Los Siete Saberes necesarios para la Educación del Futuro
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Los Siete Saberes necesarios para la Educación del Futuro
Morín postula una serie de ideas dirigidas a revalorar la mutua influencia entre la educación y la cultura occidental a lo largo del devenir de la humanidad, aunque con énfasis en la herencia de ambas para el siglo XXI: un conocimiento y una cultura fragmentados, parcializados debido a la extrema especialización de los campos de conocimiento, lo que ha contribuido a que las nuevas generaciones perciban el mundo en forma parcial, limitada e incluso incapaz de comprender la profunda relación entre el hombre y su medio , de allí que muchos avances científicos y tecnológicos, a pesar de que contribuyen a mejorar la calidad de vida de la humanidad, también han ejercido un impacto negativo en el medio ambiente .
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Patricia Nora Zúñiga

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                       Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro

                                                                                  Ensayo por Lic. Patricia Nora Macip

Edgar Morín, intelectual francés –de origen español- nacido en 1921,
presentó (en coautoría con la UNESCO), en 1999 su libro titulado, en español,
“Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”[1], obra
que ocupará el presente ensayo.

En dicho documento Morín postula una serie de ideas dirigidas a revalorar
la mutua influencia entre la educación y la cultura occidental a lo largo del
devenir de la humanidad, aunque con énfasis en la herencia de ambas para el
siglo XXI: un conocimiento y una cultura fragmentados, parcializados debido a
la extrema especialización de los campos de conocimiento, lo que ha contribuido
a que las nuevas generaciones perciban el mundo en forma parcial, limitada e
incluso incapaz de comprender la profunda relación entre el hombre y su medio[2], de
allí que muchos avances científicos y tecnológicos, a pesar de que contribuyen
a mejorar la calidad de vida de la humanidad, también han ejercido un impacto
negativo en el medio ambiente[3].

Sin embargo, los efectos de tales innovaciones no han sido negativos
únicamente para el medio ambiente sino para la propia humanidad, ya que, como
señala el mismo autor, los beneficios de la Ciencia y la Tecnología a fines de
siglo XX están principalmente al alcance de los habitantes de las naciones
europeas, pero aún están lejos del alcance de otras comunidades, principalmente
las naciones históricamente marginadas y/o explotadas por otras. Incluso señala
que las ciencias económicas se han aislado del mundo real, por lo que han
dejado de ver los estragos que sufren los habitantes de naciones menos
favorecidas bajo la actual dinámica económica internacional[4].

Morín señala que en la educación actual, considerada el medio más
importante para la difusión de los conocimientos, se ha olvidado enseñar que el
conocimiento humano no es perfecto, presenta dificultades y tendencias tanto al
error como a la ilusión, por lo cual se olvida de enseñar reflexionar acerca de
la naturaleza del conocimiento así como el hecho de que el conocimiento no
puede considerarse como una herramienta exenta de defectos y lista para ser
usada sin consecuencia alguna, por lo cual es indispensable enseñar a las
nuevas generaciones a no caer en el error de creer que el conocimiento
alcanzado (y se les enseña) es infalible y mucho menos, a caer en la ilusión de
que el uso objetivo de la razón nos permitirá evitar cometer errores[5], ya
que el mundo y la vida humana no se rigen solamente por el uso de la razón y la
ciencia: es fruto de una interacción sumamente activa entre hombre y medio
ambiente, innegablemente mediada por la razón pero complicada por la naturaleza
emocional, lúdica, lírica y delirante del hombre[6].

Es decir, no es posible confiar solamente en el uso “objetivo” y benéfico
de un conjunto de conocimientos que, por lo común, son puestos al servicio de
ciertos intereses, de grupo, de clase o de raza[7], y
tampoco es posible seguir creyendo que la “razón” nos permite observar la
realidad en su forma “más pura”, ya que nuestra condición humana nos hace
susceptibles de cometer errores, sin importar el nivel de estudios o la
actividad profesional. En consecuencia, reconoce que ningún intelectual, científico
o institución (pública o privada) actúa en forma desinteresada sino que siempre
existen intenciones no siempre explícitas -habría que señalar que incluso
muchas veces los individuos y las sociedades no están conscientes de dichas
intenciones- y sesgos en su interpretación de la realidad material así como en
su actuación en el mundo[8], lo
que ha contribuido a generar la irresponsabilidad de los seres humanos en
cuanto a los efectos de sus propios actos.

