una cesión de uso dada por la municipalidad permitió alentar el paso de los chicos que a veces juegan a la pelota y se les ocurre golpear la puerta para leer algún libro. En verano colocan sillas afuera para que alguna vecina se sume a la lectura mientras sus hijos juegan al aire libre.
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