Marginalia
9 views | +0 today
Follow
Marginalia
Un aviso clasificado circula y esperamos respuestas
Your new post is loading...
Your new post is loading...
Scooped by Saul Alvarez Lara
Scoop.it!

(sin título)

(sin título) | Marginalia | Scoop.it
Viaje a la virtualidad

8 septiembre, 2012 § 1 comentario

              2 Votes

 


Veintisiete pulgadas de pantalla o solo veintiuna. Es la cuestión. Mientras miro los computadores una mujer que parece parada en zancos pasa del otro lado del mostrador. El vendedor la mira y queda obnubilado, repara en mí, ve que lo estoy mirando y no sabe qué hacer, espera que yo esté tan sorprendido como él. No reacciono. Me quedo allí con expresión fija, como si llevara una máscara, estoy entrenado para eso, creo. El vendedor se desconcierta, espera alguna complicidad de mi parte pero como no la encuentra pierde el control. Me mira, mira la mujer, me mira de nuevo y voltea hacia la mujer, está perdido.

En una de veintisiete pulgadas se convirtió la pantalla de trece en la que viví hasta hace solo días. En una de veintisiete puede suceder lo narrado en el párrafo anterior. Es gigante. En la de trece también pero estrecho. No es raro, entonces, que en estas épocas de virtualidad, de mundos paralelos, de “otro lado del espejo”, sea en esas pantallas tan precisas de “alta definición”, como lo que vemos, donde están las historias. Se podría suponer que un utensilio así, herramienta o nave, obrará un cambio radical en el contacto de quien se siente en frente con el “otro lado”. En cualquiera de los “otros lados” identificados, el exterior, el interior, el virtual, el real, el del más allá, esta facilidad (terminará siendo tomada como tal), será fuente de relaciones mediadas, cada vez más, por su presencia. “Algo adentro habita en las máquinas” dijo Aurora Venturi en una entrevista, citada por Vila Matas hace algunos años.

Es para vivir en ella, me digo. Como la habitación de Kaspar Hauser la pantalla es tan grande como el mundo. Hay de todo y todo se puede hacer en ella, entrar y salir por supuesto; encontrar con quien hablar y también enamorar; se puede ver sin ser visto y también lo contrario; se puede viajar por tierra, mar o aire, simulado, claro está, o incluso ir más allá o no ir tan lejos y visitar museos o parques en ciudades desconocidas; pasar horas y días en bibliotecas abiertas como sus libros; escuchar conferencias y participar en foros.

Se encuentran también imitaciones de la virtualidad pero ella no necesita copia, ella sola es suficiente. Ahora, virtualidad y realidad son lo mismo, una está allá y la otra aquí pero son iguales. Aunque hay diferencias, allá en la virtualidad nada huele, en cambio escuchar, voces y pasos, incluso ver sombras y hacer el amor sin tacto es posible. La pantalla absorbe a quien se sienta frente a ella, no lo desaparece como podría suceder en el mundo real, las veintisiete pulgadas solo permiten la entrada del ser virtual, aquel con claves y nombres inventados o representativos que todo el mundo o por lo menos cada vez más gente, tiene. De allí en adelante quien sea absorbido queda librado a su imaginación. Las veintisiete pulgadas son más propicias por una cuestión de espacio y facilidad, pero también puede suceder y sucede en la de trece o en otra más pequeña solo que se requiere mayor concentración.

Recuerdo que hace algunos años la posibilidad más económica para ir a Europa era el barco y aún por ese medio había ofertas más costosas que otras. La más accesible era en los camarotes que los barcos de carga alquilan para pasajeros con poco afán de llegar a puerto o que no tienen puerto y están dispuestos a hacer el recorrido, sin las comodidades de las naves de turismo, en la austeridad más conventual que sea posible imaginar. Por supuesto con el mar en frente, quieto o picado, pero amplio y monótono. Las referencias del viaje menos costoso incluían, además, la incertidumbre sobre la duración de la travesía porque era posible que en el tránsito de la carga la nave tuviera que hacer una o dos, incluso tres, paradas para entregar o recibir mercancía. Durante esas paradas no estaba permitido a los pasajeros bajar a puerto para evitar problemas y también porque en la mayoría de los casos las autoridades no lo permitían. Un viaje que en avión toma de diez a doce horas, en aquella época algunas horas más, en uno de estos cargueros la duración del viaje no estaba lejos de un mes o mes y medio. Alguien al escuchar lo que esperaba a quien se inscribiera en aquella travesía preguntó, ¿y qué hace uno en un barco sin nada todo ese tiempo? La persona que hizo la descripción dijo entonces, uno hace lo que le gusta hacer: lee o dibuja, o escribe, o toma nota, o duerme, o hace ejercicio, o no hace nada si eso es lo que le gusta. Recuerdo esa situación particular porque entrar a la virtualidad ofrece las mismas posibilidades que el viaje en cargo a Europa. Uno hace lo que le gusta hacer.

Argumento. Un hombre compra una computadora y no sabe qué hacer con ella. Solo ha escuchado parabienes y una que otra crítica, que la soledad, que los peligros, que los virus. Como no sabía qué hacer con ella la dejó en la caja. Se sentó frente a ella y dudó. Alguien le dijo que contratara un técnico y lo hizo. Fue tal su afición que no la apagó más. Con el tiempo dominó los virus y los peligros, viajó por el mundo y conoció gentes y lugares hasta que un día por una falla irreparable de la memoria olvidó su clave. Así, sin memoria, comienza la historia…

*Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra. *Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

*Los “Argumentos” son historias que el lector de Marginalias completará como guste.  

© Saúl Alvarez Lara / 2012

more...
No comment yet.
Scooped by Saul Alvarez Lara
Scoop.it!