Con intención de superar las limitantes del pensamiento y el conocimiento
humanos a principios de siglo XXI, Edgar Morín propone lo que denomina los
siete saberes necesarios para la educación del futuro. Entre las principales
propuestas del autor destaca, en primer lugar, introducir y desarrollar en la
educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales
del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones
tanto psíquicas como culturales que permiten arriesgar el error o la ilusión[9].

A lo anterior, Morín añade la necesidad de promover un conocimiento capaz
de abordar problemas globales y fundamentales para inscribir allí conocimientos parciales y
locales, ya que, como señala el autor, el razonamiento y el conocimiento
actuales se caracterizan por una visión parcial de la realidad, provocada
principalmente por la especialización de la ciencia y la tecnología, lo que
impide comprender y manejar la relación entre el todo y sus partes, por lo cual
es necesario enseñar a las nuevas generaciones a razonar de tal forma que
puedan “… aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades y sus
conjuntos”[10], con métodos que permitan
aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y
el todo en un mundo complejo, del cual forma parte el ser humano, que también
es un ser complejo debido a su naturaleza física, biológica, psíquica,
cultural, social e histórica, que no puede ser subestimada o ignorada[11].

La escuela (pública y privada) desempeñaría un papel importante entre las
nuevas generaciones al promover la toma de conciencia acerca de dicha
complejidad y de la estrecha relación entre lo emocional y lo intelectual, lo
psíquico y lo social, lo cultural y lo histórico, que hacen del ser humano un
individuo capaz de moverse de extremo a extremo entre la lucidez y la locura,
la creatividad y la destrucción, la sensibilidad y la racionalidad, por lo cual
sería fundamental enseñar la condición humana, más que conocimientos
fragmentados y frecuentemente aislados de la realidad[12].

Sin embargo, Edgar Morín no desestima ni minimiza los logros de la
ciencia y la tecnología, pues señala que mediante las aportaciones de las disciplinas
actuales es posible reconocer la unidad y la complejidad del ser humano,
mediante la organización y reunión de los conocimientos dispersos, con
intención de mostrar la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de
todo lo que es humano pero que trasciende en lo que Morín denomina “la realidad
planetaria”, es decir, la estrecha e inseparable unidad entre todas las culturas
y todas las sociedades humanas (que para el autor comenzó en el siglo XVI e
implicó no sólo el establecimiento de vínculos de intercambio y solidaridad
sino de dominación y opresión), y que presenta su máxima expresión en el
destino común de la humanidad, con todas sus implicaciones[13].

Por otra parte, el autor señala que
a pesar de que las ciencias han permitido alcanzar muchas certezas
también nos han revelado otras áreas de incertidumbre, de hecho, y a partir del
reconocimiento de la complejidad del individuo y las sociedades humanas así
como de la manifiesta parcialidad en las ciencias, Morín propone que es
necesario promover (a través de la educación), la integración de los
conocimientos y logros de la humanidad así como “… las incertidumbres que han
aparecido en las ciencias físicas (microfísica, termodinámica, cosmología), en
las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas”[14].

Lo anterior presenta el reto de enseñar principios de estrategia que
permitan a las nuevas generaciones afrontar los riesgos, lo inesperado, lo
incierto y modificar su desarrollo conforme a la información adquirida en el
camino[15] y
mediante cualquier modalidad de enseñanza-aprendizaje, todo ello con intención
de generar actitudes y habilidades que les permitan enfrentar los retos y
cambios del futuro con actitud de apertura, tolerancia, flexibilidad y
creatividad, aunque en este caso –y en lo personal- me parece que también sería
necesario desarrollar una actitud crítica en el entendido de que no todo cambio
o propuesta, por el simple hecho de ser nueva u original, resulta mejor.

