Temàticas ecològicas literarias.
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Los tuyos, los míos, los nuestros… y como no morir en el intento

Los tuyos, los míos, los nuestros… y como no morir en el intento | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Una familia ensamblada o reconstituida, es una familia en que uno o ambos miembros de la pareja, tiene uno o más hijos de una relación anterior.
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Una sentencia impone a un padre la custodia compartida contra su voluntad

Una sentencia impone a un padre la custodia compartida contra su voluntad | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Un tribunal ha dictado una sentencia pionera al imponer a un padre la custodia compartida de sus hijos en contra de su voluntad, ante la imposibilidad de la madre de ocuparse de ellos en solitario debido a la discapacidad de uno de los menores. Hasta entonces, la custodia compartida se había visto siempre como un derecho del padre de poder disfrutar de sus hijos con la misma asiduidad e implicación que la madre. Sin embargo, esta sentencia refleja que no se trata tan sólo de un derecho sino de un deber que debe asumir el otro progenitor. La madre se encontraba desbordada Según informa el Diario de Córdoba, cuando se tramitó el divorcio de la pareja se otorgó la custodia de los dos hijos a la madre. Pero con la entrada en la adolescencia (actualmente los niños tienen 14 y 16 años), la discapacidad que padece uno de los hijos se ha visto agravada, y la mujer ha pedido ayuda ante el agotamiento que le suponía la atención especial y dedicación constante que su hijo necesitaba. "Además de la dedicación y cuidados permanentes de los hijos, tenía que atender sus obligaciones laborales, lo que le resultaba ya casi imposible, puesto que se le unió la pérdida del apoyo de sus padres para ayudarla a cuidar de los nietos, a causa de una desgraciada enfermedad" - explica la vicepresidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (Aeafa), uno de cuyos abogados ha representado a la mujer. Así que la madre solicitó ayuda a su ex-pareja pidiéndole la custodia compartida, pero el padre se negó a ello. Inicialmente, el Juzgado de primera instancia dictó una sentencia en donde se mantenía la custodia materna y se obligaba al padre a incrementar en 75 euros la pensión del hijo. Pero para esta madre no se trataba de un tema económico sino de una mayor implicación y ayuda, por lo que finalmente, fue la Audiencia Provincial de Córdoba quien impuso al progenitor la custodia compartida por semanas alternas, en contra de su voluntad. Es la primera vez que ocurre algo así Es la primera vez que una sentencia impone a un padre la custodia compartida en contra de su voluntad, y para la Aeafa es sin duda un gran paso adelante, ya que en este caso concreto la madre se enfrentaba a un problema familiar cuyo deber tiene que recaer en ambos progenitores por igual. Hasta ahora, los tribunales entendían que si el padre se negaba a cuidar de sus hijos difícilmente se le podía obligar a ello, y así se vio en dos sentencias similares de la Audiencia de Valencia y de un juzgado de Madrid. En ambos casos, las madres solicitaban mayor implicación de sus ex-parejas para el cuidado de sus hijos enfermos y con autismo, respectivamente, pero los tribunales no impusieron a los padres la custodia compartida que reclamaban las mujeres. Custodia compartida, ¿deber u obligación? Lo cierto es que hace unos años era raro encontrar padres que solicitaran la custodia compartida de sus hijos al divorciarse, pero en los últimos años cada vez más son los hombres que se animan a pedirla. Según los últimos datos publicados por el INE, la custodia compartida se otorga actualmente en un 28,3% de las rupturas, y el 66,2% se otorga a la madre. No cabe duda de que en los casos de divorcio en donde los padres resuelven sus diferencias de forma civilizada, y hay amor y entrega hacia los hijos por ambas partes, la custodia compartida es lo mejor para el niño, ya que le permite disfrutar por igual de ambos progenitores. El propio Tribunal Supremo en el año 2011 dispuso que "no permite concluir que se trate de una medida excepcional, sino que al contrario, debería considerarse la más normal, porque permite que sea efectivo el derecho que los hijos tienen a relacionarse con ambos progenitores, aun en situaciones de crisis, siempre que ello sea posible y en tanto en cuanto lo sea". Además, la custodia compartida no sólo resulta beneficiosa para los niños, sino también para sus padres que se niegan a ser simples "visitadores" de sus hijos, que quieren convivir con ellos, implicarse en su educación y crianza y compartir su día a día. SIN EMBARGO, ANTE CASOS COMO ESTE SEGURO QUE TODOS NOS HACEMOS LA SIGUIENTE REFLEXIÓN: ¿QUÉ OCURRE CUANDO UN PADRE SE NIEGA A IMPLICARSE DE FORMA EQUITATIVA EN LA CRIANZA DE SUS HIJOS? ¿SE LE DEBE OBLIGAR A ELLO? Ya hemos visto en alguna ocasión como asociaciones de mujeres se han manifestado en contra de la custodia compartida impuesta, y consideran que si el padre no quiere ejercer como tal no se le puede obligar ya que esto repercutiría en el bienestar de los hijos en común. Y es que personalmente, me resulta terriblemente