“Sin productos químicos”, “Sin porquerías”, “Sin aditivos”, “Sin conservantes”, “Sin colorantes”… desde hace años la industria alimentaria utiliza numerosos mensajes quimiofóbicos para aumentar sus ventas. La estrategia es clara: inculcar en la sociedad la idea de que los productos químicos pueden ser peligrosos y convencer al consumidor para que compre alimentos de su marca porque, supuestamente, no lleva ingredientes químicos. He de reconocer que las empresas alimentarias han conseguido su objetivo. A pesar de que la química forma parte de nuestro a día a día la mayoría de la población española rechaza los productos químicos por culpa, principalmente, del bombardeo continuo de mensajes quimiofóbicos en la publicidad de alimentos.
De vez en cuando aparecen por mi facebook imágenes como esta, y me pregunto qué estamos haciendo mal los químicos tóxicos… Quiero decir, es obvio que un plátano es más sano que una Coca-cola Zero, pero de ahí a decir que la última se trata de un químico tóxico me parece que hay un abismo.
Contaminación, drogas y venenos. Cuando pensamos en química acuden a nuestra mente ideas negativas y productos perjudiciales para nuestra salud. Diferenciamo...
El potasio está en la ceniza. / JAMES KENNEDY - MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ Los huevos que comes tienen ácido octadecadienoico. Los plátanos, E-306 (tocoferol). Los arándanos, hexanal, alfa-terpinaol, benzaldehído y hasta etil-3-metilbutanoato. ¿Vas a morir pronto por intoxicarte con estos malignos compuestos? Por desgracia para tus enemigos, no. Todos esos ingredientes...
Llevo tiempo sin escribir sobre uno de los grupos de alimentos que más polémica levantan: los ecológicos. Sin embargo, ayer noche ocurrieron dos hechos que me han obligado a volver a las andadas.
Muchas de las charlas divulgativas que he impartido sobre la Químiofobia atribuyen el origen de esta manía a imperdonables fallos de la industria química, a destructoras estrategias militares y a la influencia del libro publicado por Rachel Carson en 1962, titulado "The silent spring", en el que, sobre todo, arremetía contra los efectos del uso indiscriminado del DDT. El libro se convirtió en un símbolo de las vanguardias americanas de los sesenta del siglo pasado que, con la guerra de Vietnam y otras cuestiones, generaron un caldo de cultivo contra la Química que aún perdura. Pero me parece que, desde este otoño, el inicio de la Quimiofobia lo voy a llevar un poco más atrás.
Sorprendido, cabreado, indignado, encabronado… estos son los términos más suaves que he encontrado para describir el estado de ánimo que se me quedó cuando leí la opinión que tiene la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre los aditivos y que ustedes pueden leer en este enlace. Les aseguro que estoy cansado de escribir sobre la quimiofobia, pero también entiendo que no puedo quedarme de brazos cruzados cuando observo como organizaciones, que se supone que velan por la salud de los consumidores, dicen verdaderas atrocidades que pueden crear un pánico injustificado en el campo de la seguridad alimentaria.
¿Qué, cómo se os ha quedado el cuerpo? Supongo que para estas alturas habréis llegado a la conclusión de que el alimento cuya composición viene detallada en el listado de la imagen con la que abro esta entrada tiene muy poco de natural y que conviene no consumirlo, o como mucho permitírselo de manera esporádica.
Es el momento de poner la imagen completa, la que viene con la foto del producto en cuestión:
¿Nunca reutilizas las botellas de agua de plástico por miedo a contaminarte? ¿Evitas desodorantes que contienen sales de aluminio o parabenos? ¿Crees que los aditivos alimentarios producen cáncer? ¿Evitas los edulcorantes por miedo? ¿Te genera ansiedad cuando te dicen que vives rodeado de monóxido de dihidrógeno?...
Pero lo que yo quiero preguntarme es ¿cual es la base, tanto del éxito de la quimiofobia como márketing, como del auge de ridículos negocios como la homeopatía?. Creo que la respuesta puede estar en un sistema de educación secundaria destructivo para nuestra ciencia. Yo muchas veces digo que me hice químico y científico a pesar del sistema educativo y la presión social. Y tengo la sensación de que el problema va a peor.
Hasta hace unos pocos días, yo pensaba que el Flan Chino Mandarín era una cosa del pasado, solo en la memoria de sesentones que, como yo, recuerdan los flanes de nuestras madres, hechos con unos sobres cuyo contenido se ponía a hervir con leche y que los niños de la época nos comíamos con deleite en un santiamén. Pero una historia que he leído en la revista alemana Chemie in Unserer Zeit (La Química en Nuestro Tiempo) me ha hecho rebuscar un poco y encontrarme con la sorpresa de que el Mandarín sigue vivito y coleando, aunque ahora bajo el pastoreo de la marca alemana Dr. Oetker, que comercializa muchas cosas en España. Una alucinante historia que, por cierto, tiene que ver con el asunto de la vainilla natural o artificial que vimos hace poco.
He dedicado muchos posts a denunciar el marketing pseudocientífico con el que muchas empresas intentan aprovecharse de la confianza que la ciencia inspira en el consumidor para intentar ganar cuota de mercado atribuyendo a sus productos, mediante el uso de la jerga científica, absurdas propiedades que no han sido demostradas científicamente. Por otra parte, también he publicado varias entradas criticando el uso de la quimiofobia en la publicidad de los productos alimenticios y de cosmética para infundir en la sociedad determinados temores sobre los productos químicos sin ningún fundamento.
Vivimos tiempos de quimiofobia. A la vez que buscamos la tecnología más puntera, en el ámbito de la comida la rechazamos, y preferimos la comida “hecha por la abuela”, “natural”, “orgánica”, “biológica”. Sin embargo, lo natural no es necesariamente más saludable que lo químico. De hecho, la diferencia entre natural y químico es difusa.
La química nos rodea... está en todas partes. Sin embargo, la gente le teme. Un eminente científico hace un mea culpa en este artículo especial para los lectores de la BBC.
Cuando veo con la vehemencia que se ataca o se defiende un concepto o un sector, me suelo poner en guardia, pues si algo he aprendido, es que las cosas no son ni totalmente blancas ni totalmente negras y generalmente dudo de las opiniones absolutas del signo que sean.
Desde la salida al mercado del primer producto cosmético publicitado como 0% químicos otros muchos se han sumado a este estilo. Parece que este tipo de publicidad tiene gancho. Lo químico se nos presenta sin ningún reparo como lo contrario de lo natural, y lo natural ya sabemos que convence, y mucho. ¿Existe realmente una diferencia entre lo natural y lo químico? Rotundamente no.
La quimiofobia es el miedo irracional a las sustancias químicas, olvidando que todo el universo, incluidos nosotros, está hecho de sustancias químicas. Algo que nos recuerda este resumen -incompleto- de los ingredientes que tiene una manzana. Recuérdelo la próxima vez que le hablen de los "números E" y de otras sustancias tratando de provocarle temor o rechazo.
Todos los seguidores de este blog saben que un servidor tiene, entre otros, dos objetivos claramente definidos: la lucha contra la quimiofobia y la denuncia del marketing pseudocientífico.
¿Por qué hoy, precisamente hoy, me has hecho esto? Sabes perfectamente que llevo luchando mucho tiempo contra laquimiofobia que se está instaurando peligrosamente en nuestro país y llegas tú, el 17 de enero, precisamente el 17, y escribes uno de los alegatos más quimiofóbicos y delirantes que he leído últimamente.
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