Los expertos consultados apuntan a que los criterios para definir qué está cumplido y qué no deberían ser claros y objetivos, y que un organismo independiente verifique si se han alcanzado o no
Por Andrea Real
Mejorar la vida de los españoles, reducir el desempleo o invertir en nuevas infraestructuras de transporte. Estas son algunas de las promesas que el Gobierno plantea en su rendición de cuentas que están en proceso de cumplirse o que, según ellos mismos, ya han conseguido. Sin embargo, se tratan de objetivos abstractos, más que de acciones concretas y verificables.
Durante la última rendición de cuentas, el 27 de diciembre, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció su intención de “incorporar este mecanismo de evaluación y de dación de cuentas a la próxima reforma de la Ley de Transparencia para institucionalizar este ejercicio de rendición de cuentas. Para que todos los gobiernos que vengan en el futuro también se vean mandatados, obligados a tener que hacer este ejercicio de rendición de cuentas”