A Malry no le salen las cuentas | Metaglossia: The Translation World | Scoop.it

Libros del Silencio recupera a B. S. Johnson, un talento hiperactivo y disidente al que ni las alabanzas de autores como Beckett libraron de la amarga condición de 'outsider'
FRANCISCO CAMERO | ACTUALIZADO 12.09.2012 - 05:00

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B. S. Johnson. Prólogo de John Lanchester. Traducción de Marcelo Cohen. Libros del Silencio. Barcelona, 2012. 208 páginas. 17 euros.

¿Experimental, dice? Entonces de qué hablamos. Eso qué es. Está esa famosa ocurrencia, de la que se echa mano a menudo con sano escepticismo, muchas veces como observación juiciosa y seguramente con no menor frecuencia como manotazo de desprecio desinformado y autosatisfecho: el escritor quiso ser demasiado audaz, lo que obtuvo en el empeño no estuvo ni de lejos a la altura de sus ambiciones, y a su fracaso, a su texto farragoso, oscuro y enamorado de sí mismo lo llamó experimento. Todo lector habitual se ha enfrentado alguna vez a un libro perseguido por esa reputación, que en algunas ocasiones, las más lamentables, representa además un gran malentendido.

El londinense B. S. Johnson, narrador, poeta, dramaturgo, crítico literario, profesor, editor, antólogo, cineasta esporádico, productor televisivo y, para el caso que nos ocupa, autor de La contabilidad privada de Christie Malry, todo ello -por lo demás- en 40 años de vida que acabó súbitamente en 1973 por su propia decisión, sufrió siempre, a pesar del entusiasmo con que recibieron su trabajo Samuel Beckett o Julian Barnes, la incomprensión y el orillamiento del establishment literario británico de su tiempo; al cual sus libros desafiaban invariablemente al poner en cuestión por diversas vías -en el caso de esta obra, con espíritu lúdico y una ligereza engañosa pero sobre todo realmente admirable- el consenso realista sobre el que tal autoridad se asentaba.

"¿Para qué derrochar todo el tiempo libre de un mes leyendo una novela de mil páginas, cuando en una sola velada se puede tener una experiencia estética comparable en el teatro o el cine? Escribir una novela es en sí un acto anacrónico: sólo era relevante para una sociedad y un conjunto de condiciones sociales que ya no existen". Esto lo afirma en un momento del libro Christie Malry, el protagonista de esta ficción, en un diálogo con el narrador de la misma; para acabar luego sentenciando, en sintonía con su aliviado creador: "Hoy la novela únicamente debería proponerse ser divertida, brutal y corta".