¿Hay algo de moral en la televisión actual? | COMUNICACIONES DIGITALES | Scoop.it

 

Los programas que forman parte del llamado "periodismo amarillo" utilizan la información para la extorsión y el chantaje.

 

¿Es moral aprovecharse de las experiencias vividas por personas vulnerables para obtener  provecho económico? Las personas que se prestan participar en este tipo de programas, ¿por qué lo hacen cuando supone, muchas veces, un menoscabo de su honor y su integridad?, ¿qué peso tiene aquí el beneficio económico?

 

Si la ciudadanía estuviera educada y cultivada, las personas no participarían ni verían este tipo de programas solamente porque el elementos protagonista sea el morbo y curiosidad.

 

En Inglaterra o Alemania las personas pagan un impuesto extra para tener una televisión pública de calidad. ¿Aquí en España estaríamos dispuestos a hacerlo? Parece claro que no. La formación de las personas, su cultura, determina el consumo de televisión.

 

Mucha culpa tiene el rol del periodista. Este se presta a introducirse en este tipo de mercado y espectáculo. Es una opción profesional, pero que tiene una serie de consecuencias. Él busca el tipo de personas más vulnerables, con más capacidad de ser manipuladas (morbo). Como pretexto exponen la necesidad de este  tipo de testimonios para la concienciación de la sociedad.

Este tipo de contenidos atraviesan ya las fronteras de la televisión y su efecto se multiplica en la Red.

 

No puede ser una justificación ni un argumento decir que estos programas son los demandados por la ciudadanía. Nadie demanda de manera explícita este tipo de contenidos (ni ningún otro), pero el consumo masivo de estos implica una demanda indirecta. De hecho, las elevadas audiencias de este tipo de programas lo reflejan.

 

Las consecuencias sociales de esta tendencia son claras: Normalizan situaciones y comportamientos ficcionales y estereotipados que no lo son en la vida real; y cuyo mayor grado de influencia se produce en el sector infantil (muy peligroso).

 

Estandariza el nivel cultural del receptor en un nivel mínimo, al tratarse de programas de fácil consumo y de poco trabajo intelectual.

También tiene consecuencias en la imagen del periodista, que queda devaluada y provoca que el público confunda el verdadero papel del periodista en la sociedad.

 

Por otro lado, como ejemplifica el caso de Ana Orantes (quemada por su marido tras contar su testimonio en un programa de este tipo), dichos comportamientos pueden tener consecuencias drásticas en la vida privada de las personas que se prestan a participar en esta nueva ‘televisión’.

 

Como reza la FAPE: “solo la defensa del interés público justifica las intromisiones o investigaciones en la vida privada de las personas sin su previo consentimiento”. Teniendo especial cuidado con el dolor, las personas más vulnerables, los menores y la juventud.

 

Sin embargo, la realidad es que, cuando esto se incumple, prácticamente todos los días a través de la pantalla, las consecuencias son mínimas.


Via elplumillero