Rafael Barzanallana
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El archivo maldito: La desclasificación de los secretos del DAS y la apuesta por la verdad histórica en Colombia – Criminología

El archivo maldito: La desclasificación de los secretos del DAS y la apuesta por la verdad histórica en Colombia – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

 El anuncio cayó como un rayo en el panorama político colombiano. El presidente Gustavo Petro ordenó la desclasificación total de los archivos del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), esa entidad que durante décadas funcionó como el ojo oscuro del Estado, envuelta en escándalos de espionaje ilegal, colusión con grupos paramilitares y crímenes de lesa humanidad. La decisión, tomada a finales de 2023 y ejecutada progresivamente durante 2024, promete abrir las puertas de un cuarto de horrores que muchos intentaron mantener cerrado para siempre. En esos miles de documentos, según advierten organismos de derechos humanos y fiscalías especializadas, podrían hallarse las piezas faltantes del rompecabezas que explique no solo el espionazo sistemático a opositores, periodistas y magistrados, sino también la trama de complicidades que permitió masacres como los denominados «falsos positivos». Para comprender la magnitud de esta apertura archivística, es necesario retroceder en el tiempo. El DAS fue creado en 1960 como agencia de inteligencia civil, pero con el paso de las décadas mutó en una estructura paralela al ordenamiento democrático. Durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), la entidad alcanzó su punto más crítico: el llamado «escándalo de las chuzadas» destapó una red de interceptaciones ilegales que afectó a cientos de personas, incluyendo a la Corte Suprema de Justicia, periodistas de investigación, líderes de oposición y defensores de derechos humanos. Las investigaciones posteriores revelaron que el DAS no actuaba solo; existían nexos probados con grupos paramilitares, y sus agentes cometieron desde seguimientos hasta planificaciones de asesinatos selectivos. La entidad fue finalmente disuelta en 2011 por el gobierno de Juan Manuel Santos, quien calificó el caso como «un límite que el Estado no podía permitir». Sin embargo, la disolución institucional no trajo consigo una rendición total de cuentas. Miles de documentos permanecieron bajo reserva, protegidos por argumentos de seguridad nacional que, en la práctica, blindaban a los responsables de graves violaciones a los derechos humanos. Durante años, organizaciones como la Comisión Colombiana de Juristas y el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) exigieron la apertura total de estos archivos, sosteniendo que en ellos residían las pruebas de una política sistemática de terrorismo de Estado. La orden de Petro marca un quiebre histórico en esta dinámica de opacidad. A través de la Dirección General de Archivos Nacionales, el gobierno actual ha iniciado un proceso de desclasificación progresiva que, según cálculos oficiales, abarcaría más de seis millones de documentos. No se trata solo de un gesto simbólico de transparencia; la decisión responde a una necesidad jurídica concreta: muchos procesos por falsos positivos —aquellas ejecuciones extrajudiciales de civiles presentadas como guerrilleros muertos en combate— se encuentran estancados por falta de pruebas que establezcan la cadena de mando. Los archivos del DAS podrían contener los registros de inteligencia previos a los asesinatos, las comunicaciones entre agentes y militares, y los informes que demuestran el conocimiento presidencial o ministerial de estas operaciones. La conexión entre el DAS y los falsos positivos no es conjetural. Diversas investigaciones judiciales han establecido que agentes de inteligencia del DAS participaron en la selección de víctimas, en el seguimiento de jóvenes vulnerables que posteriormente fueron asesinados, y en la fabricación de pruebas para presentarlos como integrantes de la guerrilla. El caso de Soacha, donde jóvenes fueron reclutados con falsas promesas de trabajo y luego asesinados en zonas rurales de Norte de Santander y Antioquia, es emblemático. Los familiares de las víctimas han sostenido durante años que solo mediante la apertura de los archivos de inteligencia se podrá establecer la responsabilidad de altos mandos militares y civiles. Sin embargo, el camino hacia la verdad no está exento de obstáculos. Expertos en gestión documental advierten que la desclasificación masiva enfrenta serios problemas de conservación física y digitalización. Muchos documentos de los años ochenta y noventa están en riesgo de desaparición por el deterioro del papel y la tinta. Además, existe la sospecha —fundamentada en experiencias previas— de que parte de la documentación sensible pudo haber sido destruida o «perdida» durante los procesos de transición institucional. La Fiscalía General de la Nación ha anunciado la creación de un equipo especializado para custodiar y analizar la información desclasificada, pero los recursos asignados y la independencia real de este grupo son cuestionados por la sociedad civil. La apertura de los archivos del DAS también plantea interrogantes sobre el presente. Si en esos documentos se confirma la participación de altos funcionarios de gobiernos anteriores en crímenes contra la humanidad, ¿se actuará con la misma determinación que con los criminales de guerra de las Farc o del paramilitarismo? La Justicia Especial para la Paz (JEP) ha mostrado interés en acceder a esta documentación para esclarecer los patrones de violencia sistemática durante el conflicto armado. Para la JEP, entender la estructura de inteligencia del Estado es clave para comprender cómo se planificaron y ejecutaron las operaciones que llevaron a más de 6.000 ejecuciones extrajudiciales entre 2002 y 2008. Más allá de las implicaciones judiciales, la desclasificación tiene un valor incalculable para la memoria histórica. Colombia es un país que ha construido demasiados monumentos al olvido. La posibilidad de acceder a los informes que describen cómo el Estado consideraba enemigos a sus propios ciudadanos —por el simple hecho de pensar diferente, de defender derechos laborales, de ejercer el periodismo o la judicatura— es una oportunidad para sanar heridas colectivas. Las familias de los espiados, de los asesinados, de los desaparecidos, tendrán finalmente acceso a las piezas del rompecabezas que les fueron negadas durante décadas. El proceso, sin embargo, debe ser manejado con extrema cautela. La desclasificación irresponsada podría poner en riesgo a informantes, testigos protegidos o agentes que colaboraron con la justicia. Por ello, es fundamental que la revisión de los documentos incluya filtros que protejan la vida e integridad de personas inocentes, sin caer en la tentación de seguir ocultando crímenes bajo la excusa de la seguridad nacional. La decisión de Petro de abrir los archivos del DAS representa una apuesta radical por la transparencia en un país acostumbrado al secreto. Si se ejecuta con rigor, podría significar el fin de la impunidad para muchos de los responsables del terrorismo de Estado y contribuir a una verdadera reconciliación basada en el conocimiento de la verdad. Los archivos del DAS ya no serán el arsenal de los verdugos, sino el testimonio de las víctimas. En ese sentido, su apertura no es solo un acto de justicia histórica, sino una inversión en el futuro democrático de Colombia. La pregunta que queda flotando en el aire es si la sociedad colombiana está preparada para mirar de frente los monstruos que habitaron, durante tanto tiempo, en las sombras del poder. 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Rafael Barzanallana
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Régimen islámico de Irán asesina 30000 ciudadanos – Criminología

Régimen islámico de Irán asesina 30000 ciudadanos – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

El régimen teocrático de Irán ha vuelto a demostrar que, cuando una ideología se fundamenta en el mandato divino, la vida humana pierde todo su valor. Desde el inicio de las protestas el 28 de diciembre de 2025, motivadas por el colapso económico y el hartazgo social, el mundo ha sido testigo de una masacre que, según fuentes independientes y funcionarios del propio Ministerio de Salud iraní, ha dejado un saldo de más de 30000 muertos. Esta carnicería, concentrada especialmente durante los días 8 y 9 de enero de 2026, refleja la naturaleza intrínsecamente violenta de un sistema que confunde el disenso político con la ofensa religiosa

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El crimen silencioso: La violencia sexual contra personas inconscientes y el desafío médico-legal – Criminología

El crimen silencioso: La violencia sexual contra personas inconscientes y el desafío médico-legal – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

La violencia sexual es, por definición, un acto de poder y dominación. Sin embargo, existe una categoría de agresión que a menudo escapa a las estadísticas oficiales, a los titulares de los periódicos y, lo que es más alarmante, a la detección en los servicios de urgencias: la violencia sexual perpetrada contra personas inconscientes. Recientemente, un artículo firmado por el Dr. Thomas Kron, MD, fechado en junio de 2026 y difundido por plataformas como Univadis y Salud Equitativa, ha vuelto a poner el foco sobre esta «zona gris» de la criminología y la medicina forense. El texto subraya una realidad incómoda: la agresión a víctimas que, por razones farmacológicas, médicas o fisiológicas, se encuentran en un estado de inconsciencia, es un fenómeno al que se presta muy poca atención, permitiendo que los agresores operen con una impunidad casi absoluta.