Cabe destacar que para Edgar Morín la comprensión “… es al mismo tiempo
medio y fin de la comunicación humana”[16], por
lo cual resulta elemento indispensable en la enseñanza, pues contribuiría a
superar las diferencias sociales, culturales, político-ideológicas, en pro del
establecimiento de vínculos de equidad, tolerancia, aceptación y solidaridad
entre individuos, sociedades y naciones. En consecuencia, el pensador francés
propone estudiar la incomprensión desde sus raíces así como sus modalidades y
sus efectos, concentrándose no sólo en los síntomas (la intolerancia), sino en
las causas de los racismos, las xenofobias y los desprecios con intención de
sentar las bases para una educación por la paz[17].

El autor añade que la educación debe conducir a una “antropo-ética”, tomando
en cuenta la estrecha relación individuo-sociedad-especie. En este sentido, indica:
“la ética individuo/especie necesita un control mutuo de la sociedad por el individuo
y del individuo por la sociedad, es decir la democracia; la ética individuo-especie
convoca a la ciudadanía terrestre en el siglo XXI”[18],
pues el propio Morín argumenta que todo desarrollo verdaderamente humano debe
comprender el desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las
participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer a la especie humana[19].

No obstante, Edgar Morín reconoce que la ética no se podría enseñar con
lecciones de moral, que debe formarse en las mentes a partir de la conciencia
de que el humano es al mismo tiempo individuo, parte de una sociedad y una
especie, además de que la ética no es una disciplina dedicada a proporcionar
normas de conducta y mucho menos a promover el control individual o social. La
ética -al menos la ética occidental moderna-, reflexiona acerca del bien
supremo y de la mejor manera de vivir en sociedad, pero en ningún modo
establece conclusiones acerca de lo que es bueno o malo para el hombre y mucho
menos acerca de lo que debe o no debe hacer. Sólo a través de la educación
moral se promovería la asimilación y práctica de normas y hábitos de conducta
considerados fundamentales para la convivencia en una sociedad determinada[20].

A partir de lo anterior se proyectan, para el autor, las dos grandes
finalidades ético-políticas del nuevo milenio: establecer una relación de
control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y
concebir la Humanidad como comunidad planetaria[21],
aunque la idea de control resulta discutible, en tanto que implicaría, en mi
opinión, la limitación de las libertades individuales.

A modo de conclusión, en el caso de México sería necesario trascender del
desarrollo de planes, contenidos, estrategias y recursos de enseñanza para
enseñar los siete saberes (propuestos por Morín), a las nuevas generaciones. En
mi opinión hace falta un proyecto de re-educación de los propios docentes, ya
que me parece fundamental que éstos comprendan, vivan y apliquen aquello que
pretenden que los estudiantes aprendan, de lo contrario no sólo se cometería la
incoherencia de enseñar lo que los propios docentes no hacen sino que, al no
hacerlo y mucho menos al des-conocer (en el sentido epistemológico de la
palabra) aquello de lo que hablan, estarían imposibilitados para comprender, y
en consecuencia enseñar para la tolerancia, la comprensión, la solidaridad, la
incertidumbre, y, en fin, para la humanidad.

FUENTE:

MORÍN, Edgar. Los
siete saberes necesarios para la educación del futuro. Traducción de
Mercedes Vallejo-Gómez, París: UNESCO, 1999, 60 p.

[1] MORÍN, Edgar. Los siete
saberes necesarios para la educación del futuro. Traducción de Mercedes
Vallejo-Gómez, París: UNESCO, 1999, 60 p.

[2] Ídem., p 18.

[3] Íd., pp 17-18.

[4] Íbidem.

[5] MORÍN, Edgar. Op. Cit., pp 5-17.

[6] Ídem., p 23-28.

[7] Íd., pp. 10-11.

[8] Íd. 18-20 y 23-28.

[9] MORÍN, Edgar. Op. Cit., pp
21-23.

[10] Ídem., p 10, 14, 20-26.

[11] Íd., pp 27-29.

[12] Íd., pp 21-28.

[13] MORÍN, Edgar. Op. Cit., pp 29-38.

[14] Ídem., pp. 10.

[15] Íd., pp. 39-46

[16] Íd., p 11.

[17] MORÍN, Edgar. Op. Cit., p 10.

[18] Ídem., p 11.