duro que un padre rechace la custodia compartida y un tribunal le obligue mediante una sentencia. Porque me pregunto: ¿qué tipo de cuidados y atención puede dar alguien en contra de su voluntad? Sin embargo, no podemos olvidar a la madre, y no imagino lo difícil que ha debido ser para ella tener que recurrir a la justicia para pedir una mayor implicación del padre de sus hijos. La crianza en solitario debe ser dura, y supongo que lo será mucho más cuando los hijos tienen algún tipo de enfermedad o discapacidad: ¿es justo que una madre tenga que ocuparse en solitario de ello? Sin duda esta sentencia dará mucho que hablar y generará todo tipo de opiniones pero, como en todos los casos de divorcio, yo sólo puedo pensar en los niños implicados, y en que su bienestar físico y emocional debería ser siempre lo más importante. Vía Diario de Córdoba En Bebés y Más Nos divorciamos: cómo y cuándo se lo decimos a los hijos según su edad, La foto que muestra lo bella que puede ser la custodia compartida entre dos familias ensambladas, Cuando la custodia compartida es inviable debido a la distancia entre los domicilios de los padres, Custodia compartida como modalidad preferente en España, ¿es lo mejor para los hijos?, En nuestra familia ni mamá manda ni papá es solo un espectador: la crianza es de los dos
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No me grites, alentame | Pausa

No me grites, alentame | Pausa | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Qué se hace para evitar la violencia sobre los menores en el fútbol infantil. Cuando los padres pasan a ser noticia por su violencia en las canchas de inferiores o en los encuentros de escuelitas fútbol es porque hay una línea que se ha superado. Es el momento donde se desbordó la pasión y el entusiasmo de ver a un hijo jugando al fútbol y los padres caen en un fanatismo que se transforma en grito, que puede estar dirigido al árbitro, al entrenador, a otro niño, a un padre o al mismísimo hijo. Y si el límite de la línea se cruza hasta llegar a ese lado oscuro, la noticia hablará de agresiones físicas. Cuando la violencia verbal y física gana, también se transforma en noticia cuando los chicos salen a la cancha con una bandera que dice: “No me grites, alentame”. Esa frase, que actúa como ruego de un infante a un adulto, también se puede encontrar en las camisetas de los clubes o en carteles con consignas similares, como las que usaron los chicos del club Dowdall de Pozo del Molle (Córdoba), de las categorías de 8, 9, 10 y 11 años. Salieron a su cancha con un cartel que decía: “#Yo así no juego más: no me grites”. Los hijos terminan educando a sus padres, forzados por situaciones inexplicables, como la que sucedió este año en Capital Federal, cuando se enfrentaban los chicos de la categoría 2004 de Lamadrid y Brown de Adrogué.  Al finalizar el partido, el padre de un jugador se dirigió a la salida del vestuario visitante, esperó a que salga el pequeño rival de su hijo, instigó a su propio hijo para que lo golpeara y tras la negativa del chico decidió aplicarle una trompada en señal de venganza por un incidente –propio del juego– que se había dado durante el partido. El niño golpeado debió realizarse placas que descartaron una lesión ósea, pero dirigentes de Brown de Adrogué confirmaron que permanecía con mucho dolor y dificultades para comer. Las noticias que abordan la violencia en el fútbol infantil protagonizadas por los padres se multiplican a lo largo y ancho del país. En Santa Fe, también se dieron y se dan casos violentos. Sobre esta cuestión dialogamos con un experimentado docente deportivo que actualmente dirige la Primera División de Juventud de Laguna Paiva y está al frente de la Escuela de fútbol del Club Atlético Gimnasia de Ciudadela: Ernesto Sosa. “Hay que hacer una inserción de los chicos al deporte, hay una primera etapa que arranca con la escuelita de fútbol, con 4 años de edad inician la actividad deportiva”, es lo primero que subraya Sosa. “Se debe separar entre la actividad recreativa y competitiva, desde esta segunda etapa los chicos ingresan a las inferiores de la Liga Santafesina de Fútbol”. Al profundizar en los motivos que pueden derivar en violencia, explica: “cuando no hay un diálogo entre el docente, el técnico y los padres se pueden producir problemas, sobre todo porque los padres están ansiosos para que sus chicos jueguen”. Y destaca: “Llevo 24 años como docente deportivo y ví de todo, está la presión de los padres que se transforman cuando ven a sus hijos jugar y es ahí donde comienza el trabajo del docente deportivo para que no interfieran”. Más adelante agrega que “llegar al seno familiar es complicado, hay que ver de dónde viene cada chico, pero hay que hacer una investigación previa para que los niños no lleguen a un grado de violencia importante, que todos puedan comprender que se trata de una etapa formativa”. ¿Y el Estado? En la radicación de este mal imperante, Ernesto Sosa apunta a los conductores y al rol del Estado: “Hay técnicos de fútbol que están preparados y hay otros que son papás de chicos que dirigen. Al tener esa situación, todavía nos encontramos en un retroceso. Hay que tener gente especializada para ejercer la actividad, no hay que poner