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El Inductivismo y sus dificultades

CAPÍTULO 2. INDUCTIVISMO
2.1 Concepto.
La aproximación inductivista está basada en dos principios y una
fuerte creencia. Los principios son,
Primero, es posible disponer de un conjunto de enunciados
singulares, que llamaremos enunciados básicos, que son un reflejo objetivo
del funcionamiento de la realidad y que son universalmente aceptados por
todos.
Segundo, existe un procedimiento objetivo que permite verificar la
verdad de los enunciados universales tipo leyes, hipótesis o teorías, a partir
de los enunciados básicos.
La fuerte creencia se refiere a que los inductivistas piensan que, a
partir del conjunto de enunciados básicos, es posible verificar la verdad de
un solo esquema teórico.
Esta introducción nos sirve para dar entrada a una de las dos
acepciones del inductivismo, que es aquella que tiene que ver con un
enfoque general de la actividad científica. La otra acepción tiene un
carácter más restringido como una forma particular de inferencia.
En el primer sentido, es una forma de entender la actividad
científica que comprende desde la generación de hipótesis y teorías hasta el
proceso de valoración de las mismas. El inductivismo considera que la
actividad científica está (y debe estar) basada en tres principios básicos
que, siguiendo a Chalmers(1982)podemos enunciar así:
1). Todo comienza con la observación.
2). La observación constituye una base sólida y segura sobre la
que se puede construir el conocimiento científico.
3). Existe un procedimiento razonablemente válido para derivar
el conocimiento científico a partir de los enunciados observacionales.
Para los inductivistas, estos tres principios constituyen un marco
ineludible para lograr un conocimiento científico objetivo y fiable libre de
cualquier interferencia subjetiva.
En el segundo sentido, el Inductivismo se entiende como un
método concreto de inferencia tal como se refleja en la siguiente definición
de Boland (1982): “es un procedimiento lógico en el que a) la conclusión
es un enunciado general, tal como una ley o hipótesis y b) los axiomas
incluyen solamente enunciados singulares”. O como indica Garcia
Suarez(1979): “La palabra inducción proviene de un vocablo griego creado
por Aristóteles principalmente para referirse al establecimiento de
proposiciones universales por consideración de casos particulares que caen
bajo ellas”.
28
Chalmers (1982) se refiere al principio de inducción en los
siguientes términos: “El tipo de razonamiento utilizado que nos lleva de
una lista finita de enunciados singulares a la justificación de un enunciado
universal, que nos lleva de la parte al todo se denomina razonamiento
inductivo y el proceso se denomina inducción” y perfila el método
inductivo de la siguiente manera: “Si en una amplia variedad de
condiciones se observa una gran cantidad de A y si todos los A observados
poseen, sin excepción, la propiedad B, entonces todos los A tienen la
propiedad B”.
Por lo tanto, para que una inferencia inductiva sea válida se debe de
cumplir que:
1. El número de enunciados observacionales que constituyen la
base debe ser grande.
2. Las observaciones se deben repetir en una amplia variedad de
condiciones.
3. Ningún enunciado observacional aceptado debe entrar en
contradicción con la ley universal derivada.
Cumplidas estas condiciones es posible pensar en un procedimiento
objetivo que permita justificar los enunciados universales a partir de un
número finito de enunciados singulares.
EJEMPLO . Supongamos que se ha observado el comportamiento
semanal de la cantidad demandada (vendida) de un producto X y de su
precio. El resultado de la observación ha sido el siguiente:
Observación 1: En la primera semana del mes de enero de 1999 se observó
que el precio de X subió y la cantidad demandada decreció.
Observación 2: En la segunda semana del mes de enero de 1999 se
observó que el precio de X subió y la cantidad demandada decreció.
Observación n: En la última semana del mes de diciembre de 1999 se
observó que el precio de X subió y la cantidad demandada decreció.
CONCLUSION: Siempre que el precio sube la cantidad demandada
decrece.
Suponemos que las condiciones enumeradas anteriormente se han
satisfecho: el número de observaciones es grande, dichas observaciones se
han realizado con circunstancias cambiantes: diferentes mercados, diferente
comportamiento de otras variables como renta, precios de otros productos,
etc...
A partir de estos principios básicos no puede hablarse de una sola
linea inductivista. Como veremos posteriormente, la aplicación del
principio inductivista genera problemas y los investigadores han optado por
seguir diferentes caminos a la hora de hacer frente a dichos problemas.
Nosotros, en este capítulo, distinguiremos dos grandes ramas sin pretender
agotar toda la riqueza de métodos que se han desarrollado en torno al
29
inductivismo. Los dos métodos que vamos a estudiar los llamaremos:
Inductivismo Ingenuo y Modelo Hipotético-Deductivo.
2.2 Inductivismo Ingenuo.
Para caracterizar esta línea metodológica, vamos a considerar un
proceso con las siguientes cuatro etapas:
1). Observación y registro de todos los hechos.
2). Análisis y clasificación de los hechos.
3). Obtención de generalizaciones inductivas.
4). Utilización para la explicación y la predicción.
1). Usando las palabras de Wolfe recogidas en Hempel(1980), se trata de
“observar y registrar todos los hechos, sin seleccionarlos ni hacer
conjeturas a priori acerca de su relevancia”. Este es un punto
fundamental para garantizar la objetividad del proceso.
2). “En segundo lugar, se trata de analizar, comparar y clasificar esos
hechos observados y registrados, sin más hipótesis ni postulados que
los que necesariamente supone la lógica del pensamiento”. Destacar las
garantias que se ponen para asegurar que no se desliza ningún
componente subjetivo. Como indica Hempel(1980): “ Se hace constar
explícitamente que en los dos primeros estudios no hay hipótesis ni
conjeturas acerca de cuales pueden ser las conexiones entre los hechos
observados; esta restricción parece obedecer a la idea de que esas ideas
preconcebidas resultarían tendenciosas y comprometerían la objetividad
científica de la investigación”.
3). A partir de los dos puntos anteriores, se dispone de una base sólida (una
roca conceptual) constituida por un conjunto de enunciados singularesobservacionales.
Tomando esta base el proceso sigue derivando
enunciados universales-hipótesis y teorías- utilizando el inductivismo
en el segundo de los sentidos como método de inferencia con las
características comentadas previamente. Se trata de un procedimiento
objetivo en el cualquier interferencia subjetiva queda excluida.