[19] Íd., pp 62-68.

[20] Íbidem.

[21] MORÍN, Edgar. Op. Cit.,
pp 58-59.

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Educar en la sociedad del conocimiento

De Juan Carlos Tedesco

Ensayo por Lic. Patricia Nora Macip

Juan Carlos Tedesco es Licenciado en Ciencias de la Educación por la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires y actualmente es ministro de educación en Argentina; entre 1998–2005 fue director del Instituto Internacional de Planificación de la Educación, de la UNESCO, en Buenos Aires. Desde 1968 se ha desempeñado como investigador y profesor, además de desempeñarse en diversas instituciones
internacionales relacionadas con el quehacer educativo a nivel local, regional
e internacional[1].
También es autor del libro “Educación y sociedad del conocimiento”, obra escrita
a fines de siglo XX y principios del XXI y que ocupa el presente ensayo.

El ministro argentino señala que la actual crisis económica internacional es de carácter estructural y se caracteriza porque sus dificultades se producen al mismo tiempo en las
instituciones responsables de la cohesión social -el Estado y la religión- así
como en las relaciones entre economía y sociedad, con lo que se refiere a la
crisis del mercado laboral, así como en los modos a través de los cuales se
forman las identidades individuales y colectivas[2].

El especialista en educación señala que existe consenso en reconocer que el conocimiento y la información estarían reemplazando a los recursos naturales, a la fuerza y/o al dinero, como variables clave de la generación y distribución del poder en la sociedad[3], de allí que la organización de las sociedades contemporáneas gire en torno a la generación, difusión y aprovechamiento del conocimiento, con los problemas que ello implica.

Tedesco se apoya en datos de CEPAL y UNESCO para señalar que la educación es una de las pocas variables de intervención que impacta simultáneamente sobre la competitividad económica, la equidad nacional y el desempeño ciudadano. Sin embargo, destaca que un crecimiento económico sin progreso técnico implica continuar con una competitividad ficticia, basada en la disminución de los salarios y la
depredación de los recursos naturales[4], lo que derivaría en una sobreexplotación de los recursos humanos y naturales, dejando de lado aspectos como la universalización del conocimiento, el desarrollo eficiente de capital humano y el desarrollo económico sustentable.

Tedesco también señala que los primeros análisis acerca del papel del conocimiento y de la información como variables centrales del poder fueron demasiado optimistas acerca de sus potencialidades democratizadoras, pues reconoce que el uso intensivo de
conocimientos en el ámbito social (incluyendo la educación) y en materia económica
produce –paradójicamente- más igualdad y más desigualdad, mayor homogeneidad y
mayor diferenciación.

Al respecto, el profesor-investigador afirma que uno de los principales factores causantes de la desigualdad es la organización del trabajo, pues la posibilidad de ascender en la jerarquía laboral es cada vez más difícil, además que la mayor parte de los nuevos puestos de trabajo no se crean en los sectores tecnológicamente
avanzados sino en los servicios[5], y añade que mientras en los sectores tecnológicamente más avanzados los salarios pueden ser generosos, los sectores de servicios están obligados a aumentar muy moderadamente los salarios debido al alto número de profesionistas desempleados y disponibles en el mercado laboral.

Tedesco señala que las actuales modificaciones en la estructura organizacional (en redes cooperativas) marcan un proceso de transición de una organización vertical a otra horizontal, lo que significa que la exclusión laboral también está provocando exclusión social. Anteriormente, en una organización jerárquica, las relaciones de
explotación conducían al estallido de conflictos organizados y movilizaciones
colectivas -mediante sindicatos, partidos políticos, etc.-, mientras que la
exclusión implica separación, al no haber una reacción organizada[6].

Además se excluye de estas redes de relaciones a los que no tienen ideas, por lo cual, mientras en la economía capitalista tradicional cada segmento social era una categoría y la desigualdad se producía entre grupos sociales, en la actualidad la segmentación
se produce al interior de cada grupo social[7], es decir, la unidad y los conflictos derivados de las diferencias de clases han cedido lugar a la organización y la exclusión a partir de las coincidencias ideológicas, cuyo eje principal está constituido por el uso intensivo del conocimiento para el desarrollo tecnológico.