a cualquiera para conducir a los chicos, solamente en fútbol pasa eso. El ámbito del niño debe ser el correcto, un conductor no se debe dejar atraer por todo el aspecto social que lo rodea. Siempre se trabaja, se habla con los padres, se hacen congresos formativos y se hacen charlas con los padres, pero no hay un apoyo del gobierno. El Estado debe estar presente en estas actividades deportivas, por eso todavía nos falta mucho”. En su idea de un Estado protagonista, dice: “A los clubes los manejan los socios. Tiene que haber más apoyo, tienen que traer docentes para que nos guíen en el cómo desarrollarnos y manejarnos con los pibes de hoy. Nosotros tenemos un contacto diario con los chicos, pero como máximo estamos dos horas con ellos, todo lo demás viene de la casa y la escuela, nosotros sólo hacemos una formación deportiva. La formación social debe ser parte de la familia y del Estado, por eso digo que tiene que estar presente en este tipo de actividades. El Estado tiene que crear el ámbito para que los docentes deportivos estén en las instituciones deportivas, debemos tener en los clubes a personas formadas para que ejecuten un plan desde las escuelas de fútbol”. Marcha atrás “Debemos brindarle muchas más cosas a nuestros jóvenes, y para eso nos debemos involucrar todos, los padres, los docentes, las instituciones y el gobierno. Es el Estado el que nos debe crear el ámbito para ir mejorando una adolescencia que no tiene nada que ver con la que teníamos hace 20 años atrás”, le afirma Sosa a Pausa. “Los cambios más importantes que vi en todos estos años de trabajo con los chicos tienen que ver con las familias ensambladas, eso ya nos dificulta más nuestra tarea, es más complejo saber qué pasa en el seno familiar. Falta más investigación sobre esa cuestión, falta más docencia, y es en este punto donde digo que los gobiernos nos deben dar la ayuda de la ciencia de la psicología, para que los profesionales en dicha ciencia vayan canalizando los problemas de muchos pibes. Entre todos debemos estar más cerca de los chicos, con una planificación que nos involucre a todos”. Sosa asegura que “otro de los cambios significativos fueron las adicciones. Cuando yo empecé este problema tan grave no estaba, pero hoy es moneda corriente”. Ante esta situación destaca: “Hay que hablar mucho, tenemos que tratar de entendernos, ponernos en la piel de ellos”. Frente a la complejidad del tema, recomienda que “la inserción del niño en el deporte debe ser temprana”. —¿Por qué el fútbol es el deporte más complejo en las relaciones entre los familiares, jugadores, técnicos, dirigentes y árbitros? —Porque es el deporte más popular. Un chico nace y un familiar le compra una pelota de fútbol. Es el único deporte donde todos opinan y son pocos los que realmente saben. Estas cosas pasan solamente en el fútbol, no hay ninguna otra actividad donde los padres se metan para decir de qué manera tienen que enseñarle. No le vas a decir a un profesor o profesora de patín cómo debe enseñarle, no existe esa injerencia de los padres. Pasa en el fútbol porque también tenemos poca capacitación en nuestros dirigentes, los que se arriman a los clubes es porque son vecinos de la institución, porque son padres de los pibes o porque quedaron con el correr del tiempo en los clubes, a esa gente también hay que capacitarla para que todo mejore. No me grites Con respecto a la campaña que se difundió en todo el territorio argentino, “No me grites, alentame”, dijo que “sirve, siempre los ejemplos sirven”. Y recuerda: “En Gimnasia tuvimos un técnico, Silvio Azoge, que perdió la final de Liga Santafesina y colocó a todos sus jugadores en un lugar de la cancha para que despidan con aplausos al rival que le había ganado. Eso da una enseñanza hacia abajo, recuerda que ganar no es todo en la vida, y mucho menos en el deporte”. La ilusión del salvataje económico con el pibe es otro de los temas que colabora para que todo sea más complejo. “Lo importante es cómo se insertan en los clubes, cómo el club forma el sentido de pertenencia, que se identifique con el club y con el barrio, recién después aparecen los clubes profesionales que tientan a los jóvenes para que vayan, pero nosotros, los que trabajamos en los clubes de barrio, tenemos que trabajar en esa pertenencia y hablar mucho con los padres, para hacerles entender que este es un proceso, porque nadie sabe si va a llegar a jugar en el fútbol profesional, el profesionalismo es otra cosa, es muy diferente. En Santa Fe sólo tenemos dos instituciones que trabajan en el profesionalismo, Colón y Unión, ellos seleccionan a los chicos que juegan muy bien y nosotros tenemos la obligación de hacer jugar al resto, porque todos los pibes tienen derecho a jugar”. Por último asegura que “es una tarea ardua, hay que trabajar mucho de verdad, por eso pido un compromiso general, pero por sobre todas las cosas hay que dar el mensaje a los padres que el lugar de los clubes es de esparcimiento, el chico tiene que ser feliz y no venir presionado por algún familiar”. Y subraya: “en la niñez hay que jugar, es una etapa única e irrepetible en la vida, nuestros chicos deben tener un espacio para jugar y divertirse, más allá de las presiones que pueden existir de la familia”.