Marginalia

Marginalia | Marginalia | Scoop.it

Clasificado

La semana pasada, por primera vez desde su lanzamiento hace cuatro, quizá cinco años, La Marginalia envió a sus lectores un anuncio con el siguiente texto: “Busco frases sencillas aunque parezcan anodinas. Frases perdidas o escuchadas en lugares públicos: buses, cafeterías, calles, salas de espera, etc. No se reciben frases famosas o de cajón. Enviar su frase a...” (el texto iba acompañado de un e-mail). Este clasificado, lo llamamos así por la forma del mensaje y sobre todo por la primera palabra, “Busco”, utilizada con frecuencia en ese tipo de mensajes lo mismo que “Compro”, “Vendo”, “Cambio” o “Arriendo”. El clasificado circuló por dos vías, las redes sociales, Facebook, Twitter y también salió publicado en la sección de clasificados de Vivir en El Poblado de Medellín. No consideramos la posibilidad de que el aviso causara una reacción distinta a la que deseabamos al publicarlo, después de lanzar la maquinaria se nos ocurrió pensar que en lugar de llevar a los potenciales contribuyentes de frases a escarbar en los entresijos de su memoria por alguna frase dicha o escuchada, por accidente, en el lugar menos pensado, el aviso podía incitarlos a salir en busca de las frases que caen por todas partes como las hojas de los árboles para utilizarlas en sus propias aventuras con las palabras. ¿Por qué, después de la primera acción se nos ocurrió la posibilidad de las variables personalizadas que circularían sin retención alguna por todas partes? Sencillamente porque nada existe que no tenga origen en las palabras, ni siquiera la imagen que solo después de mostrarse como tal, puede alcanzar el valor de mil palabras y primero fue palabra. También lo puso en evidencia García Márquez en los primeros párrafos de “Cien años de soledad” cuando escribió que “… el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre (de palabra) y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo…” En fin, utilizamos las redes sociales, publicamos el aviso como clasificado y esperamos las respuestas. No es posible asegurar que entre nosotros había consenso sobre lo que iba a suceder. No sabíamos si habría respuestas, en caso de que no hubiera el asunto quedaba clausurado, así, sin más, pero lo que podía ser más grave, si había respuestas ¿qué íbamos a hacer con ellas? La noche después del envío y la publicación, mientras tomábamos una copa de vino para calmar los nervios o para relanzarlos, depende desde donde se mire, pusimos sobre la mesa las posibilidades que se presentaban. La primera y más sencilla era hacer la recopilación, con fecha y punto de origen de las frases que llegaran y si alcanzábamos un número importante haríamos una selección y después un libro. Por supuesto, la selección iba a ser causa de nuevas discusiones, sin embargo, esta opción se tuvo en cuenta. La segunda, presentaba una complicación suplementaria, una vez las frases recibidas invitaríamos algunos artistas y les comisionariamos la creación de la imagen que la frase elegida sugiriera. Por supuesto, cuando tuviéramos las imágenes listas editaríamos un libro. La tercera opción tenía relación directa con la segunda y la misma complicación, sería necesario encontrar quienes participaran del proyecto, solo que en esta propuesta haríamos una combinación entre la imagen que sugiere la frase, realizada por un artista, y la historia o cuento que de la elección resulte, narrado por un escritor. Por supuesto, cuando tuviéramos las imágenes y los textos listos editaríamos un libro. Al final de la segunda botella de vino, un Malbec de buena casa, alguno de nosotros dijo, es de una nueva versión de “El Teatro Leve” de lo que hemos estado hablando, claro está, a partir de frases, anodinas o perdidas en la maraña de las horas y las cosas, pero en esencia es lo mismo, sentenció. La discusión subió de tono porque había entre nosotros quienes no veían la propuesta como una copia de “El Teatro Leve”. Esa noche dejamos la discusión en ese punto y decidimos esperar el resultado de la acción de base, el clasificado en las redes sociales y en la prensa. Pasaron dos días. Nada. La posibilidad de que hubieramos abierto la puerta a la búsqueda de frases por mucha gente y por todas partes para uso personal en sus historias o en sus vidas diarias, pareció confirmarse. Imaginamos entonces personas a la caza de frases perdidas, voladoras, incluso de frases que no querían decir nada, o muy poco. Imaginamos el recién llegado que escucha una frase caer a su lado en el mismo momento en que baja del transporte que lo trajo hasta Medellín, más de diez horas de viaje, y decide empezar a recogerlas al día siguiente. Imaginamos el buscador de frases que se convierte en personaje y con el nombre de Hernando, un nombre normal como las frases que busca, va por todas partes tras las frases que lo llevaran a resolver la trama que le impone una relación inesperada. Encuentra frases suficientes para dar vuelta a la situación pero otro personaje, un opositor tan bueno o malo cmo él, también busca lo mismo, la trama que se impone deja poco espacio para dos, uno de ellos debe abandonar o conformarse o desaparecer. Tres días después de enviar el clasificado el grupo discute las tramas posibles, todo depende de las frases, dijo el más escéptico de nosotros. Todavía no había llegado ninguna. Argumento. Una celebración. Los invitados llegan con regalos, toman vino, consumen un menú preparado especialmente para la ocasión y felicitan al anfitrión por el buen gusto de invitarlos. Ninguno de los presentes define si ser invitado es un honor o una suerte. Poco importa, dice alguien, lo importante es estar presente porque de la celebración solo queda la historia y la historia se repite, en ese momento comienza la fiesta… *Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra. *Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas. *Los “Argumentos” son historias que el lector de Marginalias completará como guste. Siga las publicaciones de BCNBase y Ficción La Editorial en Ficción la Revista. © Saúl Álvarez Lara / 2012

more...
No comment yet.