Biblia y traducción (37): «Yo sé que mi Redentor vive»

Por Juan Gabriel López Guix

«Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios» (Reina-Valera, 1995). Estos versículos pertenecen al libro de Job (19:25-26), una obra sobre el tema del justo sufriente y la injusticia divina. Se trata de un motivo cuyo ejemplo más antiguo es El hombre y su dios, un texto sumerio de la tercera dinastía de Ur, a finales del tercer milenio. El texto bíblico, datado en los siglos v-vi a. e. c., narra el infortunio de un hombre recto que es objeto de una apuesta entre Dios y Satán como consecuencia de la cual el segundo lo atormenta con todo tipo de desgracias para que reniegue del primero. Tras perder sus riquezas y a sus diez hijos, cubierto de pústulas, Job insiste en su inocencia, rechaza maldecir a Dios e invoca la intervención de un goel, traducido más arriba como «Redentor».

Dentro de la tradición cristiana, estos versos se han leído como anuncio de la venida de Cristo y como afirmación de la doctrina de la resurrección de los muertos. Es la interpretación recogida musicalmente en el Mesías de Haendel, quien a esos dos versículos (extraídos de la Biblia del Rey Jacobo en una formulación muy parecida) yuxtapuso un tercero del Nuevo Testamento que presenta la resurrección de Cristo como primicia de las demás resurrecciones (1 Corintios 15:20). En el libro de Job, la interpretación se refuerza textualmente con la elección léxica de «redentor» y el uso de la mayúscula; y, paratextualmente, con las notas explicativas. Así, Torres Amat, que traduce: «Porque yo sé que vive mi Redentor, y que yo he de resucitar del polvo de la tierra en el último día», comenta al pie que esas palabras suponen «descubrir un gran misterio, cual es el de la resurreccion. Como profeta [Job] hablaba ya de Jesu-Christo mirándole presente».