Una consecuencia de la falta de plazas en el mercado laboral consiste en que la estabilidad en el trabajo no estaría garantizada tanto por el nivel, tipo o grado de
aprovechamiento de los conocimientos de un empleado o trabajador sino por su
identificación total con la empresa y el esfuerzo de éste por cubrir los
requerimientos de reconversión permanente, exigidos por el trabajo, mientras
que para la mayoría las condiciones de trabajo estarían caracterizadas por
contratos temporales, interinos, de tiempo parcial o, en caso extremo, el
desempleo[8].

El autor también señala que en la economía capitalista tradicional la pobreza o las condiciones laborales se percibían como consecuencias de un orden social injusto -lo que daba lugar a una lucha de clases cíclica y bajo múltiples formas-, mientras que
bajo el nuevo capitalismo las condiciones laborales, económicas y sociales se
atribuyen a la naturaleza de las cosas y, en último caso, a la responsabilidad
social; muestra de ello es el resurgimiento de teorías que pretenden explicar
conductas, niveles de desarrollo cognitivo y la ubicación en la estructura
social por factores genéticos, lo que a su vez impacta en la aplicación de la
justicia, pues ésta se aplica en el entendido de que todos tenemos igualdad de
oportunidades, aunque se deja de observar que no todos los individuos estamos
en igualdad de circunstancias, lo cual influye –en el caso de la educación- en
las posibilidades no sólo de acceder sino de terminar un ciclo o nivel
educativo.

No obstante, Tedesco señala que frente a estas tendencias, se está gestando un nuevo pensamiento democrático, basado en la ideas de solidaridad y justicia como base para el desarrollo social sostenido. Declara también que una ventaja de contar con mayor información es que ésta puede servir para diseñar estrategias de acción social más eficaces para promover la justicia (lo que se conoce como “discriminación positiva”), en lugar de la discriminación pretendida por los partidarios del neoconservadurismo[9].

Otra consecuencia de las transformaciones en la organización de las sociedades y laborales -pero principalmente por causa de la globalización económica- consiste en que se reduce la capacidad del Estado para definir su política monetaria, su
presupuesto, su recaudación de impuestos y la satisfacción de las necesidades
sociales de su población, en tanto que dependen cada vez más de variables inestables
tales como la inversión extranjera, el consumo derivado de las exportaciones,
las importaciones y los costos del petróleo, entre otros; además, para
sobrevivir a su crisis de legitimidad, el Estado-Nación cede poder y recursos a
los gobiernos locales y regionales pero pierde capacidad para conciliar la
diversidad de intereses y representar el “interés general”, de lo cual se
deriva también la tensión entre gobernar con base en la democracia sin perder
su autonomía como institución[10].

El ex-funcionario de la UNESCO destaca que el concepto de ciudadanía asociado al Estado-Nación ha comenzado a perder significado del mismo modo que las organizaciones locales,
cuya base radica en la integración cultural debido a que las personas han
comenzado a organizarse alrededor de otras instituciones que van más allá de lo
nacional, lo cual también es consecuencia de la globalización. Tedesco
argumenta que la diferencia entre las sociedades tradicionales y la sociedad
moderna radica en el papel de la reflexión, ya que la esperanza de que una vida
basada en el uso de la razón daría mejores resultados que la tradición resultó
errónea, pues –de acuerdo con el mismo- ha quedado demostrado que un mayor
conocimiento de la vida social no implica un mayor control sobre ella sino una
mayor incertidumbre, que además, es fabricada; a ello se añade que, ante la
falta de instancias de protección en las cuales confiar, los contactos entre la
población general con los líderes institucionales o los “expertos” (sus
delegados o representantes) se caracterizan por una tirantez continua entre
fiabilidad y escepticismo, confianza e incertidumbre[11].

Sin embargo, el autor señala
que la crisis en la legitimidad del Estado no significa que los individuos sean
más participativos o que su participación sea más directa, pues la democracia
directa –afirma- provoca la ausencia de espacios institucionalizados de
discusión colectiva, negociación y concertación, lo que puede incrementar el
individualismo antisocial, a lo cual se añade una mayor presencia de los medios
de comunicación, mismos que están expuestos a diversas posibilidades de manipulación,
por lo cual el reto consiste en evitar que el individualismo asocial y la
cohesión grupal autoritaria supriman la política, entendida como la
concertación social para la solución de los problemas comunes[12].