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El pensamiento grupal o cuando no se admite la crítica

El pensamiento grupal o cuando no se admite la crítica | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Caer en la miopía es el peligro de pensar que eres el mejor
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Relaciones basadas en la autenticidad: la revolución silenciosa de Rogers

Relaciones basadas en la autenticidad: la revolución silenciosa de Rogers | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Mafalda, en una de sus frases estrella, se preguntaba: «¿Por qué a mí me tocó ser yo?». Si hacemos la misma reflexión, será difícil llegar a una conclusión. Como mucho, podremos darnos un «porque sí» como respuesta. Si damos un paso más, podríamos cuestionarnos: ¿Cómo me relaciono con los demás? Y también: ¿Desde dónde actúo? […]
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Revista NUEVA

Revista NUEVA | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
DÍA DEL PADRE Ensamblados Por Walter Duer. En 1969 la televisión norteamericana se vio sacudida por un suceso que trascendió las fronteras y que alcanzó diversos rincones del planeta, nuestro país incluido: The Brady Bunch, que aquí se hizo famosa como La tribu Brady. Se trataba de una comedia cuyo núcleo era la convivencia entre dos recién casados, Carol y Mike, cada uno de los cuales aportaba tres hijos a la pareja (varones en el caso de él, mujeres en el de ella). A casi cincuenta años de ese hitazo de la pantalla chica –que causaba conmoción por la rareza de la situación que planteaba– y con el aumento en la tasa de divorcios (aproximadamente la mitad de los matrimonios se separa de manera legal), las familias ensambladas son cada vez más comunes, tanto en la Argentina como en el mundo entero. De todas formas, la socióloga Graciela Chiale, coautora de El amor en los tiempos del ex, sostiene que es un fenómeno que aún requiere de investigación: “Es difícil hacer generalizaciones dado que cada caso o cada combinación de personas que conforman este tipo de familia es diferente”. Para el hombre que se integra a un hogar donde hay hijos de matrimonios previos aparecen diversos desafíos: el de generar vínculos afectivos sin tapar la figura paterna original, el de marcar límites, el de propiciar un ámbito de respeto mutuo… Socialmente, concuerdan los expertos, parecería ser más difícil para él que para ella. “La mujer se involucra más en lo que respecta a la crianza. Hay cuestiones culturales y sociales, y el instinto maternal también juega su papel”, señala Chiale. “Una buena estrategia para profundizar el amor y el respeto mutuo es a través del juego. Los chicos valoran el tiempo que se les dedica”. Cynthia Rodríguez Novillo, psicoanalista y licenciada en psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explica que el primer paso para generar armonía es derrotar los prejuicios. “Por ejemplo, el que indica que es más sencillo armar una pareja si ninguna de las partes tiene hijos previos. O que el ambiente de una familia tipo es más beneficioso que el de una familia ensamblada. No importa si el chico proviene de una familia ensamblada, clásica o monoparental: el foco debe ponerse en la existencia de un lazo de familia”, argumenta la especialista.  Otro punto clave es el que se refiere a marcar pautas, donde se dan situaciones confusas en las que el hombre puede chocar contra frases hirientes del estilo “Vos no sos mi papá”. “Es complejo ponerle límites a un niño. Esto se puede tornar más complicado si el chico no es propio, y, peor aún, cuando se trata de un adolescente. Sin embargo, es una necesidad ineludible”, considera Chiale. Y continúa: “Para que el límite sea efectivo, es necesario un acuerdo previo entre los adultos responsables: los niños están atentos, y si perciben inconsistencias, van a intentar aprovecharlas. Lo más aconsejable sería que en ese acuerdo participen todas las partes, no solo los adultos de la nueva pareja, aunque no siempre es posible lograrlo. Por otro lado, los límites pueden diferir entre una casa y otra. Por supuesto, lo ideal es que haya coherencia, pero a veces lo ideal se choca con la realidad. De cualquier forma, los chicos saben que en cada hogar la dinámica es distinta y esto no tiene por qué ser perturbador si se les aclaran debidamente los motivos”. Según la mirada de Rodríguez Novillo, la hipótesis de que solo se puede poner límites a un hijo propio es muy interesante, porque lleva al niño al esquema de propiedad privada. “Se supone que un adulto ‘marca la cancha’ para cuidar a su hijo, no porque es ‘suyo’”, sentencia y, paralelamente, destaca la obra de Silvia Bleichmar Violencia social, violencia escolar: de la puesta de límites a la construcción de legalidades (2008), en la que la recordada doctora en Psicoanálisis, psicóloga y socióloga aseguraba que el adulto, en su rol de padre, de maestro o desde cualquier otro lugar, delimita con el fin de contribuir a la construcción del marco en el cual el chico puede moverse, al psiquismo de ese niño. Los Brady argentos En 2005 el Teatro Colón pasaba uno de los peores momentos de su historia: sus artistas estaban de paro y realizaban frecuentes asambleas en la mítica plaza de Mayo y espectáculos de protesta frente a la Legislatura de la