¿Qué quieres leer?
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Notas para animar a todo el mundo a leer todo tipo de libros. Una invitación para no descartar ningún libro por su autor, título o portada.
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Pon un clásico en tu vida

Pon un clásico en tu vida | ¿Qué quieres leer? | Scoop.it

¿Por qué ese miedo a los clásicos? ¿Por qué ese miedo a libros supuestamente más tediosos o pesados? ¿Por qué esa reticencia a la cultura?

 

La verdad es que no tengo una respuesta contundente. Quizá sea porque siempre se nos han enseñado mal y a destiempo las grandes obras escritas de la historia. O porque nunca ha habido nada que nos anime a intentar meternos con esos libros que nos parecen, en su mayoría, largos y de farragosa escritura. Esta claro que la culpa no es totalmente nuestra, pero debemos aceptar nuestra parte.


Un clásico, en palabras de uno de mis antiguos profesores de lengua y literatura, “es aquel libro que trasciende a la norma”. Es decir, que trasciende al tiempo y a las ideas, a las modas y a la forma de ver el mundo (Es curioso que una definición tan precisa y preciosa, tuviera que aprenderla de uno de los peores profesores que jamás tuve). Los clásicos, al fin y al cabo, son esos libros que pueden y podrán ser leídos por cualquiera, sin perder un adarme de fuerza y belleza. Es por eso por lo que todos deberíamos intentar leer un clásico de vez en cuando. Y si son griegos y/o romanos, mejor que mejor, porque en ellos descubriremos las verdaderas raíces de nuestro pensamiento y cultura.


Tan sólo hay que atreverse, lanzarse a ello. Hay que reconocer, que la primera vez que nos enfrentamos a un libro que se sale de lo cotidiano, que no está pre-diseñado para engancharnos y gustarnos, porque sí, puede costar un poco. Pero son esos libros, esos en los que confiamos y a los que damos más tiempo del debido, por razones que muchas veces desconocemos, los que generalmente, nos dan las verdaderas alegrías y satisfacciones. Sin uno se enfrenta a La Iliada o a La Odisea, o a la Montaña Mágica de Thomas Mann, se encontrará de lleno metido en un mundo nuevo, tan distinto de lo que conoce, pero al mismo tiempo, en pocas páginas, extrañamente cercano y familiar. Esa es la virtud de los grandes libros, de los clásicos imperecederos, su virtud para atraernos más allá del tiempo y espacio, sólo tenemos que dejarnos arrastrar.


A mí me sorprendió Jenofonte cuando leí su Anábasis, no fue un libro fácil desde el principio, no era el libro al que estaba acostumbrado, pero siempre quise seguir, avanzar hasta dejarme atrapar por su manera de narrar, por su historia de hace más de dos siglos, que se mantiene igual de trepidante que entonces. Pero no hay que irse tan lejos, la primera vez que caí en las garras de Mishima o Kawabata, el mundo era otro, la escritura era otra, hasta la lengua parecía distinta. Tuve que adaptarme a su ritmo, al ritmo de sus flores y sus gaviotas, al ritmo de la las primeras nieves cayendo sobre Tokyo, pero siempre mereció la pena. Ahora me tienen y tendrás para siempre, aunque el enfrentamiento original fuera choque que encuentro, su mundo y su forma de construirlo y contarlo, no son fáciles de olvidar.


Deberíamos sentirnos orgullosos de hablar una lengua tan extendida y tan variada. Deberíamos disfrutar más de la cantidad de visiones del mundo que hay en nuestro idioma, de la cantidad de maneras de narrarlo que existen en el Español. Hay que aprovechar y atreverse con Cortázar, leer a García Márquez y a Vargas Llosa, pero también a Cortázar. Quizá no empezar por Rayuela, puede ser un suicidio, pero sí por sus Cronopios y Famas, o por alguno de sus cuentos. Y si no, lee a Horacio Quiroga, sus locuras y sus muertes. Lee a Bolaño, si quieres algo más actual, descubre como es ese que escribe sin parar, vomitando mundos y personajes sobre el papel hasta abrumar al más avezado lector. Y todo, todo eso, con el mayor de los disfrutes, pero también, con el mayor de los corajes y la mayor de las paciencias.