El profesor-investigador también aborda las reestructuraciones sociales a partir de los cambios que se experimentan en la organización familiar, cuyas principales características
consisten en la carga afectiva con la cual se transmiten sus contenidos y la
identificación absoluta con el mundo tal como lo presentan los adultos, de lo
cual resultaba la importancia de la familia como espacio de socialización
primaria. Sin embargo, el cambio fundamental que se ha producido en la familia
es la disociación entre conyugalidad (vínculo de pareja) y filiación (vínculos
entre padres/madres e hijos/hijas)[13],
debido a que la familia ya no es considerada como una institución sino como una
red de relaciones. Es decir, en la familia también se está pasando de una
organización vertical a una horizontal donde también se da la exclusión y
resulta en una crisis sobre el papel de los padres en la formación de sus hijos.

El individualismo ha
evolucionado desde el siglo XIX de tal manera que, mientras anteriormente se
limitaba a los ámbitos político y económico –por lo cual las personas debían
conducirse en sociedad bajo estrictos códigos de conducta pública y privada-
actualmente el individualismo hace énfasis en la autoexpresión, el respeto a la
libertad interna, la expansión de la personalidad, las cualidades especiales y
la excepcionalidad, sin embargo -y paradójicamente-, esta autonomía de los
sujetos se acompaña de una demora cada vez mayor de la independencia material[14].

En cuanto a la relación
entre socialización y educación, Tedesco señala que el Estado, la Iglesia y la
familia ya no son las únicas instituciones que proporcionan los elementos para
el desarrollo de la identidad, la moral y la cosmovisión de los individuos,
aunque tampoco surgirán en forma espontánea; de acuerdo con el autor serán los
mismos individuos quienes generen sus propias formas de insertarse en la
sociedad, lo que hace fundamental la enseñanza sistemática –es decir, basada en
métodos y estrategias concretas y específicamente diseñadas- de habilidades de
socialización así como actitudes, ambas basadas en los valores fundamentales
para la vida en sociedad, en el entendido de que algunas relaciones sociales
pueden ser elegidas y otras son impuestas (como en el trabajo y la escuela);
sin embargo, el autor señala que podría ser arriesgado dejar a las propias
escuelas el diseño institucional de dichos métodos o estrategias, pues podría
darse un efecto contrario al deseado[15].
Tedesco propone la construcción de un concepto de ciudadanía mundial basado en
la solidaridad y vinculado a la pertenencia al género humano[16],
lo cual entraría, además, en concordancia con las aspiraciones de aprender a Ser y a vivir juntos
promovida por la UNESCO.

El ministro argentino
señala también que las nuevas tecnologías también están influyendo en las
estructuras sociales pues obligan a modificar los conceptos de tiempo, espacio
y realidad, y critica la idea de que la popularización de las tecnologías
informáticas, al facilitar la comunicación, contribuyan a solucionar los
problemas de la humanidad, ya que la evolución de las tecnologías responde a
las necesidades sociales, y no al revés. Tedesco señala que -por ejemplo-, no
fue la imprenta la que democratizó la lectura: fue la necesidad social de
democratizar la cultura lo que influyó en la invención de la imprenta, de lo
cual concluye que el problema radica en socializar las técnicas, no en tecnificar
a la sociedad [17].

El autor concluye que el
papel del conocimiento y la educación en la formación del ciudadano implica
incorporar en los procesos educativos una mayor orientación hacia la
personalización del proceso de aprendizaje, la construcción de la capacidad de
construir aprendizajes -aprender a hacer
y a aprender-, construir valores y construir la identidad propia, es decir,
aprender a Ser y vivir juntos[18],
lo cual implica diferentes retos (y en distintos grados) para los participantes
del proceso educativo: profesores, instituciones, administrativos, padres,
alumnos, considerando la necesidad de atender sus necesidades en un clima
democrático, de equidad, justicia social y calidad, sin menoscabo de la
individualidad, la libertad y la autonomía así como a la participación como
derechos inalienables.

