Sobre los laboratorios ciudadanos en el sector público (post-576) | El Blog de Amalio Rey
En mayo estuve en Zaragoza trabajando con el equipo de Aragón Participa, que coordina Raúl Olivan. Fue una mañana, en una sesión vertiginosa, hablando de cómo aprovechar la inteligencia colectiva para articular estrategias de participación y su forma de concretarlo en el Laboratorio de Aragón Gobierno Abierto (LAAAB), que pretende impulsar el diseño abierto y colaborativo de políticas públicas en esa comunidad.
Todos sabemos lo difícil que es experimentar en un entorno tan intolerante al error como es la política y la gestión pública, donde los partidos y el poder mediático están siempre a la caza del fallo. En un escenario tan hostil, la Administración tiene que hilar fino para dar cierta seguridad como entidad garantista, y eso le obliga a habilitar dispositivos que “aíslen” la experimentación a un entorno controlado que ayude a gestionar mejor el riesgo.
De esa necesidad, y de la creciente presión social por abrir procesos a la participación, nacen los llamados “Laboratorios Ciudadanos”, como espacios de encuentro para explorar soluciones innovadoras y propiciar dinámicas de experimentación que no se le permiten habitualmente a las entidades públicas. Medialab Prado es, por citar alguno, amalioel ejemplo más conocido de estos laboratorios.
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