4). Obtenidas las generalizaciones inductivas en forma de leyes, hipótesis y
teorías que, como sabemos, son enunciados universales, prestando
atención a las condiciones iniciales se pueden derivar enunciados
singulares en forma de explicaciones y predicciones. Gráficamente, el
proceso puede representarse de la siguiente manera:
[hechos observados]⎯inducción→[Teorías]⎯Condi.Iniciales→[Expli.,Predicciones]
La primera casilla abarca las dos primeras etapas; la segunda, se
refiere a la tercera etapa, y la última casilla se refiere a la cuarta etapa.
Destacar que las predicciones y explicaciones se derivan deductivamente
de las teorías y de las condiciones iniciales. Destacar, también, que se trata
30
de un proceso integral que abarca todas las acciones relacionadas con la
actividad científica desde la generación y prognosis de las hipótesis hasta la
validación y utilización de todo el esquema teórico. Pero, como vamos a
ver en la sección siguiente, un proceso de este tipo no está libre de
problemas.
2.3 Limitaciones del Inductivismo Ingenuo.
En la literatura se han señalado diferentes problemas a la forma de
hacer ciencia asociada con lo que hemos llamado Inductivismo Ingenuo.
De estos problemas, vamos a destacar dos:
1. El papel que el elemento “a priori” juega en el proceso
científico.
2. El llamado problema de la inducción.
1. La primera cuestión, el papel del elemento a priori, es un reflejo de cierto
escepticismo respecto a la posibilidad de llevar a cabo el proceso científico
tal como se ha descrito en la sección anterior. Hemos comentado que el
investigador en plena cruzada en post de la objetividad, se limitaba a abrir
los ojos, observar e inferir generalizaciones inductivas sin mediar otros
elementos subjetivos en el proceso. Este acercamiento libre de cualquier
práctica selectiva u orientativa, plantea serias dudas acerca de su
implementación. En este sentido se manifiesta Hempel(1980): “En primer
lugar, una investigación científica, tal como ahí nos la presentan, es
impracticable. Ni siquiera podemos dar el primer paso, porque para poder
reunir todos los hechos tendríamos que esperar, por decirlo así, hasta el fin
del mundo; y tampoco podemos reunir todos los hechos hasta ahora, puesto
que estos son infinitos en número y variedad. ¿Hemos de examinar, por
ejemplo, todos los granos de arena de todos los desiertos y de todas las
playas y hemos de tomar nota de su forma, de su peso, de su composición
química, de las distancias entre uno y otro........? ¿Hemos de registrar los
pensamientos fluctuantes que recorren nuestra mente....? ¿Las formas de las
nubes que pasan sobre nosotros, el color cambiante del cielo?..............”.
Las dudas asociadas con este cuestionamiento surgen de forma
inmediata sea cual fuere el campo de investigación que analicemos. La
imagen del investigador que, con la mente en blanco, se aproxima a la
realidad y comienza a acumular experiencias sensoriales brutas a partir de
las cuales infiere las hipótesis y teorías mediante inferencias inductivas,
parece poco plausible y es poco útil. Parece más razonable considerar que
cuando se produce una aproximación, el investigador lo hace equipado con
un esquema mental que, ante ciertos estímulos que el entorno le envía, es
capaz de seguir un proceso en el que plantea un problema, el esquema le
sugiere la observación selectiva de determinados hechos y le proporciona
una primera serie de posibles hipótesis que den cuenta de dicho problema.
31
Posteriormente, cuando la aproximación ha tenido lugar, se entra en un
proceso de prueba y error en el que tanto el conjunto de hechos de los que
se disponía al comienzo del proceso como las hipótesis y teorías que se
habían adelantado pueden sufrir cambios de todo tipo.
Se trata, por tanto, de un proceso de influencia mutua entre la
realidad externa pura y bruta y la estructura mental a priori del
investigador. Es un equilibrio difícil a mantener entre esos dos extremos
que Russell Hanson (1977) describe de forma magistral en el siguiente
párrafo: “La ciencia, el glorioso logro del hombre moderno, se halla situada
entre la matemática pura y la experiencia sensorialmente bruta...Nuestra
Guia de la Filosofía de la Ciencia, recorrerá un terreno conceptual de temas
estandar enfocando, primero, a la Escila del formalismo y mirando después
a la Caribdis del sensorialismo. La mayoría de las discusiones filosóficas
de la ciencia se dirigen inicialmente hacia las desnudas y escarpadas rocas
de la simbología y regresan después hacia el otro extremo: el turbulento y
prolífico remolino de la fenomenología. ¡Pavoroso formalismo a estribor¡
¡Empirismo infame a babor¡ Los más fructíferos de estos engagements du
voyage resisten los embates hacia ambos desastres, navegando a lo largo de
la sutil línea de equilibrada razón y prudente moderación que apenas
alcanza a distinguirse entre ellas”.
Este es el equilibrio necesario entre la experiencia bruta y las
preconcepciones que siempre acompañan al investigador a lo largo del
proceso de elaboración científica. De todas formas, la consecución de este
equilibrio plantea una serie de cuestiones nada desdeñables.
En primer lugar, está la cuestión de la objetividad. ¿Qué queda de
la pretendida objetividad del conocimiento científico si se da entrada desde
el principio a las preconcepciones del investigador que condicionan todos
los momentos del proceso de elaboración científica? Si no se relativiza el
peso de esta ganga subjetiva no es posible un conocimiento con validez
intersubjetiva que es lo que caracteriza lo que se llama conocimiento
objetivo. Como escribe Muguerza (1977): “De un juicio relativo al mundo
de nuestro conocimiento y del conocimiento mismo que incorpora,
diremos que es objetivo más bien que subjetivo, cuando no solamente rige
para quién lo formula sino para quien quiera que se haga cuestión de él”.
Si el conocimiento solo rige para el que lo formula caemos en un
relativismo extremo. Hay que pensar en una línea de equilibrio entre la
objetividad pura y el relativismo extremo. En todo caso, la ciencia nunca
puede renunciar a alcanzar un determinado nivel de objetividad.
En relación con este punto es importante destacar el énfasis que los
seguidores del inductivismo pusieron en distinguir entre “el contexto de
descubrimiento” y “el contexto de justificación”. El primero se refiere al
proceso a traves del cual se generan las hipótesis y el segundo se refiere al
proceso que se sigue para validar dichas hipótesis. Esta distinción parecía
32
dar un respiro para garantizar las pretensiones de objetividad de los
inductivistas. La ganga subjetiva quedaba relegada al contexto de
descubrimiento que no recibía una atención especial por parte de la
metodología de la ciencia. El siguiente párrafo de Reichembach refleja a la
perfección el espiritu que guiaba a los inductivistas: “El acto de
descubrimiento escapa al análisis lógico; no hay ningún tipo de reglas
lógicas en términos de las cuales se pueda construir una máquina de
descubrimientos que pueda sustituir la función creativa de un genio. Pero
no es la tarea del lógico dar cuenta de los descubrimientos científicos...En
otras palabras, la lógica sólo se ocupa del contexto de justificación”. De
este modo, parece que la objetividad no se ve tan dañada como parecía
indicarse anteriormente. En todo caso es una cuestión no del todo resuelta
considerando los estandares de la lógica.