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July 22, 9:00 AM
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Cincuenta años en la arena roja: Viking 1 y el día que la humanidad vio Marte desde su superficie – Criminología

Cincuenta años en la arena roja: Viking 1 y el día que la humanidad vio Marte desde su superficie – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

 Introducción: Un hito en la exploración espacial El 20 de julio de 1976, hace exactamente 50 años, la humanidad logró un hito sin precedentes en la exploración del cosmos: por primera vez, una nave espacial aterrizó con éxito en la superficie de Marte y envió imágenes detalladas del planeta rojo. La misión Viking 1, de la NASA, no solo marcó un avance tecnológico monumental, sino que también cambió para siempre nuestra comprensión de Marte y, por extensión, de la posibilidad de vida más allá de la Tierra. Este artículo explora el contexto histórico, los desafíos técnicos, los descubrimientos científicos y el legado duradero de la Viking 1, una misión que abrió las puertas a la exploración robótica de Marte y sentó las bases para futuras misiones, incluyendo los rovers Perseverance y Curiosity. 

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Naturalizando nazis: de la marginalidad violenta a la papeleta electoral – Criminología

Naturalizando nazis: de la marginalidad violenta a la papeleta electoral – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it
A la ultraderecha española no parecen faltarle aspirantes al protagonismo. Como si no fuera suficiente con Vox, la plataforma de Alvise Pérez o el crecimiento de Aliança Catalana, surge ahora de la marginalidad neonazi una nueva criatura que amenaza con presentarse a las elecciones: Noviembre Nacional. El grupo ha abandonado simbólicamente la clandestinidad, ha mostrado el rostro de sus integrantes, ha presentado a su líder y se ha inscrito en el registro oficial de partidos políticos. Incluso ha difundido un vídeo en el que sus miembros se quitan los pasamontañas. No se trata de una metáfora: los llevaban. Ese gesto resume su estrategia. Quitarse el pasamontañas no significa necesariamente renunciar a las ideas que justificaban llevarlo, sino intentar hacerlas presentables. La operación consiste en transformar una estética amenazante en una identidad política aparentemente convencional. Donde antes había individuos encapuchados, ahora se pretende que veamos candidatos; donde había consignas extremistas, se ofrecerán programas, actos públicos y papeletas. El objetivo es abandonar la imagen de tribu marginal sin abandonar aquello que le daba cohesión ideológica. Lo verdaderamente relevante no es si Noviembre Nacional conseguirá representación. Puede que nunca supere la insignificancia electoral, que se fracture por disputas internas o que su aventura termine en unos cuantos vídeos diseñados para las redes sociales. Lo inquietante es que sus promotores consideren posible, e incluso rentable, recorrer el camino que va del neonazismo explícito a la política institucional. Más que preguntarnos quiénes son, conviene preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí. La primera respuesta está en la normalización progresiva del discurso ultraderechista. Durante años, determinadas ideas han pasado de ser inadmisibles a ser polémicas y, de ahí, a convertirse en opiniones supuestamente respetables. La deshumanización de los migrantes, el cuestionamiento de los derechos de las minorías, la nostalgia autoritaria, la negación de la violencia machista o la identificación de la diversidad cultural con una amenaza ya no permanecen confinados en foros clandestinos. Circulan por parlamentos, tertulias, redes sociales y campañas electorales. No todos los actores de la derecha radical son iguales, ni sería riguroso borrar sus diferencias. Pero tampoco puede ignorarse el efecto acumulativo de sus discursos. Cada vez que una fuerza con representación institucional señala a menores migrantes, convierte a una comunidad religiosa en sospechosa colectiva o presenta los derechos humanos como obstáculos para defender la nación, desplaza un poco más los límites de lo aceptable. Quienes se encuentran todavía más a la derecha reciben entonces un regalo: ya no necesitan introducir sus obsesiones desde cero. Solo tienen que radicalizar un marco previamente normalizado. El segundo elemento es la transformación del ecosistema mediático. Las redes sociales premian el escándalo, la indignación y la simplificación. Un grupo minoritario puede obtener una visibilidad desproporcionada si genera imágenes impactantes y mensajes provocadores. El vídeo de los pasamontañas responde a esa lógica: está concebido para convertirse en contenido, circular rápidamente y provocar reacciones. Da igual que muchas sean negativas. En la economía de la atención, el rechazo también multiplica el alcance. Los medios de comunicación afrontan aquí un dilema real. Ignorar a estos grupos puede impedir que se conozca una amenaza emergente, pero amplificar cada provocación puede actuar como una campaña publicitaria gratuita. La solución no consiste en guardar silencio, sino en informar con contexto, precisión y proporcionalidad. No es lo mismo explicar quiénes son, cuáles son sus antecedentes y qué representan que reproducir sus vídeos, sus símbolos y sus lemas como si se tratara del lanzamiento de una marca electoral más. El periodismo no debe sustituir el análisis por el espectáculo. También ha cambiado la relación social con la memoria histórica. El nazismo se utiliza con frecuencia como insulto genérico, referencia estética o elemento de entretenimiento, y esa banalización termina vaciando de contenido el concepto. Un nazi no es simplemente alguien muy autoritario, desagradable o nacionalista. El nacionalsocialismo fue un proyecto totalitario basado en el racismo biológico, la persecución sistemática, la eliminación de la democracia, la guerra de conquista y el exterminio. Recordarlo no es una manía académica, sino una defensa elemental de la verdad histórica. España añade a este problema su propia relación incompleta con el pasado dictatorial. Décadas después de la muerte de Franco, persisten resistencias a condenar sin matices la dictadura, retirar símbolos de exaltación o garantizar que las nuevas generaciones conozcan el alcance de la represión. Cuando el autoritarismo local se presenta como un asunto opinable o una simple etapa de orden y estabilidad, se debilitan las defensas culturales frente a otras formas de fascismo. La desmemoria no crea por sí sola organizaciones neonazis, pero les proporciona un terreno más cómodo. Existe, además, un profundo malestar social que estas fuerzas intentan explotar. La precariedad laboral, el precio de la vivienda, la desigualdad, el deterioro de los servicios públicos y la desconfianza hacia las instituciones producen frustración. La extrema derecha ofrece respuestas falsas, pero emocionalmente eficaces: transforma problemas complejos en culpables reconocibles. El inmigrante, la feminista, la persona trans, el independentista o el supuesto “enemigo interno” aparecen como responsables de dificultades causadas, en realidad, por decisiones económicas, carencias institucionales y conflictos sociales mucho más amplios. Reducir el fenómeno a una colección de individuos fanáticos sería, por tanto, insuficiente. La marginalidad extremista crece cuando conecta con miedos extendidos y cuando encuentra dirigentes dispuestos a convertirlos en resentimiento político. Combatirla exige perseguir los delitos de odio y la violencia, pero también disputar sus diagnósticos. Si las instituciones democráticas no ofrecen seguridad material, expectativas de futuro y canales de participación, otros llenarán ese vacío con identidades excluyentes. La inscripción de un grupo en el registro de partidos merece igualmente una aclaración. La legalidad administrativa no equivale a legitimidad democrática. Que una organización complete los trámites exigidos no convierte todas sus ideas en respetables ni obliga a tratarla con neutralidad moral. La democracia permite defender proyectos profundamente reaccionarios dentro de los límites legales, pero conserva el derecho —y el deber— de examinarlos críticamente. El pluralismo no exige indiferencia ante quienes aspiran a restringir el pluralismo de los demás. Tampoco conviene responder con alarmismo exagerado. Presentar a una organización minúscula como una fuerza imparable puede favorecer exactamente la imagen que desea proyectar. La respuesta democrática debe combinar firmeza y mesura: vigilancia institucional, aplicación de la ley, educación histórica, periodismo responsable y atención a las condiciones sociales que alimentan el extremismo. Ni frivolización ni publicidad involuntaria. Quitarse un pasamontañas es fácil. Lo difícil sería desprenderse de una ideología construida sobre la exclusión, el autoritarismo y la búsqueda de enemigos. La cuestión no es si los neonazis han aprendido a mostrar la cara, sino por qué creen que el espacio público está preparado para recibirlos. Noviembre Nacional puede ser electoralmente irrelevante, pero su puesta en escena funciona como síntoma. Nos muestra hasta qué punto se han desplazado los límites del debate y cuánto terreno ha ganado la idea de que cualquier barbaridad puede normalizarse si se presenta con un logotipo, un portavoz y unos formularios correctamente registrados. Generado por GPT 5.5 sol medium
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Los países más felices del mundo, clasificados cada año (2015-2025) – Criminología

Los países más felices del mundo, clasificados cada año (2015-2025) – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it
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La química de la cerveza – ¡Toca comer!