Ciudad de Buenos aires. En ese clima caldeado mantuvieron su primera conversación Jorge de la Vega, primera flauta solista de la orquesta estable, y Paula Argüelles, bailarina. Llevaban muchos años trabajando en el mismo ámbito, se habían cruzado en un sinfín de ocasiones, y Jorge admite haberla visto varias veces sobre el escenario, pero nunca habían cruzado palabra. Esa charla inicial tuvo ribetes prácticos: Paula tenía el dato de un abogado que Jorge necesitaba. “Llamame a la noche y te lo paso”, le dijo ella. Y ahí surgió una coincidencia: los prefijos de sus teléfonos eran idénticos; vivían a solo seis cuadras de distancia. “En Buenos Aires, eso es un milagro”, bromea Jorge. El flautista volvió tarde esa noche luego de un concierto, y la llamó recién a las once y media. Terminaron tomando un café que se extendió hasta las cinco de la mañana. En el medio, otra coincidencia: Paula definió Mendoza como su lugar en el mundo antes de que Jorge le comentara que había nacido en esa provincia. Para culminar, la tercera coincidencia: ambos tenían hijos de matrimonios previos. “Te voy a ser sincero: no quiero dar vueltas, si esto va a funcionar, tiene que funcionar con todo”, se plantó Jorge. Y así fue como cuarenta y ocho horas después estaban cenando todos juntos: Paula con Germán (hoy de 20 años) y Facundo (16), y Jorge con Nico (29), Nina (27), Cami (22) y Juan (20). “Esa noche ya dormimos todos en la misma casa”, se enorgullece el músico. Sobre la relación con Germán y Facundo, Jorge dice que Paula siempre fue mucho más madre de sus hijos de lo que él fue padre de los de ella. “El vínculo está muy aceitado, con lo bueno y con lo malo. La relación tiene sus ribetes a medida que ellos crecen y yo me vuelvo más grande, y cada uno va moldeando su opinión sobre las cosas. Pero todos asumimos un ida y vuelta honesto en el que no hace falta falsear nada ni pretender que todo es espectacular, porque, en rigor, las relaciones con los propios hijos también sufren altibajos”, revela Jorge. Engranaje perfecto Alejandro Sánchez se sentaba en su escritorio de la Comisión Nacional de Regulación de Transporte (CNRT) justo enfrente de Luciana Famá. Confiesa que desde el principio “pegaron onda”. “Nos divertíamos mucho, a tal punto que terminábamos tomando una cerveza en algún barcito del centro. Finalmente, nos enamoramos”, cuenta Alejandro quien, a sus 32 años, no había tenido hijos. Luciana, en cambio, tenía a Carmela, de 8. El romance iba viento en popa y la convivencia no tardó en llegar. “Para mí era todo nuevo, nunca había compartido la casa con un niño. La referencia más cercana que tenía era con mi hermana, cuando ambos éramos chicos. Sinceramente, esperaba un poco más de resistencia ante mi mudanza, porque existía un funcionamiento familiar previo al que yo debía insertarme. De repente, Carme, que ya tenía un concepto de cómo eran las cosas, se encontraba conmigo, un hombre al que prácticamente no conocía y con el que debía comenzar a vivir. Por suerte, nos caímos bien de entrada y pude adaptarme mejor de lo que me había imaginado”, reconoce Alejandro. Según Chiale, conseguir una relación equilibrada entre los miembros de la familia ensamblada no es soplar y hacer botellas. En este sentido, la responsabilidad para tender puentes es condición sine qua non de los adultos. La socióloga enfatiza que los vínculos de cariño no se producen espontáneamente, sino que hay que regarlos como una planta, día tras día. “Una buena estrategia para profundizar el amor y el respeto mutuo es a través del juego o de actividades como pintar, dibujar, hacer manualidades, cocinar o compartir una película en el cine o una función de teatro. Los chicos valoran el tiempo que se les dedica”, remarca. Y concluye: “Un consejo para papás que apunten a que los suyos, los de ella y los de ambos estén bajo el mismo techo en perfecta armonía: pensar en el bienestar de los chicos. Así todo es más fácil”. El otro y el combo* La familia es la primera forma del sujeto ligado a la sociedad. Con esta premisa, lo que se debe ubicar es cómo se armaron esos vínculos amorosos y luego, en caso de que se trate de una familia ensamblada, particularizar cómo se produjo ese entramado, qué lugar juega cada miembro y cómo se definen las funciones de madre y padre (que no necesariamente deben estar encarnadas en los padres biológicos). Por eso, más allá de la composición de la familia, hay que rastrear cómo son esos lazos y cómo constituyeron los chicos esas funciones. De hecho, en familias clásicas, con mamá y papá, las funciones de madre y padre no están aseguradas. Hay que recordar que cuando dos personas que ya tienen hijos deciden formar una nueva pareja, aceptan al otro y sus circunstancias: es decir, ese “otro” viene con un combo. *Por la psicoanalista Cynthia Rodríguez Novillo. Con código  Desde 2015, nuestro Código Civil contempla a las familias ensambladas: establece denominaciones, derechos y obligaciones para quien convive con su pareja y los hijos de esta, tanto en matrimonios como en uniones convivenciales. Se basa en lineamientos de tratados internacionales, que en nuestro país ostentan rango constitucional, según los cuales las relaciones familiares de la actualidad se apoyan más en los aspectos afectivos que en los lazos biológicos, legales o adoptivos.