2). El Problema de la Inducción a la validez y aceptabilidad, desde el
punto de vista lógico, de lo que hemos llamado generalizaciones
inductivas.
¿Qué podemos objetar a este tipo de inferencia que parece ofrecer
todo tipo de garantías para llegar a un resultado objetivo?. Desde el punto
de vista de la lógica ya hemos comentado que los procesos de inferencia
que son válidos son dos: el modus ponens y el modus tollens. ¿Constituyen
las inferencias inductivas aplicaciones correctas de uno de estos procesos?.
La respuesta es claramente no. Lo que caracteriza a los procesos de
inferencia que son válidos es que se limitan a transferir el contenido de
unos enunciados a otros sin añadir nada en el proceso de transferencia. Las
generalizaciones inductivas claramente incumplen este principio porque
cuando se pasa de un número finito de enunciados singulares, por muy
grande que sea su número, a un enunciado universal se está realizando un
salto que lleva consigo una ampliación de contenido. Es lo que en la
literatura se conoce con el nombre de inferencias ampliativas frente a las
inferencias demostrativas que respetan el contenido en la transmisión. En
este sentido, García Suarez (1979) escribe lo siguiente: “Una de las
características más notorias de la inducción utilizada en la ciencia natural
es que va en algún sentido más allá de las premisas que son los hechos
singulares de la experiencia. De ahí su carácter ampliativo”.
Este es el llamado Problema de la Inducción. En la literatura, ha
habido numerosos intentos para dar solución a este problema tal como
puede verse, por ejemplo, en Swinburne (1974) y en Black (1979). Pero en
sentido estricto puede decirse que los intentos han sido infructuosos. Al
final, se ha concluido definiendo una tercera vía de inferencia lógica que,
aunque no del todo aceptable según los cánones de la lógica, parece haber
bastantes razones para que las prácticas que se basan en ella resulten
aceptables.
33
Swinburne (1974) escribe: “Los argumentos que son, en cierto
sentido, buenos argumentos, y que en cierto sentido, hacen razonable para
nosotros aceptar la conclusión, se denominan argumentos inductivos si no
son argumentos deductivamente válidos. Pero, desgraciadamente, no hay
ningún uso preciso convenido para la expresión ‘argumento inductivo’, ni
ningún par de adjetivos similares a ‘válido’ y ‘no válido’, para calificar los
argumentos inductivos. Remediaré el último defecto usando los términos
‘correcto’ e ‘incorrecto’ con esta función. Diré que un argumento
inductivo es aquel que no es deductivamente válido, pero en el cual se
pretende que las premisas ‘hacen razonable’ para nosotros aceptar la
conclusión”. Black (1979), por su parte, escribe lo siguiente: “El término
‘inducción’ será usado aquí para designar todos los casos de argumentación
no demostrativa, en las que la verdad de las premisas, aunque no entraña la
verdad de la conclusión, pretende ser una buena razón para creer en ella”.
Así, vemos que en el caso de Black, el argumento pretende ser una
buena razón para creer en la conclusión y Swinburne dice que las premisas
hacen razonable creer en la conclusión. Lo único que queda por resolver es
lo que se entiende por ser una buena razón y por hacer razonable y cómo se
puede concretar eso en la práctica diaria de la ciencia.
En este sentido, parece claro que si el problema surgía porque era
imposible verificar la verdad de un enunciado universal a partir de un
número finito de enunciados singulares la solución tendría que ir tratando
de bajar el nivel de exigencia y renunciar a la vieja aspiración de verificar
la verdad. Una descripción muy bien ilustrada de la historia de esta
renuncia puede encontrarse en el Capítulo 8 del libro de Lakatos (1983);
ahí puede verse el papel jugado por conceptos como el de probabilidad,
apoyo evidencial, creencia racional y cociente de apuesta hasta llegar a lo
que llama: “abdicación del juez inductivo”. Brown (1983) relaciona este
tema de la renuncia con el surgimiento de una rama más moderada del
positivismo lógico que llama empirismo lógico a cuyo frente se situaría
Carnap. En el siguiente párrafo se recoge esta idea: “Pero la mayor parte
de los positivistas eligieron renunciar a la estricta teoría verificacionista del
significado y reemplazarla por el requerimiento de que una proposición con
significado debe ser susceptible de ser contrastada por referencia a la
observación y el experimento. Los resultados de estas contrastaciones no
necesitan ser concluyentes, pero deben proporcionar el sólo fundamento
para determinar la verdad o falsedad de las proposiciones científicas”.
Sobre este punto volveremos en la sección siguiente.
2.4 El Modelo Hipotético Deductivo.
Dentro de esta corriente inductivista, se da entrada a los elementos
a priori y, de forma explícita se es consciente del problema de la inducción.
Respecto al primer punto, se piensa en un proceso de elaboración científica
en el que el investigador se aproxima a la realidad de una forma orientada y
34
selectiva. Con el bagaje acumulado por la comunidad científica, el
investigador, a la luz de lo que está viendo formula una serie de hipótesis
que sirven como el punto de arranque para iniciar el proceso de elaboración
científica. No parece ser muy relevante el como se generen estas hipótesis
ni la dosis de ganga subjetiva que incorporen. Lo relevante será el análisis
lógico que se llevará a cabo de las hipótesis y de las explicaciones y
predicciones que se derivan a partir de las primeras. Es en este análisis
donde se puede garantizar la objetividad pese a la subjetividad que se haya
colado en las primeras etapas del proceso.
Lo importante es que los procesos de inferencia que se incorporan
en el proceso científico sean rigurosos y se ajusten a los cánones más
estrictos de la lógica. Hay que recordar que la primera aspiración,
estrechamente relacionada con los desarrollos del positivismo lógico, fue el
principio de verificación. Este principio podía formularse así: todo
enunciado que pretenda ser científico ha de ser verificable en el sentido de
que sea posible determinar su verdad o falsedad a partir de enunciados
observacionales. Como indica Porta(1983): “El requisito de verificabilidad
es indispensable para conferir sentido a aquellas proposiciones que no son
ni analíticas ni contradictorias.......Una proposición solo tiene sentido si
puede ser verificada, es decir, si se pueden enunciar las condiciones bajo
las cuales dicha proposición sería verdadera y aquellas bajo las cuales dicha
proposición sería falsa”. Por su parte Brown (1983) escribe lo siguiente:
“La doctrina central del positivismo lógico es la teoría verificacionista del
significado, cuya tesis es que una proposición contingente es significativa
si y solo si puede ser verificada, es decir, si y solo si hay un método
empírico para decidir si es verdadera o falsa”. Por último
Kolakovski(1979), escribe: “Sólo están provistas de sentido las
proposiciones para las que se pueden enunciar los procedimientos que
permiten establecer intersubjetivamente su veracidad”.
