Como lo vengo percibiendo desde el año pasado, la fotografía de calle está en pleno auge en todo el mundo incluido España y todo el sur de Europa. Es extraordinario ver tantos libros de autores y/0 publicaciones en la web sobre street photography. Además de festivales, concursos, talleres y exposiciones. Todo ello trae un montón de aire fresco y renovador a la fotografía documental contemporánea.
En 2005, le réalisateur israélien Nadav Lapid est invité à une exposition sur les inégalités au sein de la société allemande. Une idée de scénario lui vient.
Winner of the Palme D'Or in Cannes 2005. This short film is an interpretation of the Billy Collins poem "The Best Cigarette," which was commissioned by The Sundance Channel.
Marina Kanno and Giacomo Bevilaqua from Staatsballett Berlin perform several jumps captured in slow motion at 1000 frames per second.
Directed by Simon Iannelli & Johannes Berger Camera by Dr. Frank Gabler & Hendrik Nix, slomotec Coordination Staatsballett Berlin Doreen Windolf & Alexandra van Veldhoven Music Radiohead - Everything In Its Right Place (Gigamesh DiscoTech Remix)
L’art est violence. Un frein non pour cette femme aussi forte que l’homme, pour celle qui s’est cousue dans son ombre. Artemisia rivalise avec un des plus grands peintres de tous ...
Cualquiera podría pensar que los personajes del “bestiario” que es este blog están alejadísimos del concepto de #lifelooksgood que plantean desde loff.it.
by Marina Galperina. Posted on 12:30 pm Monday Mar 26, 2012
+ « Previous of 10 Next » Attention and behold: Marcel Duchamp… as a lady! Or, not exactly. This is more than just a giddy Surrealist in a pretty hat and a little rouge. This is Rrose Sélavy, Duchamp’s alter-ego with her own look, her own mind, even her own body of work. Sometimes artists create more than paintings and sculptures — they create people. They form whole other identities, personas. Let’s meet classic alter-egos from art history and contemporary performance practice. Be warned: Gender-bending, age-regression, metamorphosing, and dimension-crossing may occur.
"GHETTO AMERICA PICTURES OF "GHETTO AMERICA" I HAVE FOUND ON THE WEB THAT DRAWS UP DEEP FEELING AND/OR EMOTION OF URBAN LIFE IN AMERICA. I TAKE NO CREDIT IN ACTUALLY TAKING THESE PICTURES. TO ME IT IS ART. HOW FAR ARE YOU WILLING TO GO TO GET THAT SHOT? WHERE IS THE MOST DANGEROUS PLACE YOU HAVE BEEN WITH A CAMERA? POST YOUR PICTURES."
"Alexander Slysarev (1944-2010) o también transcrito del cirilico como Slusarev, es una de las miradas más importantes de la fotografía rusa de la última parte del siglo XX. No voy a hablar de sus escasas notas biográficas que se encuentran el la red si no de su trabajo. La sensación que percibes es de un sujeto silencioso que refleja su realidad desde un punto del vista del testigo, a veces incomodo, que muestra su entorno con una carga estética y formal muy cuidada, acentuando el dramatismo de sus trabajos con un blanco y negro que enfatiza la narración. Una parte de su obra esta cargada de negatividad como rechazo al arte oficial de régimen soviético y a su vez de un lirismo poético.