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¿Hay evidencias de que la lesbomaternidad o la homoparentalidad sean nocivas para la infancia? (spoiler: NO) | etilmercurio

¿Hay evidencias de que la lesbomaternidad o la homoparentalidad sean nocivas para la infancia? (spoiler: NO) | etilmercurio | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Agradecemos los valiosos aportes de Rodrigo Rojas Andrade a este artículo. Imagen de portada: «Parents», de Caitlin Childs. Antes de entrar en materia, queremos contarle que no es la primera vez que en Etilmercurio abordamos la diversidad sexual. Puede revisar otros artículos al respecto acá y acá. Creemos que, desde las herramientas que nos provee la ciencia, podemos aportar a la erradicación de prejuicios contra la diversidad sexual humana (y en otros animales). Por el amor, brindo por la familia El lunes 28 de agosto, la presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley sobre matrimonio igualitario, que será enviado al Congreso para su tramitación. El proyecto contempla la adopción y la filiación lesbomaternal y homoparental e incluye la eliminación de la «conducta homosexual» como parte de las razones a argüir para un divorcio culposo; también se elimina el requisito de la diferencia de sexo para validar matrimonios celebrados en el extranjero. La familia lesbomaternal y homoparental desafía la construcción heteronormativa y el concepto de familia nuclear (padre, madre, hijos e hijas), que se ha erigido en una especie de estándar que, se supone, ha existido desde siempre. Sin embargo, las familias distintas a las heterosexuales biparentales existen desde la época premoderna y se han perpetuado hasta nuestros días. Se podría decir que la homoparentalidad y la lesbomaternidad son tópicos recientes en la discusión pública, pero la conformación de hogares siempre se ha presentado de maneras diversas y van más allá de la presencia exclusiva y excluyente de un padre y una madre. Pensemos en cuántas personas en Chile y Latinoamérica han sido criadas solo por una madre, solo por el padre, por la madre y algún abuelo o abuela, por una tía o tío, por nombrar algunos ejemplos. Sin ir más lejos, los datos de la encuesta Casen 2011 indican que el 27,4% de los hogares son monoparentales mientras que los hogares biparentales disminuyeron 10 puntos porcentuales en comparación con la encuesta Casen del año 2000 (1). Los tipos de familia han sido objeto de múltiples debates en las sociedades postindustriales, puesto que siguen siendo consideradas el núcleo principal de la sociedad. Es más: en la Constitución Política de la República de Chile está explícitamente definida de esta manera (Cap. I, Artículo 1º: pueden agradecerle a ya-saben-quién). Con leyes de matrimonio igualitario promulgadas en diversas partes del mundo y con el consecuente debate sobre la adopción (no sobre la zoofilia, señor), surge la duda de un eventual impacto negativo que tendría sobre las niñas y niños el crecer en una familia donde no existan roles de crianza hegemónicamente asociados al género de los padres. Las opiniones que los sectores más conservadores (esos donde la probabilidad de que tu mamá sea también tu tía no es baja) intentan perpetuar es que, en un entorno distinto al de la familia nuclear, las niñas y niños podrían sufrir problemas emocionales, tener dificultades para desarrollar su identidad de género, tener confusión sobre su orientación sexual, entre otras situaciones. A esto se suma la idea de que la sociedad no respondería bien a este tipo de familia, discriminando y dañando aún más a su descendencia. En suma, la postura de la opinión pública puede estarse abriendo a la existencia del matrimonio entre personas del mismo sexo, pero es más reacia a la idea de la adopción dentro de estas uniones. Las ciencias biológicas y sociales han establecido que existe una amplia gama de factores que confieren riesgo para el desarrollo físico, psicológico y social saludable de la infancia, y que tienen consecuencias en la adultez. Entre estos factores se encuentra la pobreza, una alimentación deficitaria, el abuso de sustancias por parte de los padres o madres, la violencia doméstica, etcétera. ¿Tiene sentido pensar en que la orientación sexual de los padres o madres puede tener un efecto negativo en la crianza y futura adultez de una persona? Nicolás está bien con sus dos papás Partamos diciendo que todas las personas se forman en relación a su realidad biológica y contextual. Nadie sería el mismo de haber nacido en otro contexto familiar, social o económico, así como tampoco seríamos iguales si nuestro padre o madre biológico hubiese sido otra persona. Dicho esto, el problema que se instala en la opinión pública sobre la lesbomaternidad y la homoparentalidad no apunta a estos factores y consecuencias, sino que potencia la idea de que tener dos papás o dos mamás, en vez de un papá y una mamá, traería problemas para el desarrollo psicológico y sexual en la infancia. Pues bien: los estudios que se han realizado sobre el tema apuntan a que ESO NO OCURRE. Quizás sería conveniente que los candidatos presidenciales o sus asesores revisaran este tipo de evidencia antes de dar declaraciones poco afortunadas (cc @SebastianPiñera @mjossa... Ah, no, ese ya no corre). Una revisión de 23 estudios realizados