Hemos comentado en la sección anterior que, al toparse con el
problema de la inducción, los inductivistas tienen que renunciar al principio
de la verificación en sentido estricto y adoptar posiciones más “realistas”
pero más alejadas del cumplimiento estricto de los cánones de la lógica tan
deseados por los primeros inductivistas. No se habla ya de procedimientos
concluyentes de contraste sino de aportar más o menos evidencia a favor de
una hipótesis o teoría. Brown (1983) y Porta(1983) proponen distinguir
entre los sentidos “fuerte” y “débil” de la verificación. Utilizando la
descripción de Porta(1983): “Una proposición es verificable en sentido
fuerte siempre y cuando su verdad pueda ser concluyentemente establecida
mediante la experiencia; una proposición es verificable en sentido débil o
parcial si es posible para la experiencia hacerla probable”.
En esta linea cobra sentido la expresión “confirmación
gradualmente creciente”. El incremento de evidencia empírica a favor de
35
una hipótesis no nos permite verificar la verdad de la conclusión pero sí
aumentar nuestra confianza en dicha hipótesis. El siguiente párrafo de
Glass y Jonson(1989) nos puede ayudar a perfilar este concepto de
confirmación: “Si bien nosotros no podemos verificar una toría universal
sobre la base de observaciones singulares, los inductivistas han sugerido
que, conforme el número de observaciones favorables crece( y suponiendo
que ninguna de ellas está en contra de lo establecido por el enunciado
universal) nuestra confianza en la teoría crecerá también. En otras palabras,
en lugar de hablar acerca de la verificación de una teoría podemos hablar
de la confirmación creciente de una teoría. Por lo tanto, si bien no
podemos hablar de una teoría universal como verificada (o probada como
verdadera), sobre la base de contrastes favorables podemos hablar de una
teoría más altamente confirmada en relación a la evidencia disponible
conforme el número de contrastes favorables crece.
Una vez aceptada la noción de confirmabilidad, esto significa que
las teorías en competencia pueden ser evaluadas en términos de sus grados
relativos de confirmación. Esto, a su vez, significa que entonces podemos
elegir entre teorías sobre la base de su grado de confirmación relativo”.
Del principio de verificar concluyentemente la verdad o falsedad de
una hipótesis, se ha pasado a intentar aportar más o menos evidencia a
favor de una hipótesis. Es un principio definido con menor precisión, más
ambiguo y menos concluyente en donde el margen para el elemento
subjetivo a la hora de decidir si una hipótesis o teoría es aceptable o
rechazable es considerable. Pero parece ser la única via posible cuando se
trata de llevar a cabo el contraste empírico de una teoría.
En la literatura, se han hecho diferentes propuestas para lograr una
mayor delimitación de términos como “grado de confirmación” o “nivel de
de apoyo empírico”. En este sentido, tiene interés el contenido del
Capítulo 4 del libro de Hempel (1980), titulado : “Criterios de
Confirmación y Aceptabilidad”. Comienza el Capítulo escribiendo: “El
resultado favorable de una contrastación no puede proporcionar una prueba
concluyente de una hipótesis, sino sólo un más o menos fuerte apoyo
empírico, una mayor o menor confirmación”. A continuación, señala que el
apoyo que un cuerpo de datos presta a una hipótesis depende de las
características de esos datos que caracteriza en los siguientes cuatro puntos:
1. Cantidad, Variedad y Precisión del apoyo empírico.
2. Nuevas implicaciones contrastadoras.
3. Apoyo Teórico.
4. Simplicidad.
El proceso de elaboración científica asociado con el enfoque
metodológico deductivo sería del siguiente tipo: el investigador que intenta
explicar una determinada parcela de la realidad, a partir de la experiencia
acumulada por la comunidad científica asimilada por el investigador, a
36
partir de las señales emitidas y filtradas por el a priori del investigador y a
partir de los objetivos perseguidos, formula un conjunto de supuestos a
partir de los cuales infiere deductivamente un ley general-teoría o hipótesis.
Sea L esta ley general. A continuación toma en consideración determinados
enunciados singulares que llamaremos Condiciones Iniciales o Hipótesis
Auxiliares. La primera de estas hipótesis auxiliares es la más importante y
establece que la ley general es aplicable a la parcela de la realidad cuyo
comportamiento se quiere explicar. Considerando conjuntamente la ley
general y las condiciones iniciales, se infieren deductivamente enunciados
singulares en forma de explicaciones o predicciones. A continuación, se
trata de analizar en que medida estas explicaciones y predicciones reciben
un mayor o menor apoyo a partir de la evidencia observada. Aquí es donde
entra la consideración de la confirmación gradualmente creciente y
conceptos similares.
2.4 Complementos.
• Black(1979), proporciona un tratamiento muy satisfactorio del
Problema de la Inducción.
• Porta(1983), presenta, en su libro, una descripción interesante
del Positivismo Lógico: antecedentes, componentes y
características del enfoque.
• Redman (1991), en el Capítulo 2 de su libro, presenta algunos
apuntes interesantes sobre el Positivismo Lógico. “La filosofía
de la ciencia moderna se desarrolló a partir de un movimiento
llamado positivismo lógico, que emergió a comienzos del siglo
veinte. ....El positivismo lógico, un nombre acuñado por A. G.
Blumberg y H. Feigl en 1931, es el nombre dado a las ideas
filosóficas propuestas por un grupo de académicos que se
consideraban así mismos como miembros del Circulo de
Viena....Un hecho no bien conocido es que los miembros de este
círculo no eran realmente filósofos sino científicos.....Debido a
que los miembros del movimiento reaccionaron enérgicamente
contra el clima romántico, irracional e ideológico predominante
en la Alemania del siglo XIX y principios del XX, el
positivismo lógico se asocia fundamentalmente con su empeño
de eliminar los elementos ideológico y metafísico de la ciencia
y la cultura.... El primer y, quizás, el componente más
significativo del programa positivista fue la idea de que el
conocimiento está basado en la experiencia y que las
proposiciones significativas desde el punto de vista científico
37

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CAPÍTULO 2. INDUCTIVISMO
2.1 Concepto.
La aproximación inductivista está basada en dos principios y una
fuerte creencia. Los principios son,
Primero, es posible disponer de un conjunto de enunciados
singulares, que llamaremos enunciados básicos, que son un reflejo objetivo
del funcionamiento de la realidad y que son universalmente aceptados por
todos.
