Es muy complicado desenvolverse en una sociedad en la que los algoritmos cada vez están más presentes, si no somos capaces de comprenderlos. Y no me refiero a las tradicionales competencias digitales, ni tampoco a la programación avanzada. Al igual que saber leer y escribir fue fundamental para la autonomía personal o el ejercicio de la ciudadanía plena, en este tiempo en el que la inteligencia artificial estará en todas partes, la alfabetización algorítmica será la que nos permita seguir siendo libres. De lo contrario, habrá dos clases de personas, los que pueden usar los algoritmos y los que son usados por ellos.
La ciudadanía digital hacia la que caminamos requiere educarnos en este nuevo contexto en el que las frases han sido sustituidas por líneas de código. Los sistemas automatizados se extienden rápidamente. Cada vez deciden o influyen en más aspectos de nuestras vidas. Es un espacio aún opaco, invisible. Hay un desconocimiento generalizado sobre qué son, dónde se usan, para qué y cuáles son sus impactos. Tampoco hay, de momento, auditorías o estándares que garanticen su calidad.