Detrás de la puerta, que estoy educando | Pedalogica: educación y TIC | Scoop.it

Una chancla, un palo, un mecate, una penca de nopal o un cinturón. Una bofetada, una nalgada, un jalón de cabello o de orejas. Cuatro de cada 10 padres y madres entrevistadas admitieron utilizar la violencia como medio para lograr que sus hijas e hijos les obedezcan y respeten.
 
La mayoría no puede asegurar que los malos tratos son efectivos para educar o corregir, sin embargo justifican sus acciones.
 
“Reivindico a la familia pese a todo… Pero eso no me impide reconocer que el núcleo familiar es una caldera hirviente en la que cabe todo, desde el cobijo, la complicidad y el amor más generoso y sin exigencias, hasta la barbarie y la crueldad”. Con esta cita de la escritora Rosa Montero comienza la extraordinaria investigación de la organización civil Ririki Intervención Social.


Via AméricaLatinaGenera, Noemi Gomez-Mendoza