El mole es, en términos generales, una salsa aromática que se elabora con distintos tipos de chiles y especias; su sabor, picante y ligeramente dulce casi siempre, combina con gran variedad de alimentos de origen animal o vegetal. Sin embargo, también es cierto que hay notable dificultad al tratar de describirlo en unas cuantas líneas, ya que hay cálculos que estiman la existencia de al menos 300 variedades de este platillo, cuyo color puede ser rojo, negro, verde o amarillo, dependiendo de la región y preferencias del cocinero.

 

Diversos documentos históricos dan fe de que los pueblos prehispánicos ya elaboraban múltiples variedades de mole (del náhuatl molli , que sirve para referirse a una combinación de sustancias comestibles), y que éstas eran utilizadas tanto en la dieta habitual como en grandes festejos para aderezar guajolote (pavo), pescado, nopales, frijoles y otros productos. Durante la época de la Colonia, el mole se convirtió en un platillo mestizo al que se le añadieron ingredientes asiáticos y europeos que trajeron los españoles, como clavo, canela, pimienta y almendra, sin olvidar que empezó a combinarse con carne de res, cerdo o pollo. Tampoco está de demás decir que, ya desde entonces, sus principales acompañantes son arroz y tortillas hechas con harina de maíz.

 

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