La química de la cerveza – ¡Toca comer! | Rafael Barzanallana | Scoop.it

A menudo, cuando levantamos una copa de cerveza, nuestra mente se dirige inmediatamente a su sabor refrescante, su amargor característico o su capacidad para acompañar un buen momento. Rara vez nos detenemos a pensar que estamos sosteniendo un líquido de una complejidad química asombrosa. Más allá de la simple mezcla de agua, malta, lúpulo y levadura, la cerveza es una matriz bioquímica fascinante. De hecho, la ciencia moderna ha revelado que una cerveza contiene entre 800 y 1500 compuestos químicos identificados, una cifra que puede dispararse hasta varios miles dependiendo de la sofisticación de las técnicas analíticas empleadas. Para entender esta inmensidad molecular, es necesario mirar más allá de la receta básica. La cerveza es el resultado de una cascada de reacciones químicas y biológicas que comienzan en el campo y culminan en el vaso. Cada ingrediente aporta su propio repertorio de moléculas, y durante la elaboración, estas interactúan para formar nuevos compuestos. El número exacto de sustancias químicas presentes en una cerveza no es una cifra fija; depende de tres factores fundamentales: el estilo de la cerveza, los ingredientes específicos utilizados y las técnicas analíticas empleadas para diseccionarla. 

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Ola de represión en Oriente Medio: seguridad nacional vs. derechos humanos en tiempos de guerra – Criminología

Ola de represión en Oriente Medio: seguridad nacional vs. derechos humanos en tiempos de guerra – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

Introducción En los últimos meses, Oriente Medio ha sido escenario de un preocupante aumento de la represión estatal. Bajo el paraguas de la “seguridad nacional” y en el contexto de conflictos armados, varios gobiernos de la región han intensificado las detenciones arbitrarias, endurecido las penas y restringido libertades fundamentales. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha advertido que estas medidas, lejos de garantizar la estabilidad, están erosionando el Estado de derecho y vulnerando derechos humanos básicos. El contexto: guerra y justificaciones de seguridad La región vive una de sus etapas más convulsas. Conflictos como la guerra en Gaza, la inestabilidad en Yemen, las tensiones en el Líbano y la persistente violencia en Siria e Irak han generado un clima de incertidumbre y miedo. Los gobiernos, presionados por la opinión pública y la comunidad internacional, han recurrido a discursos de “seguridad nacional” para justificar acciones represivas. Según informes de la ONU y organizaciones de derechos humanos, países como Egipto, Arabia Saudita, Irán, Israel y Turquía han incrementado las detenciones de disidentes, periodistas, activistas y minorías étnicas o religiosas. Las acusaciones suelen ser vagas: “incitación al odio”, “terrorismo” o “amenaza a la estabilidad del Estado”. Detenciones arbitrarias y endurecimiento penal En Egipto, por ejemplo, se han registrado cientos de arrestos desde el inicio de la guerra en Gaza. Las autoridades han utilizado leyes antiterroristas para silenciar voces críticas, incluso cuando estas no tienen relación directa con actos violentos. En Irán, la represión contra manifestantes y minorías como los kurdos y los baluchis se ha recrudecido, con juicios sumarios y penas de muerte. En Israel, la aprobación de leyes que limitan la libertad de expresión y la detención administrativa de palestinos en Cisjordania y Gaza ha sido criticada por la ONU. Mientras, en Turquía, el gobierno ha cerrado medios de comunicación y encarcelado a periodistas bajo acusaciones de “propaganda terrorista”. Ejemplos de represión en Oriente Medio (2024-2026) La respuesta de la ONU y la comunidad internacional La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha recordado que cualquier restricción a los derechos fundamentales debe ser “estrictamente necesaria, proporcionada y limitada en el tiempo”. Sin embargo, en la práctica, estas condiciones rara vez se cumplen. Las detenciones masivas, la censura y el uso excesivo de la fuerza no solo violan el derecho internacional, sino que también alimentan ciclos de violencia y desconfianza. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado casos de tortura, desapariciones forzadas y juicios sin garantías. La comunidad internacional, aunque ha condenado estas prácticas, ha mostrado una respuesta fragmentada, priorizando a menudo intereses geopolíticos sobre la defensa de los derechos humanos. ¿Qué está en juego? La represión en Oriente Medio no es un fenómeno nuevo, pero su intensificación en el contexto de la guerra actual plantea riesgos graves: Erosión del Estado de derecho: El uso arbitrario del poder judicial y las fuerzas de seguridad debilita las instituciones y fomenta la impunidad. Polarización social: La criminalización de la disidencia y la censura ahogan el diálogo y profundizan las divisiones. Inestabilidad a largo plazo: La represión rara vez resuelve los conflictos subyacentes; por el contrario, suele exacerbar el resentimiento y la radicalización. Conclusión: ¿Hacia dónde va Oriente Medio? La ola de represión que recorre Oriente Medio es un recordatorio de que, en tiempos de crisis, los derechos humanos suelen ser los primeros en retroceder. Sin embargo, la historia demuestra que la seguridad no puede construirse sobre la injusticia. La comunidad internacional debe exigir transparencia, rendición de cuentas y el respeto a las libertades fundamentales, incluso —y especialmente— en contextos de guerra. Mientras los gobiernos de la región continúan utilizando la seguridad nacional como excusa, la pregunta sigue en el aire: ¿Cuánto costará, en términos humanos y políticos, esta deriva autoritaria? Reflexión final:¿Es posible conciliar la lucha contra el terrorismo y la defensa de los derechos humanos, o estamos condenados a repetir los errores del pasado? La respuesta dependerá, en gran medida, de la presión que ejerzan los ciudadanos, las organizaciones y la comunidad internacional.lo, de menos de 1000 palabras, sobre:

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El imperio de la especulación dulce: Cómo una galleta belga conquistó los cielos (y Wall Street) – ¡Toca comer!

El imperio de la especulación dulce: Cómo una galleta belga conquistó los cielos (y Wall Street) – ¡Toca comer! | Rafael Barzanallana | Scoop.it

Desde la cabina de Delta hasta el viral TikTok: la meteórica ascensión de Lotus Bakeries y la amenaza que se cierne sobre sus dulces dominios Para la mayoría de los viajeros, el asiento central en un vuelo nocturno es una experiencia que se debe tolerar, no disfrutar. Sin embargo, hay un pequeño consuelo que es capaz de levantar el ánimo incluso a 9000 km de altura: ese diminuto paquete rojo que contiene una galleta rectangular, crujiente y con un profundo sabor a caramelo y canela. Lo que muchos pasajeros ignoran es que ese modesto obsequio culinario, servido tradicionalmente en aerolíneas como Delta Air Lines, es el motor impulsor de uno de los éxitos bursátiles más fascinantes y silenciosos del siglo XXI. Tal como destacó recientemente el analista Sam Klebanov en la popular newsletter financiera Morning Brew, detrás de estas icónicas galletas se encuentra Lotus Bakeries, una empresa belga con 94 años de historia cuyas acciones están teniendo un comportamiento que causaría envidia a los gigantes de Silicon Valley. En un año donde el sector de la alimentación se ha enfrentado a vientos en contra debidos a la inflación y al cambio de hábitos de los consumidores, las acciones de Lotus han experimentado un espectacular repunte del 41% solo en lo que va de 2024. 

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La arquitectura del desprecio: El racismo institucional como muro invisible en España – Criminología

La arquitectura del desprecio: El racismo institucional como muro invisible en España – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

El último informe anual de SOS Racismo vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchos preferirían mantener en la sombra: el racismo institucional en España no solo persiste, sino que se dispara. No hablamos de incidentes aislados ni de actitudes individuales fácilmente condenables, sino de un problema estructural que atraviesa administraciones, cuerpos de seguridad, sistemas de atención y marcos legislativos. Es, en definitiva, el racismo que se ejerce desde el poder y con el respaldo —activo u omisivo— de las instituciones que deberían garantizar la igualdad. Cuando el problema viene desde arriba El racismo institucional es especialmente perverso porque se disfraza de normalidad burocrática. No necesita insultos ni agresiones explícitas para causar daño: le basta con procedimientos, controles selectivos, trabas administrativas y una indiferencia sistemática hacia quienes no encajan en el molde del ciudadano «de pleno derecho». Cuando una persona es parada por la policía únicamente por el color de su piel, cuando un trámite de extranjería se convierte en un laberinto kafkiano diseñado para agotar, o cuando el acceso a una vivienda o a un empleo se ve condicionado por el apellido o el acento, estamos ante manifestaciones concretas de este racismo estructural. El informe de SOS Racismo documenta cómo estas prácticas no son excepciones, sino patrones. Los controles de identidad por perfil étnico siguen siendo una constante denunciada año tras año, pese a las recomendaciones de organismos internacionales de derechos humanos. 