Segundo, existe un procedimiento objetivo que permite verificar la
verdad de los enunciados universales tipo leyes, hipótesis o teorías, a partir
de los enunciados básicos.
La fuerte creencia se refiere a que los inductivistas piensan que, a
partir del conjunto de enunciados básicos, es posible verificar la verdad de
un solo esquema teórico.
Esta introducción nos sirve para dar entrada a una de las dos
acepciones del inductivismo, que es aquella que tiene que ver con un
enfoque general de la actividad científica. La otra acepción tiene un
carácter más restringido como una forma particular de inferencia.
En el primer sentido, es una forma de entender la actividad
científica que comprende desde la generación de hipótesis y teorías hasta el
proceso de valoración de las mismas. El inductivismo considera que la
actividad científica está (y debe estar) basada en tres principios básicos
que, siguiendo a Chalmers(1982)podemos enunciar así:
1). Todo comienza con la observación.
2). La observación constituye una base sólida y segura sobre la
que se puede construir el conocimiento científico.
3). Existe un procedimiento razonablemente válido para derivar
el conocimiento científico a partir de los enunciados observacionales.
Para los inductivistas, estos tres principios constituyen un marco
ineludible para lograr un conocimiento científico objetivo y fiable libre de
cualquier interferencia subjetiva.
En el segundo sentido, el Inductivismo se entiende como un
método concreto de inferencia tal como se refleja en la siguiente definición
de Boland (1982): “es un procedimiento lógico en el que a) la conclusión
es un enunciado general, tal como una ley o hipótesis y b) los axiomas
incluyen solamente enunciados singulares”. O como indica Garcia
Suarez(1979): “La palabra inducción proviene de un vocablo griego creado
por Aristóteles principalmente para referirse al establecimiento de
proposiciones universales por consideración de casos particulares que caen
bajo ellas”.
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Chalmers (1982) se refiere al principio de inducción en los
siguientes términos: “El tipo de razonamiento utilizado que nos lleva de
una lista finita de enunciados singulares a la justificación de un enunciado
universal, que nos lleva de la parte al todo se denomina razonamiento
inductivo y el proceso se denomina inducción” y perfila el método
inductivo de la siguiente manera: “Si en una amplia variedad de
condiciones se observa una gran cantidad de A y si todos los A observados
poseen, sin excepción, la propiedad B, entonces todos los A tienen la
propiedad B”.
Por lo tanto, para que una inferencia inductiva sea válida se debe de
cumplir que:
1. El número de enunciados observacionales que constituyen la
base debe ser grande.
2. Las observaciones se deben repetir en una amplia variedad de
condiciones.
3. Ningún enunciado observacional aceptado debe entrar en
contradicción con la ley universal derivada.
Cumplidas estas condiciones es posible pensar en un procedimiento
objetivo que permita justificar los enunciados universales a partir de un
número finito de enunciados singulares.
EJEMPLO . Supongamos que se ha observado el comportamiento
semanal de la cantidad demandada (vendida) de un producto X y de su
precio. El resultado de la observación ha sido el siguiente:
Observación 1: En la primera semana del mes de enero de 1999 se observó
que el precio de X subió y la cantidad demandada decreció.
Observación 2: En la segunda semana del mes de enero de 1999 se
observó que el precio de X subió y la cantidad demandada decreció.
Observación n: En la última semana del mes de diciembre de 1999 se
observó que el precio de X subió y la cantidad demandada decreció.
CONCLUSION: Siempre que el precio sube la cantidad demandada
decrece.
Suponemos que las condiciones enumeradas anteriormente se han
satisfecho: el número de observaciones es grande, dichas observaciones se
han realizado con circunstancias cambiantes: diferentes mercados, diferente
comportamiento de otras variables como renta, precios de otros productos,
etc...
A partir de estos principios básicos no puede hablarse de una sola
linea inductivista. Como veremos posteriormente, la aplicación del
principio inductivista genera problemas y los investigadores han optado por
seguir diferentes caminos a la hora de hacer frente a dichos problemas.
Nosotros, en este capítulo, distinguiremos dos grandes ramas sin pretender
agotar toda la riqueza de métodos que se han desarrollado en torno al
29
inductivismo. Los dos métodos que vamos a estudiar los llamaremos:
Inductivismo Ingenuo y Modelo Hipotético-Deductivo.
2.2 Inductivismo Ingenuo.
Para caracterizar esta línea metodológica, vamos a considerar un
proceso con las siguientes cuatro etapas:
1). Observación y registro de todos los hechos.
2). Análisis y clasificación de los hechos.
3). Obtención de generalizaciones inductivas.
4). Utilización para la explicación y la predicción.
1). Usando las palabras de Wolfe recogidas en Hempel(1980), se trata de
“observar y registrar todos los hechos, sin seleccionarlos ni hacer
conjeturas a priori acerca de su relevancia”. Este es un punto
fundamental para garantizar la objetividad del proceso.
2). “En segundo lugar, se trata de analizar, comparar y clasificar esos
hechos observados y registrados, sin más hipótesis ni postulados que
los que necesariamente supone la lógica del pensamiento”. Destacar las
garantias que se ponen para asegurar que no se desliza ningún
componente subjetivo. Como indica Hempel(1980): “ Se hace constar
explícitamente que en los dos primeros estudios no hay hipótesis ni
conjeturas acerca de cuales pueden ser las conexiones entre los hechos
observados; esta restricción parece obedecer a la idea de que esas ideas
preconcebidas resultarían tendenciosas y comprometerían la objetividad
científica de la investigación”.
3). A partir de los dos puntos anteriores, se dispone de una base sólida (una
roca conceptual) constituida por un conjunto de enunciados singularesobservacionales.
Tomando esta base el proceso sigue derivando
enunciados universales-hipótesis y teorías- utilizando el inductivismo
en el segundo de los sentidos como método de inferencia con las
características comentadas previamente. Se trata de un procedimiento
objetivo en el cualquier interferencia subjetiva queda excluida.