"Acabo de leer un artículo muy interesante de Muñoz Molina sobre la exposición de Cindy Sherman en el MoMa de NY. Muñoz Molina hace una reflexión sobre los gurús del arte contemporáneo comenzando por los años del expresionismo abstracto norteamericano. A grandes rargos, comenta la importancia de estos sujetos en la promoción del arte y de los artistas, con esa literatura de frases barrocas, que son artillería pesada para la promoción del producto. Hoy en día en el negocio del arte se han hecho imprescindibles para el espectáculo, un buen curator o crítico en horas altas son los que adornan el producto mediante textos elogiosos para el catálogo de la galería o del museo de turno. En este país, ejercer de experto era un negocio rentable, a más de uno le ha servido para pagarse el adosado. Uno echa de menos el blog del “gordo”, ese bufón ilustrado, lleno de chascarrillos y citas oportunas, que en una tarde desafortunada fue tan bocazas, que provovó una incompatibilidad entre sus opiniones y el sillón que ostentaba de esa importante institución. Me he ido por los cerros de Úbeda, bueno quería comentar que la maquinaria de la industria del arte ha creado a estos "eruditos" que se dedican como los dioses a separar el grano de la paja. Cindy Sherman es un producto sobrevalorado en cantidades industriales, el mayor bluff de toda la fotografía norteamericana. Estoy seguro que los nuevos ricos de Kansas city que van de culturetas, han tenido la gran idea de poner una Sherman justo al lado de la placa de la NRA. Hay artistas y artistas, gentes de pesebre semanal, y sujetos íntegros que rechazan premios y siguen con su discurso coherente y valiente y que no se pliegan jamás. Hay muchos como Cindy, y muchos más teóricos justificando los productos de los artistas, emitiendo adjetivos misteriosos y profundos para intentar hacer creer al espectador que está frente a la lámpara de Aladino y que va a tener una experiencia única. En el fondo estas gentes ejercen de emisores de certificados de calidad, hacen una selección interesada, y defienden los intereses de aquellos que les pagan, por lo que su criterio está comprado de antemano y carece de cualquier tipo de imparcialidad. Por eso, vemos estas corrientes homogéneas en las bienales, y podemos observar a galeristas haciendo su reciclaje personal para cumplir los “requerimientos” necesarios de las nuevas tendencias del arte contemporáneo, ponerse al día y no seleccionar algo que pueda estar fuera del mercado. Estamos asistiendo a la censura de la globalización del dinero, igual que hemos perdido el poder de decisión nacional, y los políticos son meros botones del poder económico internacional. Se trata de que el arte sea reducido a un espectáculo y un objeto de consumo, decoración e inversión. En este contexto nos encontramos con personajes como Cindy Sherman y transcribo del artículo de Muñoz Molina los adjetivos incluidos en los textos explicativos del MoMa: explora, desafía, experimenta, investiga, cartografía, estereotipo, provocador, convención, turbador, ruptura, complejidad.
Cambio de tema, hoy me llegan informaciones que me inquietan, usar el susurro para crear una corriente de opinión que no se ajusta a la realidad es grave. No puedo hablar claro, pero si en metáfora, y como diría Woody Allen “Los más tontos enseñan en la universidad”. Evidentemente yo no se nada de música salvo que me gusta, y mis conocimientos se limitan a los un melómano medio. Me gustan casi todos los tipos de música aunque mis preferidas son el jazz y la clásica. Jamás se me ocurriría hacerle sugerencias a mi amigo José Luis Temes respecto a la forma de estructurar una sinfonía, ni cuestionarle nada sobre algo de lo cual no tengo ni idea. Lo que es inaudito es que sujetos que no saben nada de ciertas materias, se dediquen a cuestionar la labor de expertos profesionales. Acariciar un volante de cuero de un Ferrari no implica que estas capacitado para conducirlo y mucho menos que pretendas dar consejos al Fernando Alonso de turno. Trasladar estas situaciones a nuestro mundo de la fotografía y más o menos podréis intuir de que puedo estar hablando. Cada uno podemos ser expertos en una área, algunos en varias y muy pocos en todas. Yo se que puedo enseñar estética, iluminación, retrato, moda, historia...pero nunca hablar de pruebas técnicas de cámaras y objetivos. Esos audaces hablan de lo que no saben, pontifican y tratan de desprestigiar a aquellos que tienen el rigor y la independencia por principio profesional, aprovecharían mejor su tiempo viendo “Dias de Radio” de Woody Allen, se aprenden muchas cosas, y estar callados les evitaría hacer el ridículo."
Diaporama photo : Ils sont plusieurs dizaines de milliers à avoir fui vers la Turquie, le Liban, la Jordanie et l'Irak, pour échapper à la répression du régime d'Al-Assad et aux combats.
Here's an oldie but goodie: back in September 2009, photographer Chris Weeks released this documentary about street photography titled Documenting the Human Condition. It's occasionally preachy and at...
Photography & Culture... "By Walter Hopps, essay from The Hasselblad Award, 1998
‘I think of them as parts of a novel I’m doing.’
These were the first words William Eggleston uttered when I asked what he felt he was accomplishing with his photographs. Another fine photographer from the South, William Christenberry, had brought Eggleston to meet me at the Corcoran Gallery of Art around 1970. The three of us had looked through a box of Eggleston’s 8 x 10 chromogenic coupler prints in silence. By the time I went through the prints a second time, I believed them to be the finest work in color photography I’d seen.
In 1974 while serving at the Smithsonian’s National Museum of American Art, I was planning an exhibition of Eggleston’s work which would have been that institution’s first exhibit of photography as fine art. When I learned that John Szarkowski, the distinguished curator of photography at the Museum of Modern Art, New York wanted to make the first museum presentation, I deferred my ..."