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July 19, 7:00 PM
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El consentimiento sexual en España: mitos persistentes y realidades alarmantes – Criminología

El consentimiento sexual en España: mitos persistentes y realidades alarmantes – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

Un avance para “actualizar la radiografía” de los hábitos y experiencias de salud sexual en España. Eso es, en esencia, lo que han presentado el Ministerio de Sanidad y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) al publicar una nueva foto fija de cómo viven y perciben la sexualidad las personas en nuestro país, después de 16 años sin una actualización de envergadura comparable. Entre los resultados más llamativos —y preocupantes— destacan dos datos que apuntan a una brecha entre lo que debería entenderse por consentimiento y lo que todavía permanece como costumbre, creencia o inercia: por un lado, la proporción de mujeres que afirma haber sido forzada alguna vez; por otro, la persistencia de una idea según la cual, si se inicia un encuentro sexual, “hay que llegar hasta el final”. Según la información divulgada por SINC, un 28% de las mujeres afirma haberse visto forzada alguna vez a hacer algo que no quería en una relación sexual (Agencia SINC, a partir de los resultados del Ministerio de Sanidad y el CIS). Y, en el mismo estudio, casi el 55% de los hombres se muestra de acuerdo con la afirmación de que, si se acepta tener un encuentro sexual, “hay que llegar hasta el final” si la otra persona quiere. Estas cifras no solo describen experiencias individuales: también reflejan formas de entender el consentimiento que pueden facilitar presiones, límites no respetados y, en algunos casos, violencia sexual. Una actualización esperada: hábitos, experiencias y salud sexual 

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July 19, 2:00 PM
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CCOO denuncia la campaña de la CEOE: un ataque intolerable a los derechos laborales – Criminología

CCOO denuncia la campaña de la CEOE: un ataque intolerable a los derechos laborales – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

.Introducción: La CEOE y su guerra contra los trabajadores En un contexto de creciente precariedad laboral, inflación desbocada y salarios estancados, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) ha decidido lanzar una campaña publicitaria en Cantabria que, lejos de promover el diálogo social, criminaliza a las personas trabajadoras por ejercer derechos básicos como la baja médica o el descanso. Bajo el lema «Mientras unos no están, otros esperan», la patronal no solo estigmatiza a quienes faltan al trabajo por motivos de salud, sino que alimenta un discurso de división entre la clase trabajadora, presentando a los empleados como un problema para la productividad y no como sujetos de derechos. El sindicato Comisiones Obreras (CCOO) ha reaccionado con contundencia, exigiendo la retirada inmediata de esta campaña, que considera «intolerable, injusta y profundamente reaccionaria». Pero más allá de la indignación sindical, lo que subyace en este mensaje es una estrategia empresarial que busca debilitar la negociación colectiva, erosionar la protección social y normalizar la idea de que los trabajadores son un coste prescindible, no un pilar fundamental de la economía.

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July 19, 7:00 AM
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La guerra cultural que no terminó: el revisionismo franquista avanza noventa años después – Criminología

La guerra cultural que no terminó: el revisionismo franquista avanza noventa años después – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

Noventa años después del golpe de Estado de 1936, España vuelve a discutir lo que parecía asentado por décadas de investigación histórica: que la dictadura franquista nació de una sublevación militar contra un gobierno legítimo, que desencadenó una guerra civil y que después construyó un régimen basado en la represión, el exilio, la censura y el miedo. Sin embargo, el viejo relato justificativo del franquismo, lejos de desaparecer, ha encontrado nuevas vías de difusión. Ya no se presenta siempre con camisa azul ni con himnos marciales: ahora circula en vídeos cortos, tertulias, canciones, hilos virales y propuestas legislativas bautizadas con palabras amables como “concordia”. La paradoja es evidente. Mientras los archivos, los estudios universitarios y las exhumaciones han aportado cada vez más pruebas sobre la violencia franquista, una parte del debate público se ha desplazado hacia la sospecha permanente: “no fue para tanto”, “los dos bandos hicieron lo mismo”, “la República era el caos”, “Franco salvó a España”. 

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July 17, 5:00 PM
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Volar sobre zonas de guerra: un equilibrio entre riesgo y necesidad – Criminología

Volar sobre zonas de guerra: un equilibrio entre riesgo y necesidad – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

El cielo no conoce fronteras, pero sí conoce el peligro. La pregunta de cómo los aviones comerciales pueden sobrevolar zonas de conflicto armado con seguridad se ha vuelto cada vez más urgente en un mundo donde los focos de guerra se multiplican: Ucrania, Oriente Próximo, el Sahel africano. No es un debate teórico: las respuestas afectan directamente a millones de pasajeros cada año. Un sistema de alertas en constante actualización Cada país establece su propia lista de zonas peligrosas. Francia, por ejemplo, prohíbe a sus compañías el sobrevuelo de ocho países. A estas restricciones nacionales se suman las impuestas por otros Estados. Rusia, tras la invasión de Ucrania, cerró su espacio aéreo a las compañías europeas, con consecuencias prácticas inmediatas: un vuelo de París a Tokio debe hoy rodear esa zona y tarda 14 horas en llegar, mientras que una aerolínea china, autorizada a cruzar Rusia, cubre el mismo trayecto en 12 horas. 

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July 22, 4:00 PM
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La exportación del dogma: cuando la ofensiva antiabortista de Estados Unidos mata en África – Criminología

La exportación del dogma: cuando la ofensiva antiabortista de Estados Unidos mata en África – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

En una clínica improvisada de un suburbio de Nairobi o en la trastienda de una casa de pueblo en el interior de Uganda, el final es el mismo: una hemorragia imparable, una infección fulminante y una vida que se apaga entre sábanas empapadas en silencio. Cada año, según la Organización Mundial de la Salud, al menos 29 000 mujeres mueren en el mundo por complicaciones de abortos inseguros, la inmensa mayoría en países en desarrollo. Ocurre lejos de los focos de Washington, pero está íntimamente ligado a una decisión firmada en un despacho del Capitolio. La última víctima de la política exterior estadounidense no lleva uniforme ni habita una zona de guerra tradicional: es una mujer africana pobre, atrapada por la nueva y agresiva ofensiva de la administración de Donald Trump contra el derecho al aborto a escala planetaria. Durante décadas, los grupos antiabortistas de Estados Unidos no se conformaron con ganar batallas domésticas. Organizaciones poderosas, respaldadas por iglesias evangélicas y grandes donantes conservadores, diseñaron una estrategia de presión tanto dentro como fuera del país para restringir el acceso al aborto. En casa, su mayor trofeo llegó con la revocación en 2022 de la sentencia Roe vs. Wade, que dinamitó medio siglo de protección constitucional a la interrupción del embarazo. Envalentonados por ese triunfo, los arquitectos de la restricción miraron con renovada ambición hacia el exterior. Ahora, el segundo mandato de Trump no solo aplaude ese legado; lo convierte en munición de una guerra cultural global que está costando vidas reales, sobre todo en África. La herramienta más letal de esta ofensiva tiene un nombre tan aséptico como letal en la práctica: la Política de Protección de la Vida en Asistencia Sanitaria Global, heredera de la antigua “Ley Mordaza Global”. Restaurada y expandida por Trump en cuanto regresó al poder, prohíbe destinar un solo dólar de ayuda estadounidense en salud a cualquier organización extranjera que “realice, promueva, aconseje o remita activamente a pacientes para un aborto como método de planificación familiar”, incluso si esos servicios se financian con fondos no estadounidenses. No es una medida simbólica: Estados Unidos es el mayor donante mundial de ayuda en salud, y África, con sus frágiles sistemas sanitarios, es profundamente dependiente de esa asistencia para programas de planificación familiar, VIH/sida y salud materno-infantil. La imposición de esta camisa de fuerza ideológica coloca a las ONG locales frente a un dilema imposible. Si quieren seguir recibiendo fondos —ya sea de manera directa o a través de cadenas de subvenciones— deben purgar cualquier actividad vinculada al aborto, incluso si la legislación de su país lo permite en ciertos supuestos. Muchas clínicas se ven forzadas a cerrar programas de asesoramiento integral, retirar información sobre métodos seguros o eliminar referencias a hospitales que practican interrupciones legales

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July 22, 12:00 PM
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El TEDH arrincona a España: la impunidad policial en los CIE ya no tiene escondite – Criminología

El TEDH arrincona a España: la impunidad policial en los CIE ya no tiene escondite – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

España deberá sentarse en el banquillo de Estrasburgo. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha decidido admitir a trámite, por primera vez en su historia, una demanda por presuntos malos tratos ocurridos en el interior de un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) español. Los hechos se remontan a 2020, en el CIE de la Zona Franca de Barcelona, una infraestructura que acumula un historial interminable de denuncias por opacidad y abusos. Que el tribunal europeo haya dado este paso no es solo un varapalo para la justicia española, sino la confirmación de lo que las organizaciones de derechos humanos llevan décadas denunciando: los CIE son agujeros negros donde el Estado opera con una impunidad casi absoluta, amparado por el silencio y la pasividad de las instituciones nacionales. Para entender la gravedad de este caso, hay que remontarse a la naturaleza misma de estos centros. Los CIE no son prisiones, al menos no sobre el papel. Jurídicamente, son establecimientos de carácter no penitenciario donde se retiene a personas extranjeras con el único objetivo de garantizar su expulsión del territorio nacional. Sin embargo, la realidad es tozuda y cruda: quien pone un pie en un CIE experimenta un régimen de vida carcelario, o peor aún, pues carece de muchas de las garantías que el sistema penitenciario ordinario exige. 

