Una de las características esenciales de todo sistema democrático es la alternancia en el poder, siempre y cuando nazca de una libre concurrencia de las opciones políticas y de la voluntad de los ciudadanos. No se debe confundir con los mecanismos del turno entre partidos, que sirvió para sustentar el sistema canovista, cuando dos grandes partidos, el conservador y el liberal, no solo se alternaban, sino que se turnaban en el ejercicio de las labores de gobierno. Así funcionó nuestro sistema político durante buena parte de los reinados de Alfonso XII y de Alfonso XIII, es decir, entre el último cuarto del siglo XIX y el primer tercio del XX.