entre el año 1978 al año 2000 (2) sobre niños criados por madres lesbianas (20 parejas) y padres homosexuales (3 parejas) determinó que no existe evidencia empírica que muestre diferencias significativas entre los hijos de madres lesbianas con los hijos de parejas de padres heterosexuales en ninguno de los siguientes ítems: ajuste emocional, preferencias sexuales, estigmatización, conducta de género, ajuste conductual, identidad de género o funcionamiento cognitivo. Lea de nuevo la oración anterior con calma y detención. Los estudios revisados arrojaron resultados sorpresivamente similares a pesar de las diferencias conceptuales y metodológicas. Vale aclarar que existían menos investigaciones sobre parentalidad en parejas conformadas por hombres, por lo que la interpretación de sus conclusiones fueron más cuidadosos. Resultados similares arrojó el meta análisis realizado por Crowl y otros autores (3) sobre las posibles diferencias en el desarrollo de hijas e hijos de padres del mismo sexo, versus aquellos de parejas de padres heterosexuales. Su conclusión: la lesbomaternidad y la homoparentalidad no afecta significativamente el desarrollo cognitivo, comportamiento de género, identidad de género, ajuste psicológico o preferencias sexuales, en comparación con la heteroparentalidad. Respecto a las habilidades parentales, la investigación realizada por Bos y otros autores (4), que compara 100 parejas de lesbianas con 100 parejas heterosexuales, determinó que estas últimas no son más competentes que las primeras y que ambas poseen como uno de sus intereses principales el desarrollo de la independencia en sus hijos. Sin embargo, las madres lesbianas sí reportaron mayor presión para demostrar sus competencias parentales, lo que podría atribuirse a factores de discriminación social y no a la configuración familiar en sí misma. Si continuamos revisando las investigaciones relacionadas con el desarrollo integral de los hijos de familias lesbomaternales, encontramos un artículo publicado en la revista especializada Pediatrics en el año 2010, con datos de un estudio longitudinal nacional de familias lesbianas que comenzó en 1986 (5) y que examina a 154 madres lesbianas que quedaron embarazadas por inseminación artificial. El resultado del seguimiento a los 78 hijos adolescentes, a los 17 años (39 niñas y 39 niños), comparándolos con muestras nacionales de normalización, indicaron que estos tenían altos niveles de desempeño social, escolar-académico y menos comportamiento agresivo en comparación con sus homólogos de la misma edad de familias heterosexuales. No se encontraron diferencias entre los hijos que fueron concebidos por donantes conocidos o anónimos o entre hijos cuyos padres siguen juntos y aquellos cuyas madres se habían separado. El estudio concluye que los adolescentes criados en familias con madres lesbianas desde su nacimiento mostraron un ajuste psicológico saludable. En el caso de las familias formadas por parejas homosexuales, la situación no es diferente. Por ejemplo, un estudio publicado en Applied Developmental Science (6) evaluó el desarrollo y crianza de niños en familias lesbianas, homosexuales y parejas heterosexuales que habían adoptado un niño o niña. Los resultados en las familias lesbianas y padres gays fueron similares en una variedad de características de crianza a sus contrapartes heterosexuales. Los niños de todos los tipos de familia se desarrollaban de manera similar y sin problemas particulares de conducta. Durante la última década, más de una veintena de países ha reconocido el matrimonio igualitario y, por tanto, permiten que se casen dos personas del mismo sexo: Argentina, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Islandia, Países Bajos, Noruega, Portugal, España, Sudáfrica, Suecia y Estados Unidos son algunos de ellos. No ha habido evidencia de que las niñas y niños de estos países hayan tenido dificultades como resultado de estos cambios sociales. Sobre la base de una revisión exhaustiva de la literatura en relación al desarrollo y la adaptación de los niños cuyos padres son del mismo sexo, la Academia Americana de Pediatría (7) llega a la conclusión de que la seguridad de la crianza y el cuidado permanente de las niñas y niños no tiene relación con el género o la orientación sexual de sus familias. Adicionalmente señalan que el matrimonio igualitario puede ayudar a reducir el estigma social que enfrentan los padres gays o madres lesbianas y su descendencia, mejorando así la estabilidad social, aceptación y apoyo. Además, quienes son criados por madres o padres casados se benefician de la situación social y legal que el matrimonio civil les otorga a sus familias. Consideremos además que existen también otras opciones para que las parejas de personas del mismo sexo se conviertan en padres y madres sin necesariamente pasar por el proceso de adopción y en consecuencia por el matrimonio, y que existen hoy en día en el país, sin que sean institucionalmente reguladas. Tal es el caso de las personas que tienen hijos biológicos dentro o fuera de un matrimonio (personas que tienen sexo con hombres y con mujeres, o personas que asumieron su orientación sexual en la adultez), así como también vientres de alquiler, inseminación artificial, o la adopción de sólo uno de los padres/madres. De