4). Obtenidas las generalizaciones inductivas en forma de leyes, hipótesis y
teorías que, como sabemos, son enunciados universales, prestando
atención a las condiciones iniciales se pueden derivar enunciados
singulares en forma de explicaciones y predicciones. Gráficamente, el
proceso puede representarse de la siguiente manera:
[hechos observados]⎯inducción→[Teorías]⎯Condi.Iniciales→[Expli.,Predicciones]
La primera casilla abarca las dos primeras etapas; la segunda, se
refiere a la tercera etapa, y la última casilla se refiere a la cuarta etapa.
Destacar que las predicciones y explicaciones se derivan deductivamente
de las teorías y de las condiciones iniciales. Destacar, también, que se trata
30
de un proceso integral que abarca todas las acciones relacionadas con la
actividad científica desde la generación y prognosis de las hipótesis hasta la
validación y utilización de todo el esquema teórico. Pero, como vamos a
ver en la sección siguiente, un proceso de este tipo no está libre de
problemas.
2.3 Limitaciones del Inductivismo Ingenuo.
En la literatura se han señalado diferentes problemas a la forma de
hacer ciencia asociada con lo que hemos llamado Inductivismo Ingenuo.
De estos problemas, vamos a destacar dos:
1. El papel que el elemento “a priori” juega en el proceso
científico.
2. El llamado problema de la inducción.
1. La primera cuestión, el papel del elemento a priori, es un reflejo de cierto
escepticismo respecto a la posibilidad de llevar a cabo el proceso científico
tal como se ha descrito en la sección anterior. Hemos comentado que el
investigador en plena cruzada en post de la objetividad, se limitaba a abrir
los ojos, observar e inferir generalizaciones inductivas sin mediar otros
elementos subjetivos en el proceso. Este acercamiento libre de cualquier
práctica selectiva u orientativa, plantea serias dudas acerca de su
implementación. En este sentido se manifiesta Hempel(1980): “En primer
lugar, una investigación científica, tal como ahí nos la presentan, es
impracticable. Ni siquiera podemos dar el primer paso, porque para poder
reunir todos los hechos tendríamos que esperar, por decirlo así, hasta el fin
del mundo; y tampoco podemos reunir todos los hechos hasta ahora, puesto
que estos son infinitos en número y variedad. ¿Hemos de examinar, por
ejemplo, todos los granos de arena de todos los desiertos y de todas las
playas y hemos de tomar nota de su forma, de su peso, de su composición
química, de las distancias entre uno y otro........? ¿Hemos de registrar los
pensamientos fluctuantes que recorren nuestra mente....? ¿Las formas de las
nubes que pasan sobre nosotros, el color cambiante del cielo?..............”.
Las dudas asociadas con este cuestionamiento surgen de forma
inmediata sea cual fuere el campo de investigación que analicemos. La
imagen del investigador que, con la mente en blanco, se aproxima a la
realidad y comienza a acumular experiencias sensoriales brutas a partir de
las cuales infiere las hipótesis y teorías mediante inferencias inductivas,
parece poco plausible y es poco útil. Parece más razonable considerar que
cuando se produce una aproximación, el investigador lo hace equipado con
un esquema mental que, ante ciertos estímulos que el entorno le envía, es
capaz de seguir un proceso en el que plantea un problema, el esquema le
sugiere la observación selectiva de determinados hechos y le proporciona
una primera serie de posibles hipótesis que den cuenta de dicho problema.
31
Posteriormente, cuando la aproximación ha tenido lugar, se entra en un
proceso de prueba y error en el que tanto el conjunto de hechos de los que
se disponía al comienzo del proceso como las hipótesis y teorías que se
habían adelantado pueden sufrir cambios de todo tipo.
Se trata, por tanto, de un proceso de influencia mutua entre la
realidad externa pura y bruta y la estructura mental a priori del
investigador. Es un equilibrio difícil a mantener entre esos dos extremos
que Russell Hanson (1977) describe de forma magistral en el siguiente
párrafo: “La ciencia, el glorioso logro del hombre moderno, se halla situada
entre la matemática pura y la experiencia sensorialmente bruta...Nuestra
Guia de la Filosofía de la Ciencia, recorrerá un terreno conceptual de temas
estandar enfocando, primero, a la Escila del formalismo y mirando después
a la Caribdis del sensorialismo. La mayoría de las discusiones filosóficas
de la ciencia se dirigen inicialmente hacia las desnudas y escarpadas rocas
de la simbología y regresan después hacia el otro extremo: el turbulento y
prolífico remolino de la fenomenología. ¡Pavoroso formalismo a estribor¡
¡Empirismo infame a babor¡ Los más fructíferos de estos engagements du
voyage resisten los embates hacia ambos desastres, navegando a lo largo de
la sutil línea de equilibrada razón y prudente moderación que apenas
alcanza a distinguirse entre ellas”.
Este es el equilibrio necesario entre la experiencia bruta y las
preconcepciones que siempre acompañan al investigador a lo largo del
proceso de elaboración científica. De todas formas, la consecución de este
equilibrio plantea una serie de cuestiones nada desdeñables.
En primer lugar, está la cuestión de la objetividad. ¿Qué queda de
la pretendida objetividad del conocimiento científico si se da entrada desde
el principio a las preconcepciones del investigador que condicionan todos
los momentos del proceso de elaboración científica? Si no se relativiza el
peso de esta ganga subjetiva no es posible un conocimiento con validez
intersubjetiva que es lo que caracteriza lo que se llama conocimiento
objetivo. Como escribe Muguerza (1977): “De un juicio relativo al mundo
de nuestro conocimiento y del conocimiento mismo que incorpora,
diremos que es objetivo más bien que subjetivo, cuando no solamente rige
para quién lo formula sino para quien quiera que se haga cuestión de él”.
Si el conocimiento solo rige para el que lo formula caemos en un
relativismo extremo. Hay que pensar en una línea de equilibrio entre la
objetividad pura y el relativismo extremo. En todo caso, la ciencia nunca
puede renunciar a alcanzar un determinado nivel de objetividad.
En relación con este punto es importante destacar el énfasis que los
seguidores del inductivismo pusieron en distinguir entre “el contexto de
descubrimiento” y “el contexto de justificación”. El primero se refiere al
proceso a traves del cual se generan las hipótesis y el segundo se refiere al
proceso que se sigue para validar dichas hipótesis. Esta distinción parecía
32
dar un respiro para garantizar las pretensiones de objetividad de los
inductivistas. La ganga subjetiva quedaba relegada al contexto de
descubrimiento que no recibía una atención especial por parte de la
metodología de la ciencia. El siguiente párrafo de Reichembach refleja a la
perfección el espiritu que guiaba a los inductivistas: “El acto de
descubrimiento escapa al análisis lógico; no hay ningún tipo de reglas
lógicas en términos de las cuales se pueda construir una máquina de
descubrimientos que pueda sustituir la función creativa de un genio. Pero
no es la tarea del lógico dar cuenta de los descubrimientos científicos...En
otras palabras, la lógica sólo se ocupa del contexto de justificación”. De
este modo, parece que la objetividad no se ve tan dañada como parecía
indicarse anteriormente. En todo caso es una cuestión no del todo resuelta
considerando los estandares de la lógica.
