Emilio Sardi/ Marzo 20 de 2012

 En enero, nuestras exportaciones crecieron US $900 millones. De esta suma, 881 millones fueron por petróleo, mientras cayeron 8% las ventas al exterior del grupo de productos agropecuarios, alimentos y bebidas. El petróleo pasó de ser el 33% de nuestras exportaciones en 2010 al 40% en 2011, y en enero de 2012 creció 62% frente al 2011, para llegar al 45%. En ese mes, los combustibles y los productos de industrias extractivas llegaron al 70% de nuestras exportaciones. Y en los primeros 3 trimestres de 2011 la participación del petróleo y la actividad minera en el PIB llegó al 10,3% y fue la de mayor crecimiento. Con una producción de un millón de barriles diarios, es claro que somos un país petrolero.

Mientras tanto, Colombia, lejos de fortalecer actividades productivas distintas a las extractivas, como buen nuevo rico gasta sus nuevos ingresos en importaciones que van de lo inútil a lo dañino. Porque los Maseratis que tanto gustan a los amigos de la apertura poco daño hacen, pero ese no es el caso de la mayoría de lo que se importa. Así por ejemplo, los fabricantes de calzado reportan que en 2011 se importaron 12 millones de pares (4 veces lo de 2010) a menos de US $1 el par. ¿Qué esperanza de supervivencia tiene una industria que enfrenta la desleal competencia de productos subsidiados por países con tasas de cambio agresivamente competitivas o, peor aún, en muchos casos utilizados para blanquear dineros? ¿Y con el Banco de la República dedicado a destruir la competitividad nacional con sus locas tasas de interés?