Paz para Guerrero
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Video: El Estado mexicano no ha sido capaz de resolver las miles de desapariciones forzadas.- Aristegui

Video: El Estado mexicano no ha sido capaz de resolver las miles de desapariciones forzadas.- Aristegui | Paz para Guerrero | Scoop.it
Es 'urgente' que el gobierno acepte la petición que Ariel Dulitzky, presidente del grupo de trabajo de desapariciones forzadas de la ONU, para ser invitado a una vista oficial a México. La crisis detonada por Ayotzinapa, obliga a reconocer que el Estado no ha sido capaz de resolver, enfrentar y hacer lo necesario frente a miles de casos de desapariciones, incluyendo –por supuesto- a los 43”.
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El vocalista de Zoé se atreve a expresar su opinion y después es arrestado

León Larregui, vocalista de la banda Zoé, reveló en su cuenta de Twitter que fue arrestado y después publicó algunos mensajes agresivos en la red social.

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¿De dónde viene tanta violencia? Primero Justicia y entonces Paz…

Por: María Concepción López Silva

 

¿Por qué tanta violencia en las manifestaciones de protesta de los últimos días en nuestro país? ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué tanta destrucción? ¿Por qué tanta intolerancia? se preguntan quienes -por una u otra razón- no han sido hasta ahora tocados por la realidad más dramática que golpea a las mayorías.

La respuesta está en el aire: es cansancio, es hartazgo, es tocar una y otra vez los límites y sentir y pensar y desear y gritar YA BASTA una vez más, como tantas veces, es cansancio de las promesas y sinvergüenzadas de políticos y partidos y funcionarios públicos encumbrados, que no tienen llenadera como dirían por ahí, que sin recato alguno cobran decenas de miles de pesos al mes por ir a dormir en sus butacas, incumpliendo su obligación de vigilar por los asuntos del bien común público, viviendo como sanguijuelas de los impuestos del pueblo, de la clase trabajadora que somos todas y todos los demás que no tenemos prebendas (ni las queremos tampoco), que nos ganamos el pan con el sudor de la frente, con el esfuerzo del trabajo digno que sin embargo se vuelve indigno ante los abusos.

Esa violencia es el digno grito contra instituciones de servicios que no sirven, a las que para acceder a los derechos hay que acampar la noche anterior, para sacar ficha, peleándonos entre nosotros mismos el mejor sitio, desesperadas y desesperados por la necesidad de una consulta, de un trámite, de una gestión, para recibir una atención insuficiente, mediocre, costosa, corrupta, como derrame de limosnas de un sistema al que el asunto público dejó de importarle salvo para reportar números y cifras que le den legitimidad, porque de ello depende que siga poniendo la gallina de los huevos de oro que para los funcionarios de confianza y alto nivel es el servicio público.

Esa violencia es el reclamo a burócratas que han dejado de luchar y de servir a la sociedad para la que trabajan, quizá por hartazgo de su propia razón de ser, quizá porque de qué sirve que me esfuerce si de todos modos, para ser reconocido y recompensado no se necesita trabajar bien sino lamer las botas del jefe y entregarle dignidad y lealtad juntas; burócratas que quizá se han creído la enseñanza colonial del desprecio al pueblo, al pobre, al indio, al marginado, a esos que no saben, que no entienden, que no se quejan, gente que mejor incorporar o desechar, pero a quien no están obligados a respetar; burócratas que le hacen la tarea sucia al sistema institucional y lo alimentan también con corrupción para que siga en pie y se pueda seguir ordeñando, indefinidamente, como destino inamovible.

Esa violencia es el cansancio de la vida cotidiana, de la juventud que no encuentra opciones, porque son muchos y muchas queriendo estudiar y las universidades abren solo unos cuantos lugares, muchos de los cuales se llenarán primero con los que tienen más recursos económicos; es el cansancio de maestras y maestros que no pueden enseñar porque también las plazas están coptadas por sindicaleros corruptos, charros que desvirtúan la lucha obrera, que venden a sus bases, que las engañan, que las extorsionan; es el cansancio de familias a las que el salario de todas y todos sus integrantes juntos no les alcanza para comer carne diario ni  mucho menos, quienes compran ahora la mitad de lo que apenas hace unos años atrás podían comprar, quienes tienen que completar su salario empleándose dos o tres jornadas en empleos cada vez más informales; es el cansancio de campesinas y campesinos, pequeños productores, comerciantes ambulantes, gente de a pie que ya no puede más, despojada de bienes y derechos, despreciada y marginada; es el cansancio de la clase obrera, que sigue explotada y cada vez con menos futuro, porque sabe que en este país la salud, la educación, la vivienda, la recreación, la jubilación, el retiro digno, los derechos en general, son un sueño que ya no está a su alcance.

La violencia de nuestras manifestaciones -en las que muchas y muchos participaríamos si no tuviéramos miedo al dolor de la represión- es la convicción de que si no hacemos algo volveremos al estancamiento que cada tanto se instala en nuestras cotidianidades después de hechos cada vez más y más espeluznantes y terroríficos: Aguas Blancas 1995, Acteal 1997, El Charco 1998, Guardería ABC 2009, Tlatlaya 2014, Ayotzinapa desde tiempos inmemoriales… todos ellos impunes hasta el día de hoy.

Es cierto, la violencia genera violencia. Lo que no hay que olvidar es que es el Estado Mexicano quien inició hace décadas la violencia estructural. Es el Estado Mexicano quien siembra violencia con reformas que van sumiendo a nuestro país en la peor de las crisis y el peor de los imaginarios de futuro para nuestros hijos e hijas. Es el Estado Mexicano quien ha ido robando y saqueando la riqueza material de nuestros pueblos y quien asesina su riqueza cultural y a sus gentes y saberes. Es el Estado Mexicano en manos de una camarilla de ladrones de cuello blanco y aparentes buenos modales. Es la clase política quien siembra vientos, que no se asuste ahora de cosechar tempestades.

La violencia de las manifestaciones es dolorosa e indeseable, pero en este país y con esta historia nunca podrá ser cuestionable y es definitivamente legítima. Quien no quiera esa violencia que se ponga de pie y luche con dignidad por sus derechos y los de sus hijos e hijas. Quien no quiera esa violencia que se niegue a ser cómplice y promotor de la violencia estructural. Y en últimas, quien no quiera esa violencia y no quiera hacer nada que, por favor, cuando menos cierre la boca.

 

La comunidad estudiantil de nuestro país, la más digna y valiente de estos y otros tiempos, grita en sus pintas y consignas:

Si no hay Justicia para el Pueblo, que no haya Paz para el gobierno.

Es la frase más razonable que puede expresar una comunidad digna con una historia como la nuestra. Quizá este es un momento en el que la Justicia tiene que preceder la Paz, de lo contrario no habrá tregua, ni marcha atrás.

 

JUSTICIA para las víctimas de Aguas Blancas, Acteal, El Charco, la Guardería ABC, Tlatlaya y Ayotzinapa.

JUSTICIA para las víctimas de feminicidio conocidas y las que no han sido registradas.

JUSTICIA para las víctimas de desaparición forzada a lo largo y ancho del país.

JUSTICIA para las víctimas individuales de la guerra del Estado contra el pueblo: presos y presas políticas, juventud criminalizada, periodistas asesinados y asesinadas.

LIBERTAD INMEDIATA para Nestora Salgado

A los Compañeros Normalistas desaparecidos en Iguala

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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