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July 22, 6:00 AM
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La paz de los sepulcros: Crónica de una masacre policial en la Granada del 70 – Criminología

La paz de los sepulcros: Crónica de una masacre policial en la Granada del 70 – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

 Hay fechas que los regímenes intentan borrar de los calendarios y que, sin embargo, permanecen grabadas a fuego en la memoria de los pueblos. El 21 de julio de 1970 es una de ellas. Aquel día, en pleno centro de Granada, la policía franquista abrió fuego contra miles de trabajadores de la construcción que se habían concentrado pacíficamente para reclamar lo más elemental: un salario digno y una jornada de trabajo humana. El balance fue estremecedor: seis heridos y tres obreros muertos. Antonio Huertas Remigio, de 21 años. Manuel Sánchez Mesa, de 27 años. Cristóbal Ibáñez Encina, de 43 años. Tres nombres, tres vidas segadas por las balas de quienes, en teoría, debían proteger a los ciudadanos y que, en la práctica, actuaban como brazo armado de un régimen que solo entendía el lenguaje de la represión. Una huelga que desafiaba al miedo Granada llevaba más de tres décadas sin vivir un conflicto laboral de semejantes dimensiones. Desde el final de la Guerra Civil, el silencio impuesto por el terror había ahogado cualquier expresión de protesta colectiva. Pero en el verano de 1970, los obreros de la construcción granadina decidieron que ya era suficiente. Se negociaba entonces un nuevo convenio del sector, y las reivindicaciones no podían ser más razonables: una subida salarial hasta las 240 pesetas diarias, jornada de ocho horas, la abolición del destajo —ese sistema que exprimía a los trabajadores hasta la extenuación— y el fin de las horas extras que convertían la vida del obrero en una sucesión interminable de jornadas agotadoras. No pedían la revolución. Pedían poder alimentar a sus familias sin dejarse la salud y la vida en el andamio. Pedían tiempo para ver crecer a sus hijos. Pedían, en definitiva, ser tratados como seres humanos y no como bestias de carga al servicio del desarrollismo franquista. La respuesta del régimen fue la de siempre: plomo. 

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July 21, 3:00 PM
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Pajitas metálicas «antirradiación»: cuando la pseudociencia cuesta 50 dólares y la credulidad no tiene precio – Criminología

Pajitas metálicas «antirradiación»: cuando la pseudociencia cuesta 50 dólares y la credulidad no tiene precio – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it
Getting your Trinity Audio player ready... Un producto sin fundamento científico gana terreno en tiempos de desinformación Vivimos en una era donde la tecnología está omnipresente: smartphones, smart TVs, tablets, routers Wi-Fi… Son aparatos que nos acompañan a todas partes y que, según algunos vendedores de milagros, estarían envenenándonos lentamente. Es precisamente en ese caldo de cultivo de miedo e incertidumbre donde aparecen productos como las llamadas «pajitas metálicas antirradiación», comercializadas a precios que rozan los 50 dólares, con la promesa de que impedirán que los dispositivos electrónicos «contaminen el agua que bebes». Suena absurdamente absurdo. Y lo es. Pero, sorprendentemente, hay quienes pagan por ello. ¿Qué se supone que hacen estas pajitas? La propuesta es sencilla, y por eso resulta tan peligrosamente atractiva. Según sus defensores, estas pajitas metálicas (generalmente fabricadas con aleaciones que contienen tourmalina, germanio u otros minerales con fama pseudocientífica) tendrían la capacidad de «neutralizar» las radiaciones electromagnéticas emitidas por los dispositivos electrónicos. El argumento central es que las ondas electromagnéticas de telefonía móvil, Wi-Fi o Bluetooth contaminarían el agua que bebemos de alguna manera física o química, y que al beber a través de esta pajita, el agua quedaría «purificada» de dichas radiaciones. Permítanme ser claros: esto no tiene absolutamente ningún fundamento científico. La física básica que ignoran Para que una radiación electromagnética altere químicamente el agua que está dentro de un vaso, necesitaría una cantidad de energía extremadamente elevada. Las microondas, por ejemplo, calientan el agua porque operan a frecuencias específicas (2,45 GHz) con una potencia considerable. Pero las ondas de radio que usan nuestros teléfonos y routers tienen una potencia ínfima en comparación. Estamos hablando de milésimas de vatio por centímetro cuadrado, muy lejos de cualquier umbral que pueda provocar un cambio físico o químico significativo en una molécula de agua. Pero vayamos más allá. Incluso si pudiéramos aceptar, hipotéticamente, que esas ondas «contaminaran» el agua (lo cual no ocurre), ¿cómo podría una pajita metálica «descontaminarla»? Las ondas electromagnéticas no son una sustancia química que se pueda filtrar como quien depura un agua con carbón activado. Son campos que atraviesan la materia de formas específicas según su frecuencia, potencia y los materiales que encuentran a su paso. Una pajita metálica no tiene ninguna propiedad física que la permita «absorber» radiación electromagnética del entorno de manera selectiva ni «limpiar» un líquido de supuestas contaminaciones ondulatorias. La falacia de las palabras científicas Lo que hace exitoso a este tipo de productos es el uso estratégico de terminología científica descontextualizada. Palabras como «frecuencia», «vibración», «energía», «tourmalina», «iones negativos» o «campo biomagnético» aparecen en el prospecto del producto creando una falsa impresión de rigor. Es una técnica clásica de la pseudociencia: rodearse de vocabulario técnico para disfrazar la ausencia total de evidencia. La tourmalina, por ejemplo, es un mineral real con propiedades piezoeléctricas (genera una pequeña carga eléctrica bajo presión). Eso es un hecho científico. Pero de ahí a afirmar que una pajita con tourmalina puede filtrar radiación electromagnética del agua hay un abismo que ni la más generosa de las imaginaciones puede salvar. El germanio, otro mineral habitual en estos productos, tampoco posee ninguna propiedad demostrada que permita «neutralizar» ondas electromagnéticas. El negocio del miedo ¿Por qué alguien pagaría 50 dólares por una pajita que no hace nada? La respuesta está en el contexto social. Vivimos rodeados de información contradictoria sobre los efectos de las radiaciones electromagnéticas en la salud. Aunque la mayoría de los organismos científicos internacionales (OMS, ICNIRP, entre otros) han establecido que, a los niveles de exposición habituales, no hay evidencia de efectos nocivos, la duda persiste en amplios sectores de la población. Y donde hay miedo, hay negocio. Los vendedores de estas pajitas explotan precisamente esa incertidumbre. No necesitan demostrar que su producto funciona; solo necesitan que tú creas que podrías estar en peligro y que ellos tienen la solución. Es el mismo esquema que sostiene a las homeopatías, los cristales curativos, los pendientes desintoxicantes y un largo etcétera de productos pseudocientíficos que prosperan en la economía del miedo. Además, al fijar un precio elevado (50 dólares por una simple pajita metálica) se genera una ilusión de valor. Si fuera barata, el consumidor podría sospechar. Pero al costar lo mismo que una cena, el cerebro racionaliza que «algo importante debe tener» para valer tanto. El peligro real de la pseudociencia El problema no es solo el dinero desperdiciado, aunque eso ya es grave. El verdadero peligro radica en cómo este tipo de productos envenenan el debate público sobre ciencia y tecnología. Cuando aceptamos sin cuestionar que una pajita puede «protegernos» de la radiación, estamos aceptando una narrativa anticientífica que tiene consecuencias reales: personas que rechazan vacunas, que confían en remedios inútiles para enfermedades graves o que toman decisiones sobre su salud basándose en mitos. La pseudociencia no es inocua. Es una puerta de entrada a la desconfianza sistemática hacia el conocimiento verificado, y eso, a largo plazo, es una amenaza para cualquier sociedad. Conclusión: la mejor protección es el pensamiento crítico Si algún día te ofrecen una pajita metálica milagrosa por 50 dólares, recuerda una regla sencilla: si suena demasiado bueno para ser verdad, probablemente lo es. No necesitas filtrar tu agua de «radiaciones» que no la contaminan, con un producto que no tiene ningún mecanismo demostrado para hacerlo. La verdadera protección contra la pseudociencia no está en una pajita. Está en la educación científica, en el pensamiento crítico y en la costumbre de exigir evidencia antes de creer. Eso sí que no tiene precio. La ciencia no necesita pajitas mágicas. Solo necesita que hagamos preguntas. Fuente: La Ciencia y sus Demonios
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July 21, 11:01 AM
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No es la Luna, es el Sol: La ciencia tras el vínculo entre el calor extremo y la violencia – Criminología

No es la Luna, es el Sol: La ciencia tras el vínculo entre el calor extremo y la violencia – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

Durante siglos, la sabiduría popular ha atribuido el aumento de los comportamientos erráticos, las crisis nerviosas y los incidentes violentos a las fases de la Luna. El término «lunático», derivado de la influencia lunar, ha perdurado en el lenguaje cotidiano como una explicación casi mística para las noches caóticas. Sin embargo, la ciencia moderna, apoyada en décadas de datos meteorológicos y registros policiales, apunta a un culpable mucho más terrenal y, lamentablemente, cada vez más persistente: el calor extremo. No es la Luna, es el Sol. La evidencia empírica que vincula las altas temperaturas con el incremento de la violencia es sólida y creciente. En un mundo que atraviesa una crisis climática sin precedentes, donde las olas de calor son más frecuentes, intensas y duraderas, comprender este fenómeno ha dejado de ser una curiosidad académica para convertirse en una prioridad ineludible en el diseño de políticas públicas. El mecanismo biológico: ¿Por qué nos volvemos agresivos con el calor? Para entender esta correlación, debemos mirar primero hacia dentro: hacia nuestra biología. 