Hay que leer a Homero, a Virgilio, Horacio y Plutarco. A Sófocles si puedes, a Suetonio o a Pausanias. Hay que leer a Quevedo y a Lope y Calderón, y a Tirso y a Shakespeare, por muy inglés que sea. Hay que leer a Voltaire, a Montesquieu, aunque sea sólo por curiosidad. Leer a Molière, Balzac, Victor Hugo, Alejandro Dumas, Rubén Darío, a todo el que escriba en francés, y en alemán como Goethe, como Mann, como Herman Hesse, Gunther Grass o Thomas Bernhard. Hay que haber leído a Yeats, a Dickens, a Oscar Wilde, Tenysson y Kipling. Acercarse alguna vez a Poe, Proust, Faulkner, Sartre, Hemingway, Camus, Steinbeck, Duras, Lovecraft... Y tantos otros, y de aquí cerquita como Camoes o Eça de Queiroz. Y tantas, como las Marguerite, Duras y Yourcenar, como Emilia Pardo Bazán, Concha Espina, Alejandra Pizarnik o Alfonsina Storní. Sin olvidarnos de Don Benito y sus Episodios nacionales, de la Regenta de Moratín, extrañamente desplazados en estos tiempos aciagos. Ay, y los Rusos, siempre se me olvidan los rusos, Dostoyevski, Tolstoi, Chejov, Gogol y los que quedan...

 

Al final, hay que leer de todo, y es que hay tanto... De todo de verdad. Atreverse con todo, hasta con lo que nos parece duro, con lo que nos chirría o de lo que nos han hablado mal. Vivirlo nosotros mismos, incluso si se trata de Knut Hamsun y a pesar de su hambre racial. Atreverse, incluso, un día, si llegara la ocasión, y llegará, con Joyce y su Ulises grandioso.

 

Pero por encima de todo, y a pesar de molinos y bálsamos, tener siempre presente a Don Alonso Quijano, su jaco Rocinante, Sancho Panza y el manco que los parió.

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Atrévete con Fante

Atrévete con Fante | ¿Qué quieres leer? | Scoop.it

¿Conoces a John Fante? ¿No? A lo mejor te suena el nombre, pero nunca has sabido en realidad quién era o qué narices escribía. Y es normal, no ha sido un autor conocido, mucho menos reconocido, hasta hace unos pocos años. Y gran parte de esa notoriedad tardía, sino toda ella entera, se le debe a su gran seguidor, en eso que se llamó el “Dirty Realism”, en español “Realismo Sucio”, Charles Bukowski.


John Fante, hoy en día considerado uno de los mayores exponentes de ese Realismo Sucio americano, y puede que su más genial iniciador, no tuvo el reconocimiento que mereció en vida. De hecho, no fue hasta que Charles Bukowski alcanzó la fama, que este y su editor, decidieron llevar al lugar al que les correspondía al señor Fante y sus obras.


Para conocer un poco mejor la vida y la obra de nuestro protagonista, la wikipedia ofrece un artículo bastante completo: http://es.wikipedia.org/wiki/John_Fante