A 14 ans, lors de son arrivée à Paris, elle était punk, A 21 ans, elle est devenue star de cinéma internationale grâce à Betty Blue le personnage de 37,2° le matin de Jean-Jacques Beineix. Très vite elle a refusé tous les rôles de composition, elle n’a plus voulu jouer qu’elle-même. Elle est aujourd’hui à l’affiche de Bye bye Blondie de Virginie Despentes, avec Emmanuelle Béart,
Béatrice Dalle est l’invitée du Tête-à-tête de Frédéric Taddeï.
"El atardecer, al igual que las primeras luces del día me produce un desorden interno. En esas horas de tránsito siempre se nace o se muere, y las dudas te asaltan bruscamente igual que un navajero en un callejón oscuro. El vacío, el silencio, la oscuridad despiertan a los fantasmas interiores que alimentan nuestro desasosiego y alteran nuestra paz interior. En esos momentos imaginamos las escenas mas extrañas o convulsas y para liberarnos de ellas las convertimos en imágenes. Los pintores comienzan una encarnizada batalla contra el lienzo y los fotógrafos preparamos la escena para materializarla. La cámara te parapeta, eres un voyeur mirando por el visor esa realidad que has soñado antes, entre penumbras. El sonido del obturador te libera, y mucho más cuando separas el positivo y sumerges la placa en el fijador. Ya lo tienes, no necesitas otra toma y en esos momentos deseas que todos se vayan, y el silencio te permita terminar el proceso sin nadie que lo interrumpa. La imagen que te produjo angustia la noche anterior se ha convertido en algo tangible que cuelga de una cuerda para secarse, un ancho por alto con texturas, luces y sombras, un objeto que recrea una pesadilla, algo que te produjo una zozobra inquietante y que ahora puedes contemplar todos los días como si fuese la terapia de tus miedos. Por eso me gustan los artistas que caminan sobre el vacío de sus inquietudes internas, que necesitan expresar todos sus fantasmas para evitar que les persigan siempre y encontrar algún instante de paz. Huir de uno mismo, de aquellos que habitan dentro de nosotros y nos persiguen. Witkin tiene también esos fantasmas que le parten en dos, y Chet Baker buscaba en las drogas su paraíso para huir de sus miserias, pero al final de la noche, cantaba con desgarro " I’ m fool to want you" porque necesitaba que esas notas y esas palabras le diesen unos momentos de luz interior."
por Antonio Munoz Molina "En la exposición de Cindy Sherman en el MOMA me fijé en un visitante que tomaba fotos no de las obras de la fotógrafa omnipresente sino de los largos textos explicativos que hay en cada sala y que indican de manera muy conveniente al espectador qué es lo que tiene delante de los ojos. Me pareció una decisión muy sabia. Como explicó Tom Wolfe hace ya muchos años en un panfleto devastador, La palabra pintada, en el arte importa cada vez menos la obra en sí y más lo que los entendidos dicen sobre ella. En los años cincuenta del siglo pasado, dos críticos de Nueva York, Clement Greenberg y Harold Rosenberg, compitieron entre sí para envolver la pintura de algunos de sus contemporáneos en una especie de legitimidad teórica a la que los mejores entre aquellos artistas no hicieron mucho caso, pero que acabó dándoles una etiqueta y asegurándoles un lugar en el relato de la historia del Arte. Ahora el término “expresionismo abstracto” parece el término natural para designar un cierto periodo, una cierta manera de pintar, pero a los pintores mismos les parecía pretencioso o superfluo, y a los más lúcidos les irritaba por lo que tenía de clasificación obligatoria. El crítico o el teórico quieren apresar al artista en un estilo o en una categoría igual que el entomólogo clava al escarabajo o a la mariposa disecados en un trozo de cartón. El artista, si es honrado consigo mismo, si tiene verdadera ambición, ve su trabajo como un proceso, su estilo como una forma de búsqueda, y lo ya hecho se apresura a darlo por olvidado, o a dejarlo atrás con alivio, y hasta a veces con remordimiento. Al gran De Kooning, Clement Greenberg le expidió un certificado de maestría hacia 1950, pero justo un poco después empezó a pintar aquellas figuras bárbaras de mujeres tan visiblemente no abstractas que Greenberg lo excomulgó de inmediato.
