El gato en el tejado
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Billie Holiday - Strange Fruit - YouTube

«Y se siguen cosechando los amargos frutos del racismo»

 

Árboles sureños cargan extraños frutos,
Sangre en las hojas, y sangre en la raíz,
Cuerpos negros se balancean en la brisa sureña
Extraños frutos cuelgan de los tuliperos.

Escena pastoral del galante sur,
Los ojos saltones y la boca retorcida,
Perfume de magnolias, dulce y fresco,
Y el repentino olor de carne quemada.

Aquí está el fruto (que alardea coraje) para que arranquen los cuervos,
Para que la lluvia tome, para que el viento chupe,
Para que el sol descomponga, para que los árboles suelten,
Esta es una extraña y amarga cosecha.

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Rescooped by Cronopia from La memoria y el sol: literatura infantil y juvenil
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Mentir, por María Teresa Andruetto - Fundación Cuatrogatos, literatura infantil y lectura

Mentir, por María Teresa Andruetto - Fundación Cuatrogatos, literatura infantil y lectura | El gato en el tejado | Scoop.it

Qué puede hacer una niña tímida, de ocho, nueve, diez años, que tiene nariz grande, piernas flacas, ropa deslucida y que se sabe invisible para sus compañeras de grado? ¿Qué puede hacer esa niña a la que su madre ha contado cuentos cuando ella era la niña de la niña que hoy es, sino leer, leer desaforadamente todo lo que hay en su casa?  (Seguir leyendo)


Via Alejandra Moglia
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LA LUNA ESTÁ LOCA, Y BRILLA DÉBILMENTE William Faulkner

LA LUNA ESTÁ LOCA, Y BRILLA DÉBILMENTE William Faulkner | El gato en el tejado | Scoop.it

La luna está loca, y brilla débilmente, 
y hurga con los dedos, curiosa, 
en la espesura y los sotos, 
y luego se detiene, 
y mira a su alrededor –la colina 
se impregna de la tristeza que la rodea–, 
y empolva las rocas oscuras 
y las jorobas de grano alineadas 
en solemnes tresnales; 
detrás de cada una de ellas, una sombra 
mira al cielo y escucha 
el silencio reluciente 
de estrellas, vivaces y tristes, que 
circundan a la luna escrutadora, y la observan, 
trastornada y solemne; y vientos monótonos 
meditan allí donde había crecido el grano, 
en campos sin flor que alzan sus pechos 
desnudos contra el año que muere. 
Sin embargo, yo no me muevo, porque 
estoy triste bajo este cielo otoñal, 
porque me he quedado ciego y helado, de pronto, 
al pie de esta colina escarchada, 
y le grito a la luna, transido de un dolor 
ignorado por todos, y la luna, de nuevo, 
me mira con indiferencia, mientras, bajo su mirada, 
el mundo fulge y muere en silencio, 
y las hojas caen y me cubren 
de tristeza y de deseo de estar 
–el mundo espera, frío y marchito–, 
como él, muerto con el año que muere.

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Nancy Cárdenas

Nancy Cárdenas | El gato en el tejado | Scoop.it

Entre tantas liberacionistas que conozco
sólo tú
-de apariencia tan frágil-
has querido llevar a la cama
esos principios básicos de la teoría.

Nancy Cárdenas


Pintura: Jean Pierre Monange

Cronopia's insight:

Nancy Cárdenas (Parras, Coahuila, 29 de mayo de 1934-Ciudad de México, 23 de marzo de 1994) fue una actriz, doctora en letras, locutora radiofónica, poeta, pionera del movimiento homosexual, escritora y realizadora de teatro mexicana. Escribió y realizó el largometraje documental México de mis amores en 1979.

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Amado Nervo A Leonor

Amado Nervo A Leonor | El gato en el tejado | Scoop.it

Amado Nervo
A Leonor

Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»
Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!

Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos... Pero hay algo,
pero hay algo más bello aún: tu boca.

Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!

Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas...
Pero hay algo,
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!

