Por Edgar Rodríguez Cimé
Si nuestros antiguos abuelos mayas, descubridores del “Cero” -como máxima abstracción matemática, lo cual les posibilitó para el estudio del Tiempo y el Espacio- heredaron al mundo moderno elogiadas maravillas científicas (los “katunes”, como largos ciclos de 52,125 años en que el Universo vuelve a alinearse de nuevo) o artísticas (la arquitectura clásica de Uxmal), lo menos que esperamos hoy día los pensadores que llevamos sangre maya es que algo de la riqueza generada por concepto de la admiración mundial por esos vestigios arqueológicos le corresponda a los descendientes actuales de esta gran civilización mesoamericana.
Recién está circulando en la red digital de Internet las opiniones de un colectivo gráfico sobre la reunión a la cual fueron convocados los artistas visuales de Yucatán (o más bien de Mérida) por el director del Gran Museo de la Cultura maya, Jorge Esma Bazán, para “pedir opiniones sobre el Festival de la Cultura Maya 2013, pero con la salvedad de que el programa oficial ya estaba programado” (¿?).
Independientemente del método antidemocrático utilizado, llama la atención que artistas visuales no mayas estén sugiriendo que parte de las ganancias generadas por el mencionado festival “se destine al apoyo de las comunidades mayas en pobreza extrema (miseria) hoy día, para ser un poco consecuentes con las urgentes necesidades del empobrecido pueblo maya”.
En este escenario dispuesto por artistas visuales no mayas, pero honestos con su quehacer cultural, el colectivo de escritores y directores de teatro maya “Felipa Poot Tzuc” le hace una propuesta al Gobierno del Estado [...]:
Realizar las gestiones legales correspondientes para que un porcentaje de las ganancias generadas por las obras de arte de los primeros abuelos, exhibidas en el Gran Museo del Mundo Maya, se utilice para ampliar el programa de visitas de niños mayas, y del sector popular de Mérida, hasta las zonas arqueológicas para que al apreciar las maravillas construidas, las nuevas generaciones asuman con orgullo su identidad, se llenen de orgullo y amplíen sus proyectos de vida para darnos a los nuevos “Domingos Dzul Poot” o “Briceidas Cuevas Can”, máximos exponentes del arte maya contemporáneo.


Via Genner Llanes-Ortiz