hecho, en la legislación chilena solo los hombres pueden hacer valer los derechos de filiación sobre las niñas y niños a través de la figura legal del «reconocimiento». Esto deja en estado de indefensión legal a muchas niñas y niños (que, por ejemplo, no pueden ser reconocidos como herederos, ser carga en planes de salud...), y por ello el Senado se ha abierto a discutir el derecho de filiación en parejas del mismo sexo. Las niñas y niños no deben ser privados de la oportunidad de cuidado de la crianza temporal o adopción por parte de estas parejas, con independencia de su orientación sexual. La política pública y apoyo de la comunidad son vitales para el éxito en el desarrollo de la infancia en estas circunstancias. ¡¿Alguien quiere pensar en los niños?! La discusión legislativa que se viene por el proyecto de ley de matrimonio igualitario y adopción lesbomaternal y homoparental seguramente estará llena de prejuicios, de #sesabe, y argumentos valórico-religiosos. Sin embargo, y más allá de los conflictos basados en las creencias personales, debemos reconocer que las leyes que restringen a las familias diversas terminan afectando y desprotegiendo a los niños y niñas pertenecientes a aquellos grupos familiares. Emblemático resulta a estas alturas el caso de la jueza Karen Atala (que terminó con una condena contra Chile por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos). ¿Podemos como sociedad jugar con la estabilidad y el desarrollo de la infancia sólo porque elegimos desestimar la evidencia o porque no nos gusta el tipo de familia en la que se crían? Las evidencias científicas vigentes y actuales no observan deterioro ni menoscabo alguno para los niños y niñas que crecen con padres del mismo sexo. Por el contrario, los problemas derivan de estigmatizaciones ajenas a la constitución de estas familias (la falta de un marco legal colabora con la estigmatización y la desprotección). Esto significa que la orientación sexual no puede ser un argumento jurídico para quitar la tuición o para negar una solicitud de adopción: esto ya está siendo reconocido por la institucionalidad chilena, adelantándose a una ley que permita la adopción lesbomaternal y homoparental, sin modificar la ley de adopciones. Como hemos visto en este artículo, no hay evidencia de que la lesbomaternidad y homoparentalidad afecte negativamente al desarrollo infantil (y algunos estudios hasta reconocen ventajas para el desarrollo infantil en este tipo de familias). Entonces, ¿qué nos queda como argumento para oponernos? ¿Solo nuestras creencias y nuestro prejuicios? ¿Es el hecho de que a ciertas personas no les gusta ver parejas del mismo sexo? Si este es el caso, antes que condenar a ciertas familias o imponer nuestra visión de mundo, recomendaríamos revisar críticamente las propias creencias. Es probable que nos sorprendamos. Basado en artículo «La evidencia de la igualdad» publicado en la Revista Qué Pasa el 23 de octubre de 2013. Para más referencias: https://www.nllfs.org/publications/#related Agradecemos los valiosos aportes de Rodrigo Rojas Andrade a este artículo.
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Video| Derechos de filiación para madres lésbicas « Diario y Radio Uchile

Video| Derechos de filiación para madres lésbicas « Diario y Radio Uchile | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Hace algunos días la Agrupación lésbica Rompiendo el Silencio difundió un vídeo con testimonios de diferentes madres lesbianas que han optado por la maternidad a través de diferentes vías y que ven los derechos de sus hijos, totalmente desprotegidos. Según explica la agrupación, el problema en Chile es que no está regularizada la filiación para familias LGTBI. Así, y pese a que en 1998 la ley local acabó con el concepto de “hijos ilegítimos”, la realidad para las parejas lesbianas no ha variado. Este vídeo, indican en la agrupación, “es un llamado de atención a la clase política para que tomen en cuenta estas realidades, y que no se regulan, quedará un gran vacío y una grave injusticia para las familias”. “Para nosotras es primordial crear conciencia que existe un proyecto de ley en el Congreso que presentamos junto a Corporación Humanas, colectiva lésbica Visibles y colectiva Familia es Familia que exige modificar esta situación, independiente del matrimonio igualitario, ya que lo que intenta el proyecto del gobierno, es que esta realidad solo sea reconocida a través de un contrato matrimonial, cuando sabemos que para las parejas heterosexuales, esto no es así. La filiación está determinada de por si”, explica Erika Montecinos, coordinadora de la Agrupación. Según explican desde Rompiendo el Silencio, el nuevo proyecto de ley sobre matrimonio igualitario solo incluye a aquellas madres lesbianas, pero que han optado al embarazo vía inseminación, dejando afuera la diversidad familiar, como familias ensambladas, co-madres, y otras.
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10 comportamientos típicos de las personas altamente miserables

10 comportamientos típicos de las personas altamente miserables | Temàticas  ecològicas  literarias. | Scoop.it
Convertir la vida en una experiencia miserable para nosotros y para quienes nos rodean es un trabajo duro a tiempo completo.
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