Pintura: António Macedo

Cronopia's insight:

Amado Nervo era el seudónimo de Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, poeta y prosista mexicano, perteneciente al movimiento modernista. Nació el 27 de agosto de 1870 en la ciudad de Tepic, en ese entonces en Jalisco, hoy Nayarit, México y murió en Montevideo, Uruguay el 24 de mayo de 1919.

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Isidoro Blaisten

Isidoro Blaisten | El gato en el tejado | Scoop.it

"En el principio fue el sustantivo.No había verbos.Nadie decía:"Voy a la casa". Decía simplemente: "Casa" y la casa venía a él.Nadie decía: "Te amo". Decía simplemente: "Amor"y uno simplemente amaba. En el principio fue mejor."

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Comienza a vomitar la luz Mario Santiago

Comienza a vomitar la luz Mario Santiago | El gato en el tejado | Scoop.it

El Amor no es una ecuación mental,
el Odio sí que raspa las rodillas
enmudece labios / encanece niños;
por lo pronto
ningún dibujito fálico
en la pizarra de una escuela es la vida/
porque mientras la muerte
camina ya sobre nosotros:
"Tarantula´s Power",
la Vida no puede seguir siendo
un mero manchón de comida
sobre la ropa limpia.
Ni ésto,
ni un póster de Raquel Welch
o Emiliano Zapata reducido a póster;
De una vez:
Ni las fábulas de
Stalin o Samaniego.

Mario Santiago Papasquiaro, cuyo verdadero nombre era José Alfredo Zendejas Pineda (México, D. F., 25 de diciembre de 1953- 10 de enero de 1998), fue un poeta mexicano, fundador del movimiento infrarrealista

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La casa de las palabra Eduardo Galeano

La casa de las palabra Eduardo Galeano | El gato en el tejado | Scoop.it

La casa de las palabras
Eduardo Galeano

A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían,locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran,que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban
palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la naríz. Los poetas andaban en busca de palabrasque no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores.
En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre,rojo sangre, rojo vino.

"El libro de los Abrazos" Eduardo Galeano
Compartido en el programa Intimamente Hablando del jueves 16 de mayo.

Imagen: Sonja Wimmer

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Il y avait un jardi Georges Moustaki (Había un jardín)

Il y avait un jardi Georges Moustaki (Había un jardín) | El gato en el tejado | Scoop.it

Il y avait un jardin
Georges Moustaki 
(Había un jardín)


Esta es una canción para los niños
Que nacen y viven entre el acero 
Y el asfalto entre el hormigón y el asfalto 
Y que no sabrán jamás 
Que la tierra era un jardín 

Había un jardín que se llamaba la tierra 
Brillaba al sol como una fruta prohibida 
No, no era el paraíso ni el infierno 
O todo lo visto u oído 
Había un jardín, una casa, unos árboles.
Con una cama de musgo para hacer el amor 
Y un pequeño arroyo corría sin una ola 
Venía lo refrescaba y seguía su curso. 
Había un jardín grande como un valle 
donde morían todas las estaciones. 
Sobre la hierba brillante o sobre la hierba helada, 
Y descubrir flores que no tenían nombre. 
Había un jardín que se llamaba la tierra 
Era lo suficientemente grande para miles de niños Estaba habitada por nuestros abuelos 
quienes lo tenían a su vez de sus propios abuelos.¿Dónde está ese jardín donde nosotros hubieramos podido nacer?. 
Dónde nosotros hubieramos podido vivir inconscientes y desnudos¿Dónde está aquella casa con todas las puertas abiertas 
Que yo busco todavía y no la encuentro.

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El amor empieza cuando se rompe Roberto Juarroz

El amor empieza cuando se rompe Roberto Juarroz | El gato en el tejado | Scoop.it

El amor empieza cuando se rompen
Roberto Juarroz

El amor empieza cuando se rompen 
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.