2). El Problema de la Inducción a la validez y aceptabilidad, desde el
punto de vista lógico, de lo que hemos llamado generalizaciones
inductivas.
¿Qué podemos objetar a este tipo de inferencia que parece ofrecer
todo tipo de garantías para llegar a un resultado objetivo?. Desde el punto
de vista de la lógica ya hemos comentado que los procesos de inferencia
que son válidos son dos: el modus ponens y el modus tollens. ¿Constituyen
las inferencias inductivas aplicaciones correctas de uno de estos procesos?.
La respuesta es claramente no. Lo que caracteriza a los procesos de
inferencia que son válidos es que se limitan a transferir el contenido de
unos enunciados a otros sin añadir nada en el proceso de transferencia. Las
generalizaciones inductivas claramente incumplen este principio porque
cuando se pasa de un número finito de enunciados singulares, por muy
grande que sea su número, a un enunciado universal se está realizando un
salto que lleva consigo una ampliación de contenido. Es lo que en la
literatura se conoce con el nombre de inferencias ampliativas frente a las
inferencias demostrativas que respetan el contenido en la transmisión. En
este sentido, García Suarez (1979) escribe lo siguiente: “Una de las
características más notorias de la inducción utilizada en la ciencia natural
es que va en algún sentido más allá de las premisas que son los hechos
singulares de la experiencia. De ahí su carácter ampliativo”.
Este es el llamado Problema de la Inducción. En la literatura, ha
habido numerosos intentos para dar solución a este problema tal como
puede verse, por ejemplo, en Swinburne (1974) y en Black (1979). Pero en
sentido estricto puede decirse que los intentos han sido infructuosos. Al
final, se ha concluido definiendo una tercera vía de inferencia lógica que,
aunque no del todo aceptable según los cánones de la lógica, parece haber
bastantes razones para que las prácticas que se basan en ella resulten
aceptables.
33
Swinburne (1974) escribe: “Los argumentos que son, en cierto
sentido, buenos argumentos, y que en cierto sentido, hacen razonable para
nosotros aceptar la conclusión, se denominan argumentos inductivos si no
son argumentos deductivamente válidos. Pero, desgraciadamente, no hay
ningún uso preciso convenido para la expresión ‘argumento inductivo’, ni
ningún par de adjetivos similares a ‘válido’ y ‘no válido’, para calificar los
argumentos inductivos. Remediaré el último defecto usando los términos
‘correcto’ e ‘incorrecto’ con esta función. Diré que un argumento
inductivo es aquel que no es deductivamente válido, pero en el cual se
pretende que las premisas ‘hacen razonable’ para nosotros aceptar la
conclusión”. Black (1979), por su parte, escribe lo siguiente: “El término
‘inducción’ será usado aquí para designar todos los casos de argumentación
no demostrativa, en las que la verdad de las premisas, aunque no entraña la
verdad de la conclusión, pretende ser una buena razón para creer en ella”.
Así, vemos que en el caso de Black, el argumento pretende ser una
buena razón para creer en la conclusión y Swinburne dice que las premisas
hacen razonable creer en la conclusión. Lo único que queda por resolver es
lo que se entiende por ser una buena razón y por hacer razonable y cómo se
puede concretar eso en la práctica diaria de la ciencia.
En este sentido, parece claro que si el problema surgía porque era
imposible verificar la verdad de un enunciado universal a partir de un
número finito de enunciados singulares la solución tendría que ir tratando
de bajar el nivel de exigencia y renunciar a la vieja aspiración de verificar
la verdad. Una descripción muy bien ilustrada de la historia de esta
renuncia puede encontrarse en el Capítulo 8 del libro de Lakatos (1983);
ahí puede verse el papel jugado por conceptos como el de probabilidad,
apoyo evidencial, creencia racional y cociente de apuesta hasta llegar a lo
que llama: “abdicación del juez inductivo”. Brown (1983) relaciona este
tema de la renuncia con el surgimiento de una rama más moderada del
positivismo lógico que llama empirismo lógico a cuyo frente se situaría
Carnap. En el siguiente párrafo se recoge esta idea: “Pero la mayor parte
de los positivistas eligieron renunciar a la estricta teoría verificacionista del
significado y reemplazarla por el requerimiento de que una proposición con
significado debe ser susceptible de ser contrastada por referencia a la
observación y el experimento. Los resultados de estas contrastaciones no
necesitan ser concluyentes, pero deben proporcionar el sólo fundamento
para determinar la verdad o falsedad de las proposiciones científicas”.
Sobre este punto volveremos en la sección siguiente.
2.4 El Modelo Hipotético Deductivo.
Dentro de esta corriente inductivista, se da entrada a los elementos
a priori y, de forma explícita se es consciente del problema de la inducción.
Respecto al primer punto, se piensa en un proceso de elaboración científica
en el que el investigador se aproxima a la realidad de una forma orientada y
34
selectiva. Con el bagaje acumulado por la comunidad científica, el
investigador, a la luz de lo que está viendo formula una serie de hipótesis
que sirven como el punto de arranque para iniciar el proceso de elaboración
científica. No parece ser muy relevante el como se generen estas hipótesis
ni la dosis de ganga subjetiva que incorporen. Lo relevante será el análisis
lógico que se llevará a cabo de las hipótesis y de las explicaciones y
predicciones que se derivan a partir de las primeras. Es en este análisis
donde se puede garantizar la objetividad pese a la subjetividad que se haya
colado en las primeras etapas del proceso.
Lo importante es que los procesos de inferencia que se incorporan
en el proceso científico sean rigurosos y se ajusten a los cánones más
estrictos de la lógica. Hay que recordar que la primera aspiración,
estrechamente relacionada con los desarrollos del positivismo lógico, fue el
principio de verificación. Este principio podía formularse así: todo
enunciado que pretenda ser científico ha de ser verificable en el sentido de
que sea posible determinar su verdad o falsedad a partir de enunciados
observacionales. Como indica Porta(1983): “El requisito de verificabilidad
es indispensable para conferir sentido a aquellas proposiciones que no son
ni analíticas ni contradictorias.......Una proposición solo tiene sentido si
puede ser verificada, es decir, si se pueden enunciar las condiciones bajo
las cuales dicha proposición sería verdadera y aquellas bajo las cuales dicha
proposición sería falsa”. Por su parte Brown (1983) escribe lo siguiente:
“La doctrina central del positivismo lógico es la teoría verificacionista del
significado, cuya tesis es que una proposición contingente es significativa
si y solo si puede ser verificada, es decir, si y solo si hay un método
empírico para decidir si es verdadera o falsa”. Por último
Kolakovski(1979), escribe: “Sólo están provistas de sentido las
proposiciones para las que se pueden enunciar los procedimientos que
permiten establecer intersubjetivamente su veracidad”.
