Videopoema con un fragmento del último poemario de Julio Mas Alcaraz, "El niño que bebió agua de brújula", Calambur, 2011.

 


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Julio Mas Alcaraz (Madrid, 1970) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y MBA. Su primer poemario fue Cría del ser humano (2005). Como traductor ha publicado La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola. Antología de poesía norteamericana contemporánea (2007), Vive o muere (2008), de Anne Sexton, y El juramento de la pista de frontón, de John Ashbery (2010). Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y aparecen en diversos libros colectivos y antologías. Su último poemario es El niño que bebió agua de brújula (Calambur, 2011)

(http://www.revistamercurio.es/index.php/revistas/742-43poesia)



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Escritura Universo

Hay libros de poemas que desde su mismo título abren dentro del lector una multiplicidad de significados y un ámbito de misterio. Es lo que sucede con el segundo poemario de Julio Mas titulado El niño que bebió agua de brújula, publicado por Calambur, donde —entendemos— aparece la infancia, el agua en su sentido lustral o bautismal y la brújula con su dirección tantas veces marcada por el destino en el caso del ser humano, y que, unida al agua, puede ser —y cito a Antonio Gamoneda, a quien se debe el frontispicio del libro— “sed de desvarío”.

Hay libros cuya escritura es un universo por la amplitud de contenidos y por la interacción de géneros (narrativo, escénico, cinematográfico), sin que en ningún momento se desvirtúen el lenguaje y la tensión poéticos. Estamos ante uno de ellos, fruto de la fuerza simbólica e imaginativa de un poeta ya con mayúsculas, conocido hasta ahora por su labor de traducción de la poesía norteamericana contemporánea. Estructurado en ocho tiempos y un epílogo, El niño que bebió agua de brújula nos apresa desde el primer momento con la idea de que se nos va a contar algo, y que seremos habitados (siempre la poesía nos habita) por un presente, un pasado y un futuro con “sorpresa” que no es sino la vuelta al principio, enmascarado tras el índice en los dos textos finales, cerrándose de este modo el círculo. Hay a veces también en este poemario un sujeto lírico y un narrador que respiran en versos que ocupan los lados izquierdo y derecho de la página, y no faltan personajes ni un concurrente monólogo interior. La historia que el propio autor nos comentó que quería narrar es la de alguien que, tras perder a su amada, enloquece y debe ser internado en un psiquiátrico (lo que queda reflejado al principio del libro), del que sale dispuesto a encontrar un nuevo amor a través de un viaje con resultado positivo, salvo esa “sorpresa” aludida, pues como escribe Julio Mas refiriéndose a la presencia de la amada: “Ella no está, de nuevo. Porque ya era tarde la realidad cuando llegó el ser. Era verdad lo eterno. El tiempo podía quedarse fuera. Definitivo en su inexistencia”.

Historia en la que no necesita el lector pensar para sumergirse en el mundo íntimo y colectivo, racional e irracional, onírico y visual de esta obra, creada mediante una escritura abierta a todos los sentidos, llena de radiaciones, con una gran fuerza visionaria y una imaginación engendradora, en la que la realidad y la ficción se entreveran y la Naturaleza dota a todo de una energía primaria y de una verdad y una desnudez cósmicas, como cuando se trata de los que mueren en su travesía en pateras: “Pasan cadáveres flotando. Las olas los saltan y mueven sus / largos cabellos de emigrantes…”. Cósmica es también en este libro la soledad; y el amor, tendente a la fusión de los amantes y a injertarse en lo eterno y universal. Y hay asimismo una visión panteísta de ser en todo, una fe en el poder liberador de los sueños y una conciencia de la realidad escindida en que vivimos, de la existencia ilusoria conocida como “dualidad”. Muy importante es, igualmente, la presencia de la ciudad como un organismo más y la tensión emocional que presta la infancia, la imposibilidad de volver a ella. Julio Mas ha conseguido con El niño que bebió agua de brújula alumbrar una escritura universo en la que caben inagotables lecturas.

(Revista Mercurio, número 138, febrero de 2012, por Javier Lostalé
http://www.revistamercurio.es/index.php/revistas/724-43poesia)


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Poemas extraídos de "El niño que bebió agua de brújula":



Tiempo 5

xxi


Es posible que algunos de mis antepasados
fueran hacia el este
con el fin de adueñarse de la luz
y desearan dibujar todo
semanas antes de partir,
locos que mientras el resto cazaba
ataron las cuerdas que unían el cielo a la tierra
y pintaron caballos, venados y serpientes
para seducir en secreto a las hechiceras.
De ellos descendemos los poetas.


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Tiempo 8
 

xxii


En la mente detenida no existe un lugar del que no forme parte
y sea: las cumbres, las piedras, la arena. También soy las orillas.
Soy todas esas cosas y todas ellas son yo. La observación, lo
observado y quien lo observa. Lo percibido y el percibir. Sentir
el olor del mar y ser el propio olor; escuchar el sonido de las
hojas y ser el sonido. No hay tiempo detrás o delante en el que
no me halle de alguna forma. En cada espacio he podido nacer
y morir. Soy un pequeñísimo trozo del universo sin el que no
podría existir el todo. Una pequeña condensación de energía.
Sentir esa energía. Conocerla sin necesidad de pensar, y
habitarla. Ser en ella. Ser quienes no soy, y los que fueron y
serán; lo que me rodea y a la vez su nada. Contemplar sin objeto.
No hay distancia entre el yo y lo otro. Todas las vidas transcurren
en mí.
En un lugar relación.
El espejo ya no invierte mi imagen.




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EPÍLOGO.


 

vii


Lo más alejado posible
de los


confesores de niños,
varilladores de jaulas,
lubricadores de rifles,
taxidermistas de labios,
pinchadores de balones,
lastradores de levitadores,
plastificadores de paisajes,
cortadores de hilos de cometa,
desatornilladores de columpios,
arquitectos de escaleras de servicio,
vendedores de la carne de delfín y beluga,
francotiradores de paracaidistas,
rompedores de tizas de color,
desequilibristas de balanzas,
escritores en papel moneda,
uniformadores generales,
borradores de rayuelas,
desilusionistas de ojos,
ingenieros de moldes,
electricistas de sillas,
fabricantes de cierres.



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xiii

 Sabrás que es un ángel quien vuela
         porque no empequeñece
              cuando se aleja.



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Más sobre Julio Mas Alcaraz:



en su blog:

http://juliomasalcaraz.blogspot.com.es/search/label/Revista%20Quimera


http://calambureditorial.blogspot.com.es/2012/11/resena-el-nino-que-bebio-agua-de_23.html


http://lauragiordani.blogspot.com.es/2012/06/el-nino-que-bebio-agua-de-brujula-de.html


http://www.culturamas.es/blog/2012/04/23/el-nino-que-bebio-agua-de-brujula/



                                                                                  


Via MARABILIA