En las mismas salas donde estuvo hasta hace poco la exposición de De Kooning ahora circulan multitudes cada fin de semana para ver la de Cindy Sherman. En el más de medio siglo que ha pasado desde que Greenberg y Rosenberg reinaban en la crítica de Nueva York el peso de las palabras y de las explicaciones en el mundo del arte se ha multiplicado exponencialmente, volviéndose mucho más críptico, y también mucho más decisivo. Los pintores de aquella edad heroica solían ser pobres y taciturnos, con un brío físico de trabajadores manuales. Ahora el término “artista” se ha emancipado de cualquier servidumbre o habilidad manual, de modo que algunos de los pintores que más se cotizan no tocan jamás los pinceles. Hasta la escultura, que en otros tiempos implicaba el trato áspero con materiales, con esfuerzo muscular, con herramientas de carpintería y hornos de fundición, ahora la ejercen celebridades que solo deben de sudar en el gimnasio o en las salas de baños de vapor. Artista es el que dice serlo, el trabajo lo hace un subcontratista, y la obra no tiene que expresar ni que significar nada por sí misma. Ahora la obra es lo que dicen que es las tarjetas explicativas, o lo que voces algo robóticas transmiten por esos teléfonos que llevan pegados al oído muchos visitantes de los museos.
Ya no hay manera de estar solo frente a la obra de arte. Es como esos subrayados que uno encuentra en los libros electrónicos, que le informan afectuosamente del número de lectores que han considerado memorable una frase. Hay multitudes subiendo por las escaleras mecánicas hasta la última planta del MOMA para ver la exposición de Cindy Sherman, y una vez que se llega a ella la densidad humana se agrava porque hacia cualquier parte que uno mire se encuentra a la propia Cindy Sherman, en cada palmo de cada pared, en color y en blanco y negro, en tamaño de sello de correos y de postal y de cartelón de cine o panel publicitario iluminado por dentro, Cindy Sherman con veintitantos años y con casi sesenta, con gafas negras de película de Godard o con melena platino de multimillonaria operada, Cindy Sherman como la Fornarina de Rafael y como el Baco borracho de Caravaggio, como estrella porno y como víctima decapitada y como payaso horripilante y como abuela encogida y casi disecada. El crítico de The New Yorker ha escrito que Cindy Sherman es la artista americana más importante de los últimos cuarenta años. El de The New York Times dice que Cindy Sherman sacó a la fotografía del gueto en el que al parecer estaba y la elevó a la consideración más alta entre las artes, consideración certificada por los millones de dólares que pagan por sus fotos los museos y los coleccionistas privados. En los textos explicativos que ese visitante fotografiaba con tanta dedicación la prosa del arte amontona su conocida pedrería, sus verbos y sustantivos más reiterados: explora, desafía, experimenta, investiga, cartografía, estereotipo, provocador, convención, turbador, ruptura, complejidad. En inglés, que es una lengua tan monosilábica, las palabras largas suenan todavía más importantes: investigates, impersonation, disturbing, groundbreaking, stereotype, communicates, challenges, complexity, identity, representation, construction, convention, provocative.
En las pesadillas del opio Thomas de Quincey veía olas y océanos de caras humanas, que eran aquellas con las que se había cruzado por las calles de Londres en su juventud vagabunda y hambrienta. En mi caso el riesgo de mal sueño se simplifica: corro el peligro de ver una multiplicación de caras humanas que serán siempre la cara de Cindy Sherman, su agotadora capacidad de metamorfosis. Cindy Sherman asegura que ninguna de esas mujeres de las que se disfraza y a las que fotografía es ella misma. Pero si está tan interesada por la condición humana y en particular la condición femenina uno se pregunta el motivo de que desde el principio de su carrera hasta ahora tan solo se haya ocupado de fotografiar a Cindy Sherman. Woody Allen decía que la gran ventaja de la masturbación es la posibilidad de hacer el amor con la persona más querida. Cindy Sherman se maquilla y se disfraza para posar ante sí misma, y los entendidos aseguran que desafía estereotipos y que investiga y explora las representaciones de la identidad y socava las convenciones y rotura nuevos territorios y cuestiona rompedoramente los roles del género (verbos y sustantivos son intercambiables: el lector puede reordenar este párrafo según le parezca bien).
A mí, con todos los respetos, lo que me deja es la impresión de monotonía y tristeza que suele haber en los juegos solitarios. Que de todo el espectáculo del mundo y de la infinita galería de las presencias humanas Cindy Sherman haya elegido con tan duradera convicción a la propia Cindy Sherman me provoca más empacho que intriga. Pero quizás es que me gusta demasiado la fotografía como catálogo del mundo visible y de lo excepcional que hay en lo común como para interesarme por cierto tipo de retorcimientos visuales. Cada cual tiene sus limitaciones. En cualquier caso, es un alivio salir del museo y comprobar que ni el conductor del autobús, ni la camarera del café, ni la vendedora de la tienda, ni la taquillera del cine, ni el portero de casa, tienen la cara de Cindy Sherman. O
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