Pero qué es lo que tiene este escritor, qué es lo que tienen sus libros, que nos hacen recomendarle siempre casi en primer lugar, cuando alguien, cualquiera, de cualquier gusto, nacionalidad o concepción vital, nos pregunta por un nuevo libro que leer. Lo principal, lo primordial de sus libros y su estilo, es su forma de narrar, cruda y descarnada, pero sin llegar, en mi opinión, al nivel de suciedad de Charles Bukowski. Esa es su gran virtud, la narración pura, libre de florituras y en una primera persona constante, agobiante, siempre asolada por las necesidades del cuerpo y las pasiones de la mente humana. Esta forma de narrar no es una mera casualidad, es más una necesidad o una consecuencia, o quizá la misma causa, de lo mundano de sus historias. Unas historias que aún inundadas de una asfixiante cotidianeidad, demuestran una profundidad que sólo y precisamente, pueden ser sacadas de las reflexiones sobre la vida diaria, monótona y habitual de cualquier ser humano. Es cierto que tampoco se puede decir que sus historias sean de lo más común, mucho menos en estos tiempos; el sexo, el alcohol por galones y los problemas de dinero forman parte esencial de su universo, pero sí que se puede decir que no son más que la detallada descripción de la opresiva vida de sus personajes. Y sus personajes, sobre todo su eterno protagonista, Arturo Bandini, son a su vez gente mundana, gente de la calle, obligados a ganarse la vida en un mundo egoísta y casi siempre hostil al ser humano, como cualquiera de nosotros.


Arturo Bandini, es el protagonista directo de al menos tres de sus libros. Si habéis leído el artículo de wikipedia, sabréis que se les suele llamar “Trilogía de Arturo Bandini”. Este personaje no es más que un alter ego del propio autor, lo cual no quiere decir que los relatos sean autobiográficos, al menos en su totalidad, pero sí que los escenarios, personajes, vivencias y algunos hechos concretos, están íntimamente inspirados por la vida del propio John Fante. En la obra de Bukowski ocurre algo parecido con su alter ego Henry Chinaski, aunque por lo que sé, en su caso, el tono personal de la narración está más justificado en la vida personal del autor.


En resumen, John Fante, olvidado durante años por la crítica y el público, es hoy considerado uno de los grandes narradores del siglo XX. Y tiene una virtud añadida, en mi modesta opinión, y es que su forma de narrar, de escribir, de contar las cosas, esa forma fácil, lineal y sencilla de plasmar sus ideas, le hacen un autor susceptible de ser leído casi por cualquiera. Es importante no dejarse llevar por el evidente tono pesimista de sus obras, esa una mera fachada, no es el tono final, el tono real de las mismas, en todas ellas, y esto os lo garantizamos, subyace un optimismo, una vitalidad, que sólo puede surgir de aquellos que han visto lo peor de este mundo y la vida que en él todos llevamos. Por simplificar esta última reflexión, Fante y Bandini, te ayudan a descubrir que la vida es mucho más que los innumerables problemas que se nos presentan a diario.


¿Por dónde empezar para conocer a John Fante? Os dejo tres libros, no sé si son los mejores, los que un crítico daría como fundamentales, pero son los que creo que enseñan mejor su obra y que más se disfrutan nada más tomar contacto con este autor.


El primero, por supuesto, “Ask the Dust”, en español “Pregúntale al Polvo” (http://www.anagrama-ed.es/titulo/CM_345), por ser su novela más conocida y porque nos permite adentrarnos en el mundo y en la mente de Arturo Bandini.


El segundo, “Full of Life”, en español “Llenos de Vida” (http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_703), una reflexión genial y sencilla de la vida de todos, en forma de novela.


El tercero, “The Brotherhood of Grape”, en español “La Hermandad de la Uva” (http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_581), mi libro de Fante favorito, algo más complicado o enrevesado que los otros dos de la lista, pero igualmente genial, tanto en su forma de narrar, como en su especial manera de penetrar en las relaciones padre e hijo.


Animaros a cualquiera, te gusten los libros que te gusten, a que probéis a leer cualquier libro de John Fante, descubriréis que, pese a ser un autor de los que muchos descartarían por creerlo demasiado complicado o enrevesado, es, al contrario, un autor relativamente fácil de leer y con una capacidad única para involucrarnos en las historias más prosaicas.

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