La Unión Europea destinará 365 millones de euros en 2013 para hacer sus ciudades más "inteligentes", uniendo la investigación en energía, transporte y comunicaciones para abordar problemas como la congestión y los desechos energéticos. Particularmente en tiempos de estrecheces económicas, la Comisión Europea se ve capaz de alentar medidas y asumir riesgos para reducir las emisiones de dióxido de carbono y para crear modos eficientes de ahorrar costes en un momento en el que las empresas más pequeñas son más propensas a evitar riesgos.