Pintura: Andrea Orr


https://www.facebook.com/IntimamenteHablando

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Brasil subsidia a editoriales extranjeras que traduzcan literatura infantil

Brasil subsidia a editoriales extranjeras que traduzcan literatura infantil | El gato en el tejado | Scoop.it

La Biblioteca Nacional de Brasil anunció hoy la convocatoria de un concurso para conceder subsidios a editoriales extranjeras que traduzcan a otros idiomas libros de literatura infantil o cómics de este país..


Via Charles Tiayon
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X Paul Éluard

X Paul Éluard | El gato en el tejado | Scoop.it

Ella no sabe tender lazos
Tiene los ojos en su belleza
Tan simple tan simple es seducir
Y son sus ojos quienes la encadenan
Y es sobre mí en quien se apoya
Y es sobre ella sobre quien se arroja
La red voladora de las caricias.

 

Pintura: Duffy Sheridan

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Cómo escribo Gabriela Mistral

Cómo escribo Gabriela Mistral | El gato en el tejado | Scoop.it

Texto Leído en una tarde de enero de 1938, en Montevideo

Las mujeres no escribimos solemnemente como Buffon, que se ponía para el trance su chaqueta de mangas con encajes y se sentaba con toda solemnidad a su mesa de caoba.

Yo escribo sobre mis rodillas y la mesa o escritorio nunca me sirvió de nada, ni en Chile, ni en París, ni en Lisboa.

Escribo de mañana o de noche, y la tarde no me ha dado nunca inspiración, sin que yo entienda la razón de su esterilidad o de su mala gana para mí...

Creo no haber hecho jamás un verso en cuarto cerrado ni en cuarto cuya ventana diese a un horrible muro de casa; siempre me afirmo en un pedazo de cielo, que Chile me dio azul y Europa me da borroneado. Mejor se ponen mis humores si afirmo mis ojos viejos en una masa de árboles.

Mientras fui criatura estable de mi raza y mi país, escribí lo que veía o tenía muy inmediato, sobre la carne caliente del asunto. Desde que soy criatura vagabunda, desterrada voluntaria, parece que no escribo sino en medio de un vaho de fantasmas. La tierra de América y la gente mía, viva o muerta, se me han vuelto un cortejo melancólico pero muy fiel, que más que envolverme, me forra y me oprime y rara vez me deja ver el paisaje y la gente extranjeros. Escribo sin prisa, generalmente, y otras veces con una rapidez vertical de rodado de piedras en la Cordillera. Me irrita, en todo caso, pararme, y tengo siempre al lado, cuatro o seis lápices con punta porque soy bastante perezosa, y tengo el hábito regalón de que me den todo hecho, excepto los versos...

En el tiempo en que yo me peleaba con la lengua, exigiéndole intensidad, me solía oír, mientras escribía, un crujido de dientes bastante colérico, el rechinar de la lija sobre el filo romo del idioma...

Ahora ya no me peleo con las palabras sino con otras cosas... He cobrado el disgusto y el desapego de mis poesías cuyo tono no es el mío por ser demasiado enfático. No me excuso sino aquellos poemas donde reconozco mi lengua hablada, eso que llamaba Don Miguel el vasco, la «lengua conversacional».

Corrijo bastante más de lo que la gente puede creer, leyendo unos versos que aún así se me quedan bárbaros. Salí de un laberinto de cerros y algo de ese nudo sin desatadura posible, queda en lo que hago, sea verso o sea prosa.

Escribir me suele alegrar; siempre me suaviza el ánimo y me regala un día ingenuo, tierno, infantil. Es la sensación de haber estado por unas horas en mi patria real, en mi costumbre, en mi suelto antojo, en mi libertad total.

Me gusta escribir en cuarto pulcro, aunque soy persona bastante desordenada. El orden parece regalarme espacio, y este apetito de espacio lo tiene mi vista y mi alma.

En algunas ocasiones he escrito siguiendo un ritmo recogido en un caño que iba por la calle lado a lado conmigo, o siguiendo los ruidos de la naturaleza, que todos ellos se me funden en una especie de canción de cuna.