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July 21, 6:00 AM
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La vergüenza tóxica de Murcia: Bruselas corona el “milagro” de López Miras como la región europea más contaminada por nitratos – Criminología

La vergüenza tóxica de Murcia: Bruselas corona el “milagro” de López Miras como la región europea más contaminada por nitratos – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

En un nuevo y sonoro varapalo para la gestión ambiental del gobierno de Fernando López Miras, Bruselas ha situado a la Región de Murcia a la cabeza de las zonas europeas con mayor contaminación por nitratos de origen agrícola. El informe, elaborado por la Comisión Europea, no solo evidencia el fracaso de las políticas ambientales autonómicas, sino que también subraya la irresponsabilidad de un ejecutivo que, una y otra vez, antepone los intereses económicos de unos pocos a la salud pública y la sostenibilidad del territorio. Mientras el presidente murciano presume de cifras macroeconómicas y de su supuesta «gestión eficiente», los datos demuestran que Murcia se ha convertido en el epicentro europeo de un problema que envenena sus aguas, su suelo y, en última instancia, a sus ciudadanos. Un modelo agrícola insostenible: el costo del «éxito» La Región de Murcia es, sin duda, un referente en producción agrícola intensiva. Su modelo, basado en el regadío masivo, el uso descontrolado de fertilizantes químicos y la sobreexplotación de acuíferos, ha permitido que la huerta murciana alimente a media Europa. Sin embargo, este «éxito» tiene un precio: la saturación de nitratos en sus aguas subterráneas y superficiales, un problema que la Unión Europea lleva años advirtiendo sin que el gobierno autonómico tome medidas efectivas. Los nitratos, procedentes principalmente de abonos nitrogenados, son responsables de la contaminación de acuíferos, la eutrofización de ríos y embalses, y graves riesgos para la salud humana, como la metahemoglobinemia en bebés o el aumento del riesgo de cáncer gástrico. Pese a ello, López Miras ha preferido mirar hacia otro lado, permitiendo que la situación se agrave hasta el punto de que, hoy, Murcia lidera el ránking europeo de esta forma de contaminación. 

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July 20, 3:00 PM
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El 20 de julio en Colombia: El pulso de Petro en las calles y la polarización alimentada por el extremismo discursivo – Criminología

El 20 de julio en Colombia: El pulso de Petro en las calles y la polarización alimentada por el extremismo discursivo – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

El 20 de julio, fecha en la que Colombia conmemora su Grito de Independencia, no será únicamente un día de desfiles militares y actos protocolarios. El presidente Gustavo Petro ha decidido convertir esta jornada, de profundo calado histórico e institucional, en un nuevo termómetro de su capital político. A través de sus redes sociales, el mandatario ha convocado a la ciudadanía a una gran movilización nacional. El objetivo, según se ha reportado en diversos medios y portales como Nodal, es defender en las calles las reformas sociales (salud, pensión, laboral y educación) que su Gobierno impulsa y que han enfrentado un duro camino en el Congreso de la República. Esta estrategia de apelar al «constituyente primario» no es nueva en Petro. Ante la falta de mayorías consolidadas en el legislativo y el hundimiento o estancamiento de varias de sus propuestas bandera, el presidente busca trasladar la presión política desde los pasillos del Capitolio hacia las plazas públicas. Es un movimiento audaz, pero también arriesgado, que busca demostrar que, a pesar del desgaste natural de estar en el poder, su proyecto político aún conserva la capacidad de movilizar a las bases populares que lo llevaron a la Casa de Nariño. Sin embargo, este llamado a las calles se produce en un clima de extrema crispación política. Colombia atraviesa un momento de profunda polarización donde los matices han desaparecido, dejando el debate público a merced de los extremos. Y es precisamente en este ecosistema de confrontación donde figuras de la oposición han encontrado un terreno fértil para sembrar un discurso que, lejos de enriquecer la discusión democrática, la empobrece. En este contexto, resulta necesario ejercer una mirada crítica sobre el papel que juegan ciertos actores de la derecha colombiana, siendo el abogado y empresario Abelardo De la Espriella uno de sus exponentes más ruidosos. Ante coyunturas como la marcha del 20 de julio, el discurso de figuras como De la Espriella merece ser analizado no desde la simple discrepancia ideológica, sino desde el impacto que su retórica tiene en la salud democrática del país. El estilo político de De la Espriella se ha caracterizado por una estridencia calculada. Su forma de hacer oposición rara vez se centra en el debate técnico, en la disección de los artículos de las reformas de Petro o en la presentación de contrapropuestas estructuradas que solucionen las falencias históricas del sistema de salud o pensional colombiano. Por el contrario, su estrategia se basa en el ataque personal, la hipérbole y la explotación del miedo. Al catalogar constantemente cualquier iniciativa gubernamental bajo el fantasma del «castrochavismo» o el comunismo absoluto, De la Espriella anula la posibilidad de un debate racional. Su retórica, a menudo cargada de adjetivos descalificativos y una puesta en escena que roza el espectáculo, parece estar más orientada a consolidar una marca personal y a alimentar la indignación visceral de un sector de la población, que a ejercer un contrapeso institucional serio. Recientemente, sus coqueteos con una posible candidatura presidencial han dejado en evidencia que su agresividad discursiva frente a eventos como el del 20 de julio es, en gran medida, una plataforma de autopromoción populista de derecha. La paradoja de este tipo de oposición radical es que, en última instancia, termina siendo funcional a la narrativa del propio presidente Petro. Cuando el debate se reduce a los insultos o a las amenazas veladas que a menudo destilan las intervenciones de De la Espriella, el Gobierno encuentra la justificación perfecta para atrincherarse en su posición. Si el opositor se presenta como un defensor del establecimiento más conservador y excluyente, Petro tiene más facilidad para argumentar ante sus bases, precisamente este 20 de julio, que las élites tradicionales intentan bloquear cualquier intento de justicia social, validando así su llamado a la resistencia en las calles. El país queda entonces atrapado en un fuego cruzado. Por un lado, un Gobierno que, ante la frustración legislativa, recurre a la movilización permanente, tensando la cuerda institucional y gobernando desde el balcón. Por otro, una oposición liderada por figuras como De la Espriella, que confunden la firmeza con la altanería y el debate con el linchamiento mediático. Este tipo de liderazgo opositor no busca persuadir, sino aplastar; no busca construir un proyecto de país alternativo, sino rentabilizar políticamente el rechazo visceral hacia el mandatario de turno. El 20 de julio coincidirá con la instalación de una nueva legislatura en el Congreso. Los congresistas estarán sentados en sus curules mientras, afuera, las marchas convocadas por el presidente medirán el pulso de la calle. Lo que Colombia necesita en esta coyuntura crítica es un debate maduro sobre el contenido de las reformas. Se requiere una oposición que fiscalice con rigor, que exija cuentas claras y que proteja las instituciones, pero que lo haga con argumentos y altura intelectual. El modelo de oposición que encarna Abelardo De la Espriella, basado en la polarización extrema, el mesianismo y la espectacularización de la política, es un flaco favor a la democracia colombiana. Convertir la crisis política en un show de vanidades solo profundiza las grietas de una nación que requiere, con urgencia, consensos mínimos para avanzar. Mientras los discursos incendiarios sigan marcando la pauta, tanto desde las tarimas gubernamentales como desde los atriles de la extrema derecha, el verdadero perdedor seguirá siendo el ciudadano de a pie, aquel que espera soluciones reales más allá del ruido y la furia de sus dirigentes.

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July 20, 11:00 AM
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El bufón digital y el triunfo de la anti-intelectualidad: Por qué El Xokas es el síntoma, no la enfermedad – ¡Toca comer!

