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Análisis de los medios online y audiencias de medios generales
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Todo por la audiencia

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El periodismo amarillo o prensa rosa, ese conjunto de periodistas sin moral ni ética, que se valen del chantaje y la extorsión, de la humillación y las ansias de fama de la gente para conseguir sus propósitos, una mayor audiencia.

 

¿Es ético traer a gente a un programa para humillarla públicamente solo por una mayor audiencia? No, En los programas de testimonios la entrevistada va más allá y relata cómo este tipo de programas están perfectamente diseñados y planeados para que los protagonistas (personas anónimas) acaben haciendo el ridículo con las consecuencias personales que esto puede conllevar, como lo puede ser el rechazo o la humillación en su círculo social. Pero la gente que acude a estos programas sabe a lo que se expone.

 

¿Estaríamos, pues, los españoles, dispuestos a pagar un impuesto para lograr TV de calidad? En un principio, sí, pero a la gente le encantan este tipo de programas, como la figura de Belén Esteban, representante televisivo de ‘el pueblo de España’ y conocida como Princesa del pueblo cuya única hazaña fue acostarse con un torero.

 

Pero la culpa no es solo del pueblo llano, el periodista, que acepta de forma tácita estas transgresiones con buena cara y fomenta esta actitud.  Como el caso de Ana Orantes, que, tras su cita en televisión, terminó quemada por su marido.

 

La típica excusa que ponen las cadenas de televisión cuando son criticadas por este tipo de programas y contenidos. La gente no pide nada, la gente consume lo que las televisiones diseñan y ofrecen al espectador.

Como consecuencia, situaciones ficticias y teatralizadas se normalizan, comportamientos que no se corresponden a la vida real, principalmente porque estos programas no requieren de una labor intelectual por parte del receptor para consumirlos.

 

La FAPE también se opone a este tipo de abusos: “Solo la defensa del interés público justifica las intromisiones o indagaciones sobre la vida privada de una persona sin su previo consentimiento” y estos programas están muy lejos de este interés.

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¿Somos lo que consumimos (audiovisualmente)?

Decía el filósofo canadiense Marshall McLuhan que “somos lo que vemos”. Su pensamiento iba más allá: formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman a nosotros.

 

Si uno se para a analizar las emisiones más vistas de la televisión en nuestro país, uno se da cuenta de que parecen interesar solo dos cosas: fútbol y realitys. El llamado deporte rey acaparó 18 de los 20 programas más vistos en 2011. Por su parte, los denominados programas de “tele-realidad” (sea lo que sea lo que eso signifique) concentran ya desde hace años a multitud de personas ante el televisor, sea cual sea la variante del programa en cuestión: Gran Hermano, Operación Triunfo, Supervivientes, Quién quiere casarse con mi hijo…

 

Un dicho popular dice que “somos lo que comemos”. Así que uno se pregunta, igualmente, si somos lo que vemos en televisión. McLuhan así lo creía. Afirmaba además, que al igual que nosotros hemos formado (creado) la televisión (una herramienta, al fin y al cabo), ésta nos forma a nosotros. Así pues, ¿éstos son los programas que han de instruirnos como personas?

 

Algunas de estas emisiones líderes de audiencia, u otras que poseen igualmente un seguimiento masivo (como los programas del corazón), son muchas veces, catalogadas de “tele-basura”. Serían el equivalente, gastronómicamente hablando, de la comida “rápida”. Sacian nuestro “apetito televisivo” y no requieren esfuerzo alguno para su consumo, pero no nos aportan nada “nutritivo”.

 

La televisión, al fin y al cabo, es una herramienta destinada al entretenimiento. Son pocos los programas reservados íntegramente a la tarea de educar, y, la mayoría de ellos, se emite en canales minoritarios. Evidentemente, cada uno es libre de gastar su tiempo en lo que le plazca, faltaría más. Pero, si uno solo busca entretenimiento, ¿por qué no apostar por un libro, una película, un cómic o un videojuego? O, al menos, por una emisión televisiva que, además de entretener, resulte didáctica. Que haberlas, como las meigas, las hay.

 

- Guillermo Gil

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