Cruzada contra el lenguaje retorcido de la ley, los contratos y los prospectos | El País
Varias asociaciones lamentan la falta de claridad de los documentos más importantes para la ciudadanía y piden reescribirlos de forma sencilla. El Congreso y las Administraciones locales impulsan reformas en este sentido.
Para respetar la ley, primero hay que entenderla. Sencillo, en teoría: basta leerla. Pero en la práctica las dificultades se multiplican. Formulaciones enrevesadas, términos técnicos, alusiones a otras normativas o párrafos infinitos pueden desanimar incluso al ciudadano más voluntarioso. El sector privado tampoco se muestra más claro: cualquiera que haya firmado un contrato con bancos, compañías telefónicas o de seguros sabe que comprenderlo todo roza la utopía, igual que ante el prospecto de un fármaco. “Hay unos ámbitos de la sociedad que se expresan de una forma en la que la gente no suele hacerlo”, lamenta Elisabet Serra Casanovas, codirectora de la asociación Lectura Fácil. Porque los seres humanos, entre ellos, se entienden: en casa, en el trabajo, en el bar. Incluso entre desconocidos. Sin embargo, asuntos tan importantes como leyes, sentencias o hipotecas rinden cada día a más de un cerebro.
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