Por otra parte, tengo aún la poesía anecdótica que tanto desprecian los poetas mozos.

La poesía me conforta los sentidos y eso que llaman el alma; pero la ajena mucho más que la mía. Ambas me hacen correr mejor la sangre; me defienden la infantilidad del carácter, me aniñan y me dan una especie de asepsia respecto del mundo.

La poesía es en mí, sencillamente, un rezago, un sedimento de la infancia sumergida. Aunque resulte amarga y dura, la poesía que hago me lava de los polvos del mundo y hasta de no sé qué vileza esencial parecida a lo que llamamos el pecado original, que llevo conmigo y que llevo con aflicción. Tal vez el pecado original no sea sino nuestra caída en la expresión racional y antirrítmica a la cual bajó el género humano y que más nos duele a las mujeres por el gozo que perdimos en la gracia de una lengua de intuición y de música que iba a ser la lengua del género humano.

Es todo cuanto sé decir de mí y no me pongáis vosotros a averiguar más...

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Es allí a donde voy, de Silencio Clarice Lispector

Es allí a donde voy, de Silencio Clarice Lispector | El gato en el tejado | Scoop.it

" Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy. La punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espalda magia: es allí a donde voy. En la punta del pie el salto. Parece historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy. ¿ O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy. En la punta de la palabra está la palaba. Quiero usar la palabra "tertulia", y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí a dónde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después de todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien me dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta . Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo. Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, cachorro, ¿dónde esta tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente. ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros. "

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Tang Cristina Peri Rossi

Tang Cristina Peri Rossi | El gato en el tejado | Scoop.it

Tango
Cristina Peri Rossi

La ciudad no eras vos
No era tu confusión de lenguas
ni de sexos
No era el cerezo que florecía -blanco-
detrás del muro
como un mensaje de Oriente
No era tu casa
de múltiples amantes
y frágiles cerraduras

La ciudad era esta incertidumbre
la eterna pregunta -quién soy-
dicho de otro modo; quién sos.

Fotografia: Danny Santos

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Ernesto Sábato La Resistencia (extracto de la primera carta " Lo pequeño y lo grande")

Ernesto Sábato La Resistencia (extracto de la primera carta " Lo pequeño y lo grande") | El gato en el tejado | Scoop.it

Hay dias en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días. 
Y, entonces, me he puesto a escribir casi a tientas en la madrugada, con urgencia, como quien saliera a la calle a pedir ayuda ante la amenaza de un incendio, o como un barco que, a punto de desaparecer, hiciera una última y ferviente seña a un puerto que sabe cercano pero ensordecido por el ruido de la ciudad y por la cantidad de letreros que le enturbian la mirada. 
Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Les pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que -únicamente- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana. 
Mientras les escribo, me he detenido a palpar una rústica talla que me regalaron los tobas y que me trajo, como un rayo a mi memoria, una exposición "virtual" que me mostraron ayer en una computadora, que debo reconocer que me pareció cosa de Mandinga. Porque a medida que nos relacionamos de manera abstracta, más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios. Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida. Las palabras de la mesa, incluso las discusiones o los enojos, parecen ya reemplazadas por la visión hipnótica. La televisión nos tantaliza. Quedamos como prendados de ella. Este efecto entre mágico y maléfico es obra, creo, del exceso de la luz que con su intensidad nos toma. No puedo menos que recordar ese mismo efecto que produce en los insectos y aun en los grandes animales. Y entonces, no sólo nos cuesta abandonarla, sino que también perdemos la capacidad para mirar y ver lo cotidiano. Una calle con enorme tipas, unos ojos candorosos en la cara de una mujer vieja, las nubes de un atardecer. La floración del aromo en pleno invierno no llama la atención a quienes no llegan ni a gozar de las jacarandás en Buenos Aires. Muchas veces me ha sorprendido cómo vemos mejor los paisajes en las películas que en la realidad.