Hemos comentado en la sección anterior que, al toparse con el
problema de la inducción, los inductivistas tienen que renunciar al principio
de la verificación en sentido estricto y adoptar posiciones más “realistas”
pero más alejadas del cumplimiento estricto de los cánones de la lógica tan
deseados por los primeros inductivistas. No se habla ya de procedimientos
concluyentes de contraste sino de aportar más o menos evidencia a favor de
una hipótesis o teoría. Brown (1983) y Porta(1983) proponen distinguir
entre los sentidos “fuerte” y “débil” de la verificación. Utilizando la
descripción de Porta(1983): “Una proposición es verificable en sentido
fuerte siempre y cuando su verdad pueda ser concluyentemente establecida
mediante la experiencia; una proposición es verificable en sentido débil o
parcial si es posible para la experiencia hacerla probable”.
En esta linea cobra sentido la expresión “confirmación
gradualmente creciente”. El incremento de evidencia empírica a favor de
35
una hipótesis no nos permite verificar la verdad de la conclusión pero sí
aumentar nuestra confianza en dicha hipótesis. El siguiente párrafo de
Glass y Jonson(1989) nos puede ayudar a perfilar este concepto de
confirmación: “Si bien nosotros no podemos verificar una toría universal
sobre la base de observaciones singulares, los inductivistas han sugerido
que, conforme el número de observaciones favorables crece( y suponiendo
que ninguna de ellas está en contra de lo establecido por el enunciado
universal) nuestra confianza en la teoría crecerá también. En otras palabras,
en lugar de hablar acerca de la verificación de una teoría podemos hablar
de la confirmación creciente de una teoría. Por lo tanto, si bien no
podemos hablar de una teoría universal como verificada (o probada como
verdadera), sobre la base de contrastes favorables podemos hablar de una
teoría más altamente confirmada en relación a la evidencia disponible
conforme el número de contrastes favorables crece.
Una vez aceptada la noción de confirmabilidad, esto significa que
las teorías en competencia pueden ser evaluadas en términos de sus grados
relativos de confirmación. Esto, a su vez, significa que entonces podemos
elegir entre teorías sobre la base de su grado de confirmación relativo”.
Del principio de verificar concluyentemente la verdad o falsedad de
una hipótesis, se ha pasado a intentar aportar más o menos evidencia a
favor de una hipótesis. Es un principio definido con menor precisión, más
ambiguo y menos concluyente en donde el margen para el elemento
subjetivo a la hora de decidir si una hipótesis o teoría es aceptable o
rechazable es considerable. Pero parece ser la única via posible cuando se
trata de llevar a cabo el contraste empírico de una teoría.
En la literatura, se han hecho diferentes propuestas para lograr una
mayor delimitación de términos como “grado de confirmación” o “nivel de
de apoyo empírico”. En este sentido, tiene interés el contenido del
Capítulo 4 del libro de Hempel (1980), titulado : “Criterios de
Confirmación y Aceptabilidad”. Comienza el Capítulo escribiendo: “El
resultado favorable de una contrastación no puede proporcionar una prueba
concluyente de una hipótesis, sino sólo un más o menos fuerte apoyo
empírico, una mayor o menor confirmación”. A continuación, señala que el
apoyo que un cuerpo de datos presta a una hipótesis depende de las
características de esos datos que caracteriza en los siguientes cuatro puntos:
1. Cantidad, Variedad y Precisión del apoyo empírico.
2. Nuevas implicaciones contrastadoras.
3. Apoyo Teórico.
4. Simplicidad.
El proceso de elaboración científica asociado con el enfoque
metodológico deductivo sería del siguiente tipo: el investigador que intenta
explicar una determinada parcela de la realidad, a partir de la experiencia
acumulada por la comunidad científica asimilada por el investigador, a
36
partir de las señales emitidas y filtradas por el a priori del investigador y a
partir de los objetivos perseguidos, formula un conjunto de supuestos a
partir de los cuales infiere deductivamente un ley general-teoría o hipótesis.
Sea L esta ley general. A continuación toma en consideración determinados
enunciados singulares que llamaremos Condiciones Iniciales o Hipótesis
Auxiliares. La primera de estas hipótesis auxiliares es la más importante y
establece que la ley general es aplicable a la parcela de la realidad cuyo
comportamiento se quiere explicar. Considerando conjuntamente la ley
general y las condiciones iniciales, se infieren deductivamente enunciados
singulares en forma de explicaciones o predicciones. A continuación, se
trata de analizar en que medida estas explicaciones y predicciones reciben
un mayor o menor apoyo a partir de la evidencia observada. Aquí es donde
entra la consideración de la confirmación gradualmente creciente y
conceptos similares.
2.4 Complementos.
• Black(1979), proporciona un tratamiento muy satisfactorio del
Problema de la Inducción.
• Porta(1983), presenta, en su libro, una descripción interesante
del Positivismo Lógico: antecedentes, componentes y
características del enfoque.
• Redman (1991), en el Capítulo 2 de su libro, presenta algunos
apuntes interesantes sobre el Positivismo Lógico. “La filosofía
de la ciencia moderna se desarrolló a partir de un movimiento
llamado positivismo lógico, que emergió a comienzos del siglo
veinte. ....El positivismo lógico, un nombre acuñado por A. G.
Blumberg y H. Feigl en 1931, es el nombre dado a las ideas
filosóficas propuestas por un grupo de académicos que se
consideraban así mismos como miembros del Circulo de
Viena....Un hecho no bien conocido es que los miembros de este
círculo no eran realmente filósofos sino científicos.....Debido a
que los miembros del movimiento reaccionaron enérgicamente
contra el clima romántico, irracional e ideológico predominante
en la Alemania del siglo XIX y principios del XX, el
positivismo lógico se asocia fundamentalmente con su empeño
de eliminar los elementos ideológico y metafísico de la ciencia
y la cultura.... El primer y, quizás, el componente más
significativo del programa positivista fue la idea de que el
conocimiento está basado en la experiencia y que las
proposiciones significativas desde el punto de vista científico
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