El bufón digital y el triunfo de la anti-intelectualidad: Por qué El Xokas es el síntoma, no la enfermedad – ¡Toca comer! | Rafael Barzanallana | Scoop.it
En el ágora digital del siglo XXI, donde la atención es la moneda más valiosa y el algoritmo el tirano que la reparte, se ha erigido un nuevo Olimpo de divinidades erráticas. No son sabios, ni científicos, ni pensadores, ni artistas. Son, en su mayoría, lo que antaño llamábamos, con sorna rural y precisión antropológica, los tontos del pueblo. El arquetipo es fácilmente reconocible para cualquiera que haya vivido en una comunidad pequeña: ese personaje que, amparado en su ignorancia militante, pontifica sobre cualquier asunto con la seguridad aplastante de quien jamás ha sido rozado por la duda metódica. La gran tragedia de nuestro tiempo es que la tecnología no solo ha secuestrado la plaza pública, sino que ha colocado a este arquetipo en su centro, le ha puesto un micrófono de alcance planetario y lo ha ungido como líder de opinión. Dentro de esta galería de esperpentos, ningún espécimen es más representativo y sintomático que Joaquín Domínguez, alias El Xokas. Su imperio no es solo el de un streamer; es el monumento grotesco al auge de los tontos con altavoz. El misterio sociológico que merecería una tesis doctoral es cómo hemos transitado de una sociedad que, con todos sus defectos, aún respetaba la trayectoria, el conocimiento y la especialización, a una turba digital que desprecia al experto y se arrodilla ante el charlatán que grita más fuerte. La respuesta, aunque compleja, encuentra en El Xokas su perfecto caso de estudio. Su figura es un cóctel perfecto de narcisismo, populismo de barra de bar y una profunda aversión al rigor intelectual, todo ello envuelto en un personaje que monetiza su propia desfachatez. No es un ignorante a pesar de su éxito; es un ignorante que ha hecho de su ignorancia su principal producto de mercado. Su audiencia, una legión de jóvenes desencantados, no le sigue a pesar de sus burradas; le siguen precisamente por ellas. En la comunidad del Xokas, la falta de formación no es una carencia, sino un carnet de autenticidad. Observemos su modus operandi. No opina, vomita. No debate, imposta un tono de suficiencia chillona donde el volumen suple la falta de argumentos. Su repertorio es el del cuñado digital elevado a la máxima potencia: sentencias absolutas sobre economía, geopolítica, salud y ciencia que harían sonrojar a un estudiante de secundaria. Lo que resulta aterrador, y es aquí donde reside el núcleo del problema, no es que él diga salvajadas, sino el mecanismo de blindaje que opera en su comunidad. Si un académico, un científico o un periodista señala su error, la horda responde con el mantra de la era posverdad: «es solo su opinión», «estáis atacando al pueblo» o, la más dañina de todas, «al menos él es auténtico, no como los vendidos». Se ha creado una moneda de cambio en la que la «autenticidad», entendida como la falta de filtros y de pudor intelectual, vale más que la evidencia empírica. Este fenómeno implica una perversión profunda del concepto de igualdad. Las redes sociales han demolido las barreras de entrada al discurso público, lo cual en principio es democrático, pero el resultado ha sido una distorsión grotesca: la equiparación de todas las opiniones. En el ecosistema de El Xokas, la opinión de un virólogo con 30 años de investigación sobre una vacuna tiene el mismo peso, o menos, que su «pálpito» visceral emitido frente a millones de personas mientras abre sobres de cromos. Esta falsa horizontalidad epistémica es gasolina para el resentimiento anti-intelectual. El Xokas no empodera a la gente; los embrutece dándoles una excusa para justificar su propia pereza cognitiva. Les susurra al oído: «No necesitas leer, no necesitas estudiar, no necesitas pensar; con sentir y gritar, basta». Es el gurú de la autoindulgencia para una generación criada en la inmediatez del like y la rabia del hate. La construcción de su personaje es, además, la destilación perfecta de la masculinidad tóxica digital. Su comunicación no es solo agresiva; está basada en la intimidación constante, en la humillación del que se percibe como débil o diferente, y en un materialismo chabacano donde el valor del ser humano se mide por los coches de lujo, los relojes ostentosos y la capacidad de aplastar económicamente al adversario. No hay espacio para la sensibilidad, la duda o la introspección; todo es imposición, reto y fanfarronería. Esta caricatura de hombre exitoso cala de manera tóxica en audiencias que ven en esa agresividad un modelo a seguir. El tonto de pueblo ya no solo es el que sabe de todo sin haber abierto un libro, sino el que se impone por la fuerza bruta, ya sea física o digital, del acoso en manada. Lo más inquietante es que esta jibarización intelectual no es un mero entretenimiento inocuo. Tiene consecuencias materiales. Cuando este personaje, con su halo de «tío sincero que dice las cosas claras», decide arremeter contra un medio de comunicación que le critica, llamando a sus seguidores a «darles caña» para silenciarlo, está ejecutando una censura por aclamación, un matonismo digital que erosiona los fundamentos del debate público. Su poder no es institucional, pero sí es profundamente antidemocrático. Utiliza su audiencia como un ariete, un ejército privado de zumbados digitales que confunden el disenso con la herejía y al crítico con un enemigo a abatir. Es la tiranía del me gusta y la cancelación orquestada por el que grita más. No es un paladín de la libertad de expresión; es un enterrador de la misma, porque solo la defiende para sí mismo y los suyos. La culpa, por supuesto, no es solo del bufón, sino de la arquitectura del circo. Las plataformas como Twitch o YouTube se frotan las manos con este tipo de creadores porque la polémica, el drama y la visceralidad generan una retención y un engagement que la divulgación serena jamás podrá alcanzar. El algoritmo adora a los tontos. Son la máquina perfecta de generar horas de visualización, reacciones y contenido derivado. Se ha creado un bucle de retroalimentación perverso donde el sistema premia económicamente la estupidez y penaliza, con la invisibilidad, la complejidad. Entonces, ¿en qué momento exacto empoderamos al tonto del pueblo? No fue un estallido súbito, sino una erosión lenta. Coincidió con la muerte de los grandes relatos, el desprestigio de las élites culturales, la precarización que dejó a millones de jóvenes sin un futuro tangible y el auge de un entretenimiento que ya no aspira a elevar, sino a reflejar y amplificar las peores pulsiones. El Xokas no creó este páramo de escombros culturales; simplemente llegó, vio que el terreno estaba abonado para el matón que se hace el gracioso, y construyó su imperio sobre él. Es el empresario del caos, el broker de la rabia simplista. El problema no es que exista un El Xokas. El verdadero escalofrío es que tenga una audiencia millonaria que lo escucha con devoción, que lo defiende con ferocidad religiosa y que aspira a replicar su modelo de «éxito». Son los nuevos desheredados de la inteligencia, convencidos de que la cultura es un instrumento de dominación de élites amargadas y que la verdadera sabiduría reside en el grito pelado y la lágrima fácil de quien «no se corta». Mientras el algoritmo siga recompensando al necio y castigando al sabio, mientras la masa confunda la mala educación con sinceridad y el exabrupto con valentía, la era de los tontos con altavoz no habrá hecho más que empezar. Y El Xokas, mientras tanto, seguirá en su trono, abriendo sobres, dando lecciones de vida y demostrando que, en la batalla por la atención, el combate entre la neurona y el decibelio lo tiene perdido la neurona desde el minuto uno. Es el triunfo del ruido sobre la palabra, de la reacción sobre la reflexión; en definitiva, el triunfo del tonto de pueblo que ahora, tristemente, es el emperador de la aldea global. Generado por Deepseek v4 pro
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July 20, 5:00 AM
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Atrapados en la aceleración: el punto ciego que une a Los Álamos con Silicon Valley – Criminología

Atrapados en la aceleración: el punto ciego que une a Los Álamos con Silicon Valley – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

La historia de la tecnología suele narrarse como una sucesión de descubrimientos extraordinarios. Desde el dominio del fuego hasta la inteligencia artificial, la humanidad ha ampliado sin descanso su capacidad para transformar el mundo. Sin embargo, detrás de ese relato de progreso existe una constante menos celebrada: nuestra facilidad para construir herramientas poderosas y nuestra dificultad para anticipar todas sus consecuencias. Entre Los Álamos, cuna de la bomba atómica, y Silicon Valley, epicentro de la revolución digital, se extiende una misma pregunta: ¿por qué desarrollamos tecnologías cuyo impacto apenas somos capaces de imaginar? Los Álamos simboliza uno de los momentos más dramáticos de esa contradicción. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Proyecto Manhattan reunió a algunos de los mejores científicos de su tiempo con un objetivo urgente: fabricar un arma nuclear antes de que la Alemania nazi pudiera hacerlo. La investigación estuvo impulsada por el miedo, la competencia militar y la sensación de que no había alternativa. El desafío científico era inmenso, pero estaba claramente definido. Había que liberar la energía del átomo de manera controlada —o, más exactamente, controlada hasta el instante de la explosión— y convertir el conocimiento teórico en una fuerza destructiva sin precedentes. El proyecto tuvo éxito en términos técnicos. 