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Carta de Roberto Bolaño a Mario Santiago Papasquiaro.

Carta de Roberto Bolaño a Mario Santiago Papasquiaro. | El gato en el tejado | Scoop.it

En una carta a Mario Santiago Papasquiaro, poco antes de que éste falleciera el 10 de enero de 1998 en la Ciudad de México, El escritor chileno Roberto Bolaño le escribió desde Barcelona:


"Estoy con las ventanas abiertas, afuera llueve, una tormenta de verano, rayos, truenos, esas cosas que excitan o que impelen a la melancolía. ¿Cómo está México? ¿Cómo están las calles de México, mi fantasma, los amigos invisibles? ¿Sigue en pie Al Este del Paraíso o ya entró en el sueño de los justos?. Cuando mejore mi economía apareceré por tu casa una noche cualquiera. Y si no, es igual. El trecho que recorrimos juntos de alguna manera es historia y permanece. Quiero decir: sospecho, intuyo que aún está vivo, en medio de la oscuridad, pero vivo y todavía, quién lo iba a decir, desafiante. Bueno, no nos pongamos estupendos. Estoy escribiendo una novela donde tú te llamas Ulises Lima. La novela se llama Los detectives salvajes. / Un fuerte abrazo. Roberto

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La ladrona de bayas (fragmento), de Historias de la palma de la mano de Yasunari Kawabata

La ladrona de bayas (fragmento), de Historias de la palma de la mano de Yasunari Kawabata | El gato en el tejado | Scoop.it

" El viento otoñal susurra con la inquisitiva expresión de un dios adormecido, cansado de su creación humana y murmulla la agrura del recuerdo como las bayas carmesí en su justo punto de madurez lucen como un ramo de corales al que le hubieran nacido hojas verdes. "


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¡Ay Alfonsina Storni

¡Ay Alfonsina Storni | El gato en el tejado | Scoop.it

¡Ay!
Alfonsina Storni

Seré en tus manos una copa fina
pronta a sonar cuando vibrarla quieras...
Destilarán en ella primaveras,
reflejará la luz que te ilumina.

Seré en tus manos una copa fina.
Habrás en ella una bebida suave,
nunca más dulce, pues piedad le dona;
licor que no hace mal y el mal perdona,
dulce licor que de las cosas sabe...

Habrás en ella una bebida suave.
Un día oscuro, entre tus dedos largos
será oprimido su cristal fulgente
y caerá en pedazos buenamente
la fina copa que te dio letargos;
¡un día oscuro, entre tus dedos largos!

Cristal informe sobre el duro suelo
no ha de ser turbio porque está quebrado:
reflejará la beatitud del cielo;
pobre cristal sobre tus pies tirado;
cristal informe sobre el duro suelo.
Daño tan grande Dios te lo perdone:
manos benditas las que así lo quiebren,
rosas y lirios para nunca enhebren,
dulzura eterna su impiedad le abone.
Daño tan grande Dios te lo perdone...

Pintura: Immaculada Juarez 
 

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"Los Emigrantes, ahora" Eduardo Galeano

"Los Emigrantes, ahora" Eduardo Galeano | El gato en el tejado | Scoop.it

Los Emigrantes, Ahora. Eduardo Galeano

 

Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de su río. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua.

No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano.

En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.

Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente.

Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados.

Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo la tierra en el otro mundo adonde querían llegar.

Sebastiao Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante varios años. De su largo trabajo, quedan trescientas imágenes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo.

Suma solamente un segundo toda la luz que ha entrado en la cámara, a lo largo de tantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del sol, no más que un instantito en la memoria del tiempo.

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Rosa Montero: «La literatura es un arma poderosa contra el mal y el dolor»

Rosa Montero: «La literatura es un arma poderosa contra el mal y el dolor» | El gato en el tejado | Scoop.it
La escritora presenta La ridícula idea de no volver a verte, una obra llena de vida aunque en ella se hable de la muerte y del duelo

Via Javier Agreda
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