Vivimos una realidad cambiante, que va muy por delante del Derecho y de la capacidad de reacción del sistema, en la que ni siquiera los hackers –más precisamente los crackers– son ya los de antes, cuando se dedicaban básicamente a hacer “cibergamberradas”. Ahora se desenvuelven en un escenario casi apocalíptico, aunque por desgracia muy real, de guerras y pandemias, y sintiéndose cómodos dentro de este caos son capaces de la más tremenda destrucción: acceso a información de carácter médico, a nuestras tarjetas de crédito, ataques a los sistemas informáticos de empresas, Administraciones Públicas, y por supuesto equipos particulares… Estos accesos son ilegítimos, ilegales y, en muchos casos, delictivos (estafas, amenazas, difusión, revelación o cesión ilegal de datos…). Y muy reales, pues ya son numerosos los casos de ataques llevados a cabo con éxito. ¿Qué podemos hacer para frenarlos?