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July 19, 4:00 PM
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La geología oculta tras el Día D: cómo el terreno de Normandía marcó el destino de la invasión – Criminología

La geología oculta tras el Día D: cómo el terreno de Normandía marcó el destino de la invasión – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

 El 6 de junio de 1944 más de 130000 soldados aliados desembarcaron en las playas de Normandía en lo que sería la mayor operación anfibia de la historia. Aquella jornada, conocida como el Día D, suele narrarse desde la perspectiva militar, estratégica y humana. Sin embargo, existe un protagonista silencioso que rara vez ocupa el centro de los relatos: la geología. La naturaleza del terreno, la composición de las playas, las mareas y la estructura de los acantilados influyeron de manera decisiva en cómo se desarrolló la invasión y, en última instancia, en su éxito. Un litoral elegido con criterios científicos La elección de Normandía como escenario del desembarco no fue casual ni se basó únicamente en consideraciones tácticas relacionadas con la distancia respecto a Inglaterra o las defensas alemanas. Los planificadores aliados necesitaban playas capaces de soportar el peso de vehículos pesados, tanques, camiones y miles de soldados sin que estos quedaran atascados. Para ello recurrieron a estudios geológicos detallados del fondo marino y de la arena costera. El tipo de sedimento resultaba fundamental. Una playa demasiado fangosa o con arena excesivamente fina podría haber convertido el desembarco en una trampa mortal, inmovilizando los blindados antes incluso de alcanzar tierra firme. Por el contrario, un sustrato demasiado rocoso habría dañado las embarcaciones de desembarco. Los cinco sectores elegidos —Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword— presentaban características diversas que obligaron a adaptar la estrategia a cada caso particular. Los espías geólogos y el barro de las turberas Uno de los episodios más fascinantes de la preparación del Día D tiene que ver con el temor a que ciertas zonas costeras ocultaran capas de turba o arcilla blanda bajo la arena. Estas formaciones, restos de antiguos pantanos o bosques sumergidos, podían comprometer gravemente la capacidad de carga del terreno. Para resolver esta incógnita, los aliados organizaron misiones de reconocimiento clandestinas. Pequeños equipos de buceadores y especialistas se acercaban de noche a las playas ocupadas para extraer muestras de arena y sedimentos. Estas muestras eran analizadas posteriormente por geólogos que evaluaban su composición y resistencia. 

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July 19, 11:00 AM
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El aval europeo a la amnistía: cuando la toga se confunde con la trinchera – Criminología

El aval europeo a la amnistía: cuando la toga se confunde con la trinchera – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la ley de amnistía aprobada en 2024 ha llegado con la fuerza de un jarro de agua fría para quienes, desde diferentes trincheras, habían convertido esta norma en el símbolo del supuesto fin de la democracia española. Lo que el TJUE ha dictaminado es, en realidad, una obviedad jurídica que muchos se negaban a aceptar: la amnistía a los líderes y activistas del procés catalán no es un secuestro de la democracia, sino un «instrumento adecuado» con el legítimo «objetivo de reconciliación nacional». Para esto existen las amnistías Conviene recordar algo elemental que el ruido político y mediático de los últimos años ha tratado de sepultar: las amnistías son una herramienta legítima que forma parte del arsenal democrático de los Estados de derecho. Se puede estar a favor o en contra de ellas —es perfectamente razonable discrepar sobre su oportunidad política—, pero negar su encaje jurídico es otra cosa muy distinta. La amnistía de 2024, aprobada tras una tormenta política considerable y que liberó de sus causas a más de 400 personas, ha superado ahora el examen del máximo tribunal europeo. El TJUE, a través de dos sentencias, ha confirmado que esta norma respeta el concepto y los márgenes que la Unión Europea establece para su aplicación. No es un cheque en blanco a cualquier amnistía imaginable, sino un reconocimiento de que esta amnistía concreta cumple con los estándares exigibles. La diferencia es sustancial y desmonta el relato apocalíptico que se había instalado en buena parte de la derecha política, mediática y judicial. La incómoda cuestión del activismo judicial Aquí es donde la sentencia adquiere una dimensión que trasciende lo estrictamente jurídico. Durante meses hemos asistido a un espectáculo inédito en una democracia consolidada: magistrados manifestándose a las puertas de los juzgados, asociaciones judiciales emitiendo comunicados de tono claramente político y resoluciones del Tribunal Supremo que parecían más interesadas en obstaculizar la aplicación de la ley que en interpretarla de buena fe. El resultado de esa estrategia dilatoria es que unos 90 casos seguían pendientes de aplicación cuando llegó el pronunciamiento europeo. Los jueces que se hacían los remolones —esa es la expresión exacta— confiaban en que Luxemburgo les daría la razón y tumbaría la norma. No ha sido así. La sentencia europea les obliga ahora a aplicar la amnistía en esos casos que mantenían artificialmente congelados. Es difícil no ver en esto una bofetada jurídica a quienes han ejercido el activismo con la toga puesta. Un juez tiene todo el derecho a discrepar de una ley y, si alberga dudas sobre su constitucionalidad o su encaje con el derecho europeo, tiene mecanismos para plantearlas: la cuestión prejudicial ante el TJUE o la cuestión de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional. Lo que no puede hacer un magistrado es sustituir al legislador, ni convertir su desacuerdo político en resoluciones que retuercen la interpretación jurídica hasta límites difícilmente justificables. La independencia judicial es un valor sagrado, pero precisamente por eso no debe confundirse con la militancia. Cuando un juez se manifiesta en la calle contra una ley que después tiene que aplicar, la línea que separa la función jurisdiccional de la acción política se difumina peligrosamente, y con ella la confianza ciudadana en la imparcialidad de la justicia. El cuento no ha terminado Ahora bien, sería un error caer en el triunfalismo. La sentencia europea no significa que Carles Puigdemont pueda regresar hoy mismo a España, ni que Oriol Junqueras pueda presentarse mañana a unas elecciones. En estos casos concretos, la situación es más compleja porque afectan a delitos —como la malversación— sobre los que la interpretación ha sido especialmente restrictiva por parte del Supremo. El siguiente paso corresponde al Tribunal Constitucional, que deberá apoyarse en la doctrina del TJUE para, previsiblemente ya en otoño, revocar una decisión del propio Tribunal Supremo que bloqueaba la aplicación de la amnistía en estos supuestos. Aquí se abre un interrogante inquietante: ¿aceptará el Supremo el criterio del Constitucional sin resistencia, o volverá a revolverse una última vez? La pregunta no es retórica. La trayectoria reciente de determinados sectores de la judicatura invita a la cautela. Sería profundamente dañino para la salud institucional del país que asistiéramos a un nuevo pulso entre tribunales, con el Supremo intentando esquivar tanto la doctrina europea como la constitucional. Ese escenario no solo prolongaría la incertidumbre jurídica, sino que confirmaría los peores temores sobre la politización de ciertas instancias judiciales. Una lección de europeísmo Resulta paradójico que quienes durante años han presumido de europeísmo militante se encuentren ahora incómodos con una sentencia del máximo tribunal de la Unión. El TJUE no es sospechoso de connivencia con el independentismo ni con el Gobierno español. Su pronunciamiento se limita a aplicar el derecho europeo con la frialdad técnica que se le presume. La amnistía guste o no —y es legítimo que no guste— ha superado el filtro más exigente. Toca ahora aplicarla, cerrar heridas y demostrar que la reconciliación no era una palabra vacía. Y toca, sobre todo, que quienes visten la toga recuerden que su deber es servir a la ley, no combatirla desde la calle. Generado por Claude opus 4.8

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July 19, 4:00 AM
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«Nos mandan a una clínica cuando más vulnerables estamos»: la lucha por un aborto digno en la sanidad pública – Criminología

«Nos mandan a una clínica cuando más vulnerables estamos»: la lucha por un aborto digno en la sanidad pública – Criminología | Rafael Barzanallana | Scoop.it

 La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) es un derecho reconocido en España desde hace más de una década. Sin embargo, el ejercicio real de ese derecho continúa tropezando con obstáculos que revelan hasta qué punto la teoría legal y la práctica sanitaria caminan por sendas distintas. La reciente movilización de la Plataforma de Embarazadas Expulsadas de la Sanidad Pública ha vuelto a poner el foco sobre una realidad incómoda: que en amplias zonas del país las mujeres son derivadas sistemáticamente a clínicas privadas para abortar, en lugar de ser atendidas en la red hospitalaria pública que, en teoría, debería garantizar este servicio. Un derecho externalizado La denuncia de la plataforma es tan sencilla como demoledora: reclama a la Consejería de Salud que no renueve los contratos con clínicas privadas y exige que las intervenciones se realicen íntegramente en los hospitales públicos. Detrás de esta petición hay un problema estructural que las administraciones han preferido no afrontar durante años. La externalización del aborto se ha convertido en la norma, no en la excepción, en comunidades enteras donde el sistema sanitario público ha renunciado, de facto, a prestar un servicio que la ley le obliga a ofrecer. 

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