Decía el filósofo canadiense Marshall McLuhan que “somos lo que vemos”. Su pensamiento iba más allá: formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman a nosotros.

 

Si uno se para a analizar las emisiones más vistas de la televisión en nuestro país, uno se da cuenta de que parecen interesar solo dos cosas: fútbol y realitys. El llamado deporte rey acaparó 18 de los 20 programas más vistos en 2011. Por su parte, los denominados programas de “tele-realidad” (sea lo que sea lo que eso signifique) concentran ya desde hace años a multitud de personas ante el televisor, sea cual sea la variante del programa en cuestión: Gran Hermano, Operación Triunfo, Supervivientes, Quién quiere casarse con mi hijo…

 

Un dicho popular dice que “somos lo que comemos”. Así que uno se pregunta, igualmente, si somos lo que vemos en televisión. McLuhan así lo creía. Afirmaba además, que al igual que nosotros hemos formado (creado) la televisión (una herramienta, al fin y al cabo), ésta nos forma a nosotros. Así pues, ¿éstos son los programas que han de instruirnos como personas?

 

Algunas de estas emisiones líderes de audiencia, u otras que poseen igualmente un seguimiento masivo (como los programas del corazón), son muchas veces, catalogadas de “tele-basura”. Serían el equivalente, gastronómicamente hablando, de la comida “rápida”. Sacian nuestro “apetito televisivo” y no requieren esfuerzo alguno para su consumo, pero no nos aportan nada “nutritivo”.

 

La televisión, al fin y al cabo, es una herramienta destinada al entretenimiento. Son pocos los programas reservados íntegramente a la tarea de educar, y, la mayoría de ellos, se emite en canales minoritarios. Evidentemente, cada uno es libre de gastar su tiempo en lo que le plazca, faltaría más. Pero, si uno solo busca entretenimiento, ¿por qué no apostar por un libro, una película, un cómic o un videojuego? O, al menos, por una emisión televisiva que, además de entretener, resulte didáctica. Que haberlas, como las meigas, las hay.

 

- Guillermo Gil