Cabe señalar que, de
acuerdo con Tedesco, las formas emergentes de organización social se apoyan en
el uso intensivo del conocimiento y de las variables culturales, tanto en las
actividades productivas como en la participación social. De acuerdo con esta
afirmación: “… las instituciones educativas, los educadores e intelectuales
ocuparán un lugar central en los conflictos y estrategias de intervención
social y política” [19], lo
que resulta en un mayor interés por desarrollar herramientas de control
(explícitas o no) para garantizar el cumplimiento de los objetivos, contenidos,
métodos y estrategias de enseñanza-aprendizaje propuestos desde las
instituciones oficiales así como desde otros sectores, aunque esta afirmación
parece un tanto exagerada, pues si bien es cierto que existe cada vez un mayor
interés en el desarrollo y aplicación de instrumentos de control del proceso
educativo, también los profesores y alumnos han sido capaces de desarrollar
estrategias a través de las cuales se resisten a la regulación desde el
exterior (e incluso al interior del aula) o, en su caso, desarrollan
estrategias –algunas de ellas bastante sofisticadas- mediante las cuales
alteran los elementos que se pretende que asimilen[20].

Por otro lado, el jefe
del ministerio de educación argentina también señala que la antigua relación
entre educación y movilidad social ya no es vigente, debido a que la
organización lineal (y jerárquica) del trabajo ya no es funcional en los modos
de producción actuales así como por la masificación de la educación[21],
lo cual significa que la competencia por encontrar un lugar en el mercado
laboral será cada vez más cerrada, por lo que los trabajadores y profesionistas
se verán obligados a especializarse, estudiar estudios de posgrado,
actualizarse constantemente así como a realizar tareas cada vez más diversas
(distintas a su formación profesional) para no ser desplazados por personas más
competitivas laboralmente.

El especialista también
aborda el tema de la relación entre Universidad, Estado, Sociedad y Trabajo.
Tedesco destaca que el ideal de que a través de la educación masiva,
obligatoria y gratuita se haría posible mejorar las condiciones de vida de las
personas resultó utópico, debido a que el uso intensivo de los conocimientos no
resultó tan democratizador como se creía, y por el contrario, la evidencia
actual ha demostrado que puede ser contraproducente[22].

Tedesco afirma que para
evitar que la educación superior ejerza una influencia de segregación y
exclusión, se acelere su universalización[23];
aunque reconoce que la idea de realizar estudios de nivel superior como medio
para la movilidad social así como para lograr cierta estabilidad en el empleo
ha perdido vigencia, debido a la ampliación de alternativas para el estudio y
obtención del grado universitario, por lo cual actualmente es necesaria la educación para la vida. Tedesco propone,
para estimular la profesionalización y especialización constantes -y no sólo
para “sobrevivir” en el mercado laboral-, que debería ser obligatorio realizar
cursos de capacitación o especialización y que éstos sean reconocidos en
términos económicos, como incentivo para los trabajadores[24].

El autor afirma que es
necesario que la Universidad -como institución- comience a desarrollar
estrategias dirigidas a atender las necesidades de la sociedad y el mercado
laboral (principalmente); también declara que una misión fundamental de dicha
entidad consiste en ayudar a dotar de sentido la vida en las sociedades
actuales, ante la actual crisis que experimenta el Estado como institución de
referencia y cohesión para la sociedad. Para el especialista no basta con hacer
posible el acceso universal a la educación obligatoria, sino que ésta debe ser
de calidad, misma que –señala- no se logra sólo a través de la
descentralización y privatización de los servicios educativos, sino que también
deben contribuir los universitarios (aunque no especifica si se refiere a los
investigadores, profesores o estudiantes y tampoco señala por qué medios o
mecanismos), aunque señala que sería necesario incentivar a los mejores
docentes universitarios para que estos se dediquen a los primeros años de
estudio.

Por otro lado, el
educador argentino señala que el Estado es el principal medio para la inversión
en proyectos de largo plazo, la formación estratégica de recursos humanos y la
toma de decisiones mediante procesos de concertación social, por lo cual ya no
hay cabida para mantener la separación entre dicha instancia y la Universidad,
ya que la actual discusión ha dejado de ser ideológica (por la autonomía
universitaria) y se ha centrado en la necesidad de conciliar los intereses
particulares con las necesidades sociales[25].

También sostiene que uno
de los problemas a atender en el caso de los países más desarrollados es la
tendencia en estas naciones a una mayor privatización de la producción y del
uso de conocimientos, por lo cual uno de los principales retos que debe atender
la educación superior consiste en formar para la producción de conocimientos o
para el uso del conocimiento disponible; al respecto, Tedesco afirma aunque
ambas poseen una base común, pero se pronuncia a favor de formar para el uso
del conocimiento, pues señala que este tipo de educación es más equitativa,
mientras que la enseñanza para producir conocimientos sólo sería aplicable a
ciertas áreas científicas, tecnológicas o del sector productivo[26].

En conclusión, si bien
es cierto que la sociedad del conocimiento presenta retos que es necesario atender
desde la educación, ésta –como institución y proceso, no es el único medio para
contribuir a las soluciones actuales de las sociedades. También el Estado, la
familia, la ciencia (y sus aplicaciones tecnológicas), así como el sector
empresarial cuentan con elementos a partir de los cuales pueden contribuir al
desarrollo de los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para la
incorporación de las nuevas generaciones a la vida social así como a la
competencia por ocupar un lugar en el mercado laboral, sin dejar de considerar
que el hombre, como especie, requiere desarrollarse en un clima de respeto,
tolerancia, libertad y autonomía a través de los cuales pueda alcanzar su
realización plena.

Referencias:

GIROUX,
Henry. Teoría y resistencia en educación,
México, Siglo XXI editores, 1999, pp 101-155.

TEDESCO,
Juan C. Educar en la sociedad del
conocimiento, México, Fondo de Cultura Económica, 2007, p 11.

Universidad
de San Andrés,
http://www.udesa.edu.ar/files/EscEdu/CV/CV-TEDESCO2006.PDF
[1] El
curriculum vitae de Juan Carlos Tedesco está disponible en la página web de la Universidad de San Andrés, http://www.udesa.edu.ar/files/EscEdu/CV/CV-TEDESCO2006.PDF
(sitio web visitado el 24-nov-08).

[2] TEDESCO, Juan C. Educar en la sociedad del conocimiento,
México, Fondo de Cultura Económica, 2007, p 11.

[3] Ídem, pp 11-12.

[4] Íd., pp 14-15.

[5] TEDESCO, Op.
Cit., pp 12-16.

[6] Ídem., p 19.

[7] Íd., p 24-25.

[8] TEDESCO, Op. Cit., pp 18-19 y 26-29.

[9] Ídem., pp 26-30.

[10] TEDESCO, Op.
Cit., pp 30-31.

[11] Ídem., pp 50-53.

[12] Íd., pp 3-9.

[13] TEDESCO, Op. Cit., pp 41-43.

[14] Ídem., p 45.

[15] Íd., pp 64-69.

[16] Íd., pp 33-34.

[17] TEDESCO, Op. Cit., p 47-49.

[18] Ídem.,p 55.

[19] Íd., p 57.

[20] Vid. GIROUX, Henry. Teoría y
resistencia en educación, México, Siglo XXI editores, 1999, pp 101-155.

[21] TEDESCO, Op. Cit., p 59.

[22] Ídem., p 72.

[23] Íd., p 62.

[24] Id., p 75.

[25] TEDESCO, Op. Cit., p 80.

[26] Ídem., pp 83-86.

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Elizabeth Leon de An's comment, May 19, 2012 1:16 PM
Me parece muy importante que el papel del conocimiento y la educación en la formación del ciudadano implica era implicada en los procesos educativos.
Pues lo vemos desde hasta hoy que la Educación es el órgano institucional para poder hacer el cambio a las necesidades de una nación.
En la escuela se aprende a construir valores y construir la identidad propia, la socialización es una clave importante y el participar de manera positiva y activa a la sociedad inmediata
lo